Bolivia

TRIBUNA ABIERTA: PERÚ

Acabemos con la violencia estructural ¡Ni Una Menos!

Perú se moviliza en repudio a la violencia contra las mujeres. Hacemos un llamado a las trabajadoras, trabajadores, estudiantes y al pueblo peruano a movilizarse este 13 de agosto en la marcha nacional Ni Una Menos.

Cecilia Quiroz

Militante de la Corriente Socialista de las y los Trabajadores "CST"

Jueves 4 de agosto de 2016 | 23:05

Otra vez Juan Luis Cipriani (máxima autoridad de la iglesia católica en el Perú) arremetió contra las mujeres diciendo que somos las responsables de las violaciones debido a nuestras “actitudes provocadoras”. No es la primera vez que el cardenal peruano se pronuncia en contra de los derechos humanos de sectores vulnerables, no olvidemos que años atrás dijo que para él los derechos humanos de las víctimas eran una “cojudez”.

Las aseveraciones de Cipriani ponen en evidencia el régimen patriarcal que hoy subyace en nuestra sociedad y que se expresa en la violencia física y psicológica que padecen miles de mujeres todos los días. Esta violencia muchas veces es provocada por sus mismas parejas, como lo demuestran los casos emblemáticos de Arlette Contreras y Nidia Aguirre.

Según reportes del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, en lo que va del año 2016, 54 mujeres fueron víctimas de feminicidio, este mismo año hubo también 118 casos de tentativa de feminicidio. Mientras que en el 2015, hubo 95 feminicidios y 198 casos de tentativa. Estas son cifras de los casos reportados. Sin embargo, cabe recalcar que al haberse naturalizado la violencia contra la mujer en el Perú, muchos de los casos en los que se atenta contra su salud física y psicológica, simplemente; o no se reportan o las instancias encargadas de recepcionar las denuncias – como la policía nacional – no le dan la importancia que requieren, conllevando con ello a desenlaces fatales como fue lo ocurrido a una joven cajamarquina quien antes de ser asesinada había recurrido cuatro veces al puesto policial a sentar la denuncia contra su agresor sin poder hacerlo porque los efectivos policiales se negaban a recepcionarla.

A estas alarmantes cifras y testimonios se suma la complicidad del poder judicial, tan permeable con los agresores, que casi siempre los termina liberando o dándoles penas benevolentes que no se condicen con la magnitud del daño, como ocurrió con Adriano Pozo Arias, agresor de Arlette Contreras, a quien el poder judicial de Ayacucho condeno a un año de prisión suspendida por “agresiones leves” cuando en realidad todo el Perú fue testigo de la brutal golpiza que le propino a su pareja. Hoy, el agresor ya está libre.

A nivel preventivo muy poco o nada se ha avanzado, ya que la educación básica y superior mantienen una orientación altamente sexista. Se educa a las mujeres para que sean dóciles madres de familia. Desde la escuela y la universidad se exalta la fuerza del varón y su “viveza” como cualidades que lo hacen superior a la mujer y le otorgan liderazgo. La curricula escolar y universitaria (salvo honrosas excepciones) no contempla cursos relacionados a la teoría de género y en los cursos de historia no se considera el rol de la mujer en los procesos de cambio, sin embargo, religión sigue siendo un curso obligatorio en los colegios.

Por otro lado, los grandes medios de comunicación, controlados por la lógica del mercado y los intereses del gran capital, a través de los comerciales y programas de entretenimiento como las telenovelas o los programas concursos, contribuyen sistemáticamente a degradar la imagen de la mujer, convirtiéndola en un objeto sexual.

Pero la violencia contra la mujer no solo se expresa en los casos ya mencionados, sino también la podemos encontrar en las miles de mujeres sub empleadas que venden su fuerza de trabajo a sumas irrisorias que ni siquiera llegan al sueldo mínimo (700 nuevos soles o 200 dólares mensuales), o en las trabajadoras del hogar carentes de todo tipo de derecho laboral, o en las trabajadoras que sufren diariamente acoso sexual de sus jefes y de sus compañeros varones. Las cientos de miles de amas de casa que todos los días trabajan alimentando y cuidando a sus esposos y a sus hijos sin recibir a cambio ningún tipo de remuneración de la empresa que contrata al esposo, también son víctimas de violencia, de esa violencia silenciosa que es consecuencia de un sistema económico y político basado en la explotación del trabajo humano.

Como vemos entonces, el patriarcado y el capitalismo se retroalimentan y terminan constituyendo un matrimonio bien avenido que genera la violencia contra la mujer, la cual tiene su correlato en las instituciones jurídicas y represivas como el poder judicial y la policía nacional, así como en las instituciones ideológicas encargadas de reproducir la cultura dominante como la misma iglesia, el sistema educativo y los medios de comunicación. Por ello, para luchar coherentemente contra la violencia hacia la mujer debemos enfocarnos en atacar sus causas, y ello implica luchar también contra las instituciones que nos oprimen y contra el régimen económico que nos explota. Por esta razón es que hacemos un llamado a las trabajadoras y al pueblo peruano a movilizarnos este 13 de agosto en la marcha nacional Ni Una Menos.






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