Cultura

TRIBUNA ABIERTA

“120 pulsaciones por minuto” y el movimiento Act Up

Con el lema "Acción = Vida, Silencio = Muerte" Act Up inició campañas de información y reclamación de programas de tratamiento adecuados, programas de prevención, servicios de salud integral gratuitos, etc., que luego fueron seguidas en España por grupos como la Radical Gai y LSD.

Viernes 27 de julio de 2018 | 16:44

"- La responsabilidad no se divide. Cuando contagias a alguien eres responsable al cien por cien, y cuando te contagias también. Pero ¿qué iba yo a saber por entonces? No se hablaba mucho del tema.

  •  Ahí está la responsabilidad del Estado, ¿Es así, no?
  •  Si, es así. Pero ahora follemos ¿Soy el primer seropositivo con el que follas?
  •  El primero que me lo dice."

    La escena se desarrolla con naturalidad, excepto porque la muerte flota sobre su desarrollo. Una naturalidad rota por una alarma que alerta de la hora de la medicación, y el detalle de unas sospechosas manchas sobre la piel. El deseo, el afecto, el placer, el orgasmo, se mezclan con la rabia. Una furia imposible de contener ante la ausencia de tiempo. Un precioso tiempo vital, ocupado ahora en comprender el sentido del dolor y la exclusión social, en luchar contra un sistema de valores que se afirma en regular la sexualidad e identificar a los individuos desde el fundamentalismo heteropatriarcal, en señalar a los responsables del sufrimiento hasta la muerte de miles de seres humanos, cuyo único "crimen" es el de querer gozar y ser dueños de sus cuerpos.

    Ante la pasividad de un Estado cómplice de ese fundamentalismo, que sólo reaccionó ante la pandemia cuando ésta rebasó los límites de los grupos considerados "de riesgo" (homosexuales, drogadictos, prostitutas, ... es decir, aquellos ya marginados por añadidura, y por los que no habría que mover un dedo para salvarles), y la actitud mercantilista de una industria farmacéutica, cuya sed de beneficios hacía considerar a los pacientes como clientes o conejillos de indias, más que personas a las que se debía prestar un obligado servicio médico, la primera y urgente respuesta fue la organización de los afectados en grupos de autodefensa, que fueron adquiriendo rápidamente carácter de reivindicación sociopolítica, y, tal como ya había sucedido en Estados Unidos, en Francia se formó Act Up, grupo que hasta hoy día lidera la lucha política contra el sida en la comunidad LGTBI. Una lucha que en los noventa se libraba de forma virulenta contra una opinión pública claramente posicionada en la creencia que el sida era un "cáncer gay". Todo cuerpo con sida era homosexual, y las "miserias" de su mundo se expusieron a la crítica general: apetito sexual insaciable, promiscuidad, incapacidad de compromiso, abuso de drogas, ... Todos los prejuicios se conjugaban en el mismo verbo: "se lo merecían". La homofobia estaba servida, por si había poca.

    En la película de Robert Campillo, "120 pulsaciones por minuto", se deja ver todo esto. No era fácil mostrar el agitado ambiente de los debates internos de Act Up, exponiendo sus formas de decidir y actuar, sus contradicciones y sus logros, junto a la vida interior de sus protagonistas, en la que la espada de Damocles de su estado físico condicionaba su carácter, su vida íntima, sus relaciones, y sobre todo su sentimiento de culpabilidad. Gran parte del maltrato y marginación social que ha sufrido las víctimas ha sido responsabilidad directa de unos medios de comunicación que siempre consideraban el tema del sida como una cuestión moral. Aquí en España no hay más que ver cómo aún en la actualidad la Iglesia católica clama contra los preservativos y las "prácticas contra natura". Pero si hay un elemento positivo en todo este lamentable proceso es el de la creación de ese nuevo tipo de activismo que agrupaba en su alrededor a todos aquellos que, en su conciencia de alienación, con sus cuerpos enfermos, decidieron convertirse en disidentes del sistema, ejerciendo acciones de denuncia y reivindicando una visibilidad que hasta entonces no tenían.

    Con el lema "Acción = Vida, Silencio = Muerte" Act Up inició campañas de información y reclamación de programas de tratamiento adecuados, programas de prevención, servicios de salud integral gratuitos, etc., que luego fueron seguidas en España por grupos como la Radical Gai y LSD, dando a la pandemia una dimensión política con acciones impactantes como la que se realizó el 1 de diciembre de 1996 frente al Ministerio de Sanidad, donde, bajo el lema "El ministerio tiene las manos manchadas de sangre", los manifestantes dejaron las huellas de sus manos embadurnadas de pintura roja a lo largo del suelo de su fachada. Ejemplos como éste se suceden igualmente a lo largo de la película, y su mensaje se expresa muy bien en el comunicado que se lee tras una manifestación repleta de ataúdes por las calles de París y que concluye con sus integrantes tumbados en el suelo simulando los fallecidos por la epidemia: "Vivimos el sida como una guerra. Una guerra invisible a los ojos de los demás. Nuestros amigos están muriendo. Nosotros no queremos morir. En todas las guerras hay cómplices. El sida tiene los suyos. Para ellos el sida es una ganga, pues lleva diez años matando a gays, prostitutas, drogadictos y presos ante una indiferencia generalizada. Están aprovechando el sida para reavivar el odio y la discriminación, y contra ellos luchamos desde 1989, estando presentes, atacando desde todos los frentes. Juntos podemos unir nuestras fuerzas para resistir a la epidemia, a los problemas sociales y a los dramas personales que provoca. Juntos podemos crear una comunidad capaz de organizarse y adaptarse a la enfermedad con una actitud positiva y combativa. En Act Up París decidimos afrontar el sida como un desafío".

    Y el desafío de esos cuerpos heridos por la enfermedad ha superado los esquemas tradicionales de definición de género, para crear, en palabras de Beatriz Preciado, una "multitud sexual, que aparece como el sujeto posible de la política queer". Porque el cuerpo se convirtió, como decía Barbara Kruger, en un "campo de batalla", que luchaba para liberarse del control y la disciplina de las normas morales impuestas a través del género binario y las políticas médicas tradicionales. En el nuevo activismo, cuerpo, sexualidad y género son espacios de resistencia frente a la deshumanización y cosificación generadas por la opresión y marginación del colectivo LGTBI, y ello es gracias al cuestionamiento del sistema ante el sufrimiento del sida, que fue capaz de crear nuevas solidaridades a medida que la gente se vio implicada en la lucha cuerpo a cuerpo contra él.

    Visto desde hoy día, las acciones de Act-Up parecen revolucionarias. El sida ha dejado de ocupar espacios destacados en los medios y, aparentemente, ha dejado de preocuparnos. Por eso, una de los grandes valores de la película "120 Pulsaciones por Minuto" es poner de manifiesto la importancia de las acciones colectivas para producir efectos de cambio a nivel global. El tremendo efecto dramático del Sena teñido de rojo, unido a la muerte, tras un rápido deterioro físico, de uno de los protagonistas, nos da una clave simbólica de la implicación a la que quiere someternos: al observar las estadísticas de contagio de la enfermedad, comprobamos que cada vez son más las mujeres infectadas. ¿Qué quiere decir esto? pues, en primer lugar, que no se ha hecho suficiente pedagogía entre los hombres heterosexuales sobre el uso del preservativo, y en segundo lugar, que la capacidad de decisión de las mujeres sigue siendo limitada a la hora de imponerlo, por lo que carecen de protección. En definitiva, el rol dominante del hombre en este sentido me hace pensar en lo poco que se ha avanzado en educación sexual y, sobre todo, en el proceso de cambio mental inserto en la moral heteropatriarcal. Los prejuicios y las fobias siguen campando por sus respetos, y me temo que, pese a los avances legislativos, tanto el sida, como la homofobia y el machismo, seguirán formando parte de nuestro paisaje. Las declaraciones oficiales no bastan por si solas. ¿La rabia y la furia han dejado paso a la resignación? Decía Hannah Arendt: "Cada paria que renunció a ser un rebelde era parcialmente responsable de su situación". Act Up nos enseñó que sólo podíamos evitar el genocidio si reivindicábamos nuestros derechos políticos, que van mucho más allá del maquillaje matrimonial.






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