Internacional

ESCANDALO EN ALEMANIA

Angela Merkel: Je suis Erdogan

Merkel avala enjuiciar al humorista alemán Jan Böhmermann por un poema satírico sobre el presidente turco, que lo considera injurioso. La libertad de expresión, moneda devaluada.

Josefina L. Martínez

@josefinamar14

Sábado 16 de abril de 2016

El pasado 17 de marzo, un programa de televisión regional en Alemania difundió una sátira sobre Erdogan. El video se burla en tono humorístico, diciendo verdades como que “si un periodista escribe algo que no le gusta, termina preso, cierra periódicos, reprime a las mujeres y a los kurdos”, con una canción (“Erdowie, Erdowo, Erdogan”) y vistiendo a Erdogan con una peluca de payaso.

El gobierno turco reaccionó de forma completamente autoritaria, llamando al embajador alemán en Ankara y presionando por “castigar” semejante ofensa. Desde Berlín no dieron curso al pedido amparándose en la “libertad de expresión y de creación como valores consagrados con rango constitucional.”

Dos semanas después, en un programa emitido el 31 de marzo, el humorista Jan Böhmermann montaba otra sátira para “explicarle” al presidente turco lo que significa la libertad de expresión. Como ejemplo, leyó un poema en el que decía que Erdogan era un "follacabras" y abusaba de niños, todo como parte de una representación humorística que ponía en debate la libertad de expresión.

Pero, si hay algo que Erdogan no tiene es sentido del humor. El presidente turco volvió a la carga, exigiendo que se procese al humorista en base al artículo 103 del Código Penal alemán que tipifica como delito la injuria a jefes de Estado extranjeros y establece penas de hasta cinco años de cárcel. Un artículo del siglo XIX completamente represivo. Para que se abra un proceso judicial de este tipo es necesario que el gobierno alemán lo avale, y eso es lo que hizo Angela Merkel.

Su decisión abrió una crisis al interior de la coalición de gobierno y generó un verdadero escándalo político en Alemania. La canciller demuestra claramente que para su gobierno la “libertad de expresión” es negociable, que se puede tirar a la basura según la conveniencia del momento. Y en este preciso momento, Merkel necesita a Erdogan para frenar la llegada de refugiados, una crisis que ya ha generado fracturas al interior de su propio gobierno. Así de simple.

“Je suis Charlie” inicialmente fue una consigna espontánea para repudiar los atentados de Paris, y se asoció a la defensa de la libertad de expresión. Pero rápidamente se trasformó en el grito del gobierno de Francia en la “guerra contra el terrorismo”. “Je suis Charlie” pasó a significar “todo lo nuestro”, “nuestros valores europeos”. En su nombre se cercenaron derechos democráticos y se avanzó en una ofensiva guerrerista, implementando el “estado de emergencia” en Francia y la represión al movimiento juvenil. Al mismo tiempo, Europa respondía con xenófobia, racismo y represión a la oleada de refugiados.

“Je suis Erdogan”, debería decir la señora Merkel, dispuesta a enjuiciar a un humorista si sus críticas ofenden al aliado turco que protege la frontera. No importa que ese aliado reprima a los kurdos, cierre periódicos y encarcele periodistas.






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