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ELECCIONES GENERALES

Catalunya en el centro de la batalla hacia el 20D

La crisis política abierta por la resolución presentada por Junts pel Sí y la CUP en el Parlament catalán para dar inicio al proceso de independencia ha puesto a Catalunya en el centro de los debates hacia las elecciones generales del 20 de diciembre.

Miércoles 4 de noviembre de 2015

La resolución de “desconexión” de Catalunya con el Estado español presentada la semana pasada por el bloque de JxSí y la CUP en el Parlament catalán ha generado una crisis política de proporciones a tan sólo 50 días de las elecciones generales. Los debates no han llegado aún al nivel de la histeria, pero se acercan a ello.

Catalunya es el eje por definición de los posicionamientos de todos los actores del régimen. La prensa capitalista es un hervidero de propaganda política. Todos los diarios que se jactan de ser “informadores objetivos” han perdido desembozadamente la careta y han salido a exigir “iniciativa” del ejecutivo y la oposición ante el “desafío catalán”. El País ha llegado a publicar ocho editoriales seguidas en la última semana.

La semana pasada, el PP fue el artífice del lanzamiento de una brutal campaña españolista capitaneada por el presidente del gobierno. Empezando por el PSOE, pero siguiendo por los líderes de Ciudadanos, Podemos, y hasta de UPyD e Izquierda Unida, Rajoy optó por la táctica de impulsar un gran “frente nacional” con todas las fuerzas políticas para defender “la unidad de España”. El PSOE y Ciudadanos ya son miembros de derecho de la nueva alianza, pero la cruzada anti-independentista encontró también en Podemos un aliado de hecho. Este miércoles les tocará el turno a la patronal y los sindicatos de visitar la Moncloa, como continuación de la ronda de contactos del gobierno. El frente nacional va perfeccionando así sus contornos.

Este martes la Mesa del Parlament catalán dio luz verde a que la resolución independentista pueda votarse el 9N. El órgano de gobierno de la Cámara desestimó las consideraciones de los grupos de la oposición (Ciutadans, PSC, PPC y Catalunya Sí que es Pot) durante la Junta de Portavoces, que impugnaron la reunión por haberse realizado cuando aún no se había constituido el grupo parlamentario de los populares.

La respuesta del "frente nacional" se expresó en su primera acción conjunta. El PP, PSC y Ciutadans presentan este miércoles un recurso de amparo en el Constitucional, aunque todo indica que, por ahora, la resolución independentista podría debatirse el 9 de noviembre.

En este marco de crisis política, los principales partidos del régimen, los viejos y los nuevos, disputan abiertamente por quien es el mejor defensor del “proyecto español”.

La estrategia del PP

En Génova han recuperado la iniciativa, eso es un hecho. Y la situación en Catalunya ha sido la arena para que Mariano Rajoy resucitara con un inesperado papel “proactivo”, como gusta decir los tecnócratas, en la política española.

Carente de perfil político claro y con el 20D a la vuelta de la esquina, a los populares la crisis política en Catalunya les vino como anillo al dedo para vender a Rajoy como el mejor defensor de España. “Nuestro Gobierno es quien mejor garantiza la unidad de España y quien mejor se enfrenta a desafíos secesionistas”, dicen en el PP.

Es evidente que las estocadas de José María Aznar contra Rajoy hace unas semanas surtieron efecto.

Así, la crisis catalana se ha trasformado en el eje fundamental, por no decir el único, que el PP ha encontrado para reforzar el papel presidencial de Rajoy, mostrándose un gobierno fuerte para frenar a los independentistas, pero además, un presidente dispuesto al diálogo y a las alianzas con otras fuerzas para la batalla.

"No tenemos solo a un candidato, tenemos a un presidente", decía el responsable de comunicación de Génova, Pablo Casado, hace pocos días. Una afirmación que, sin embargo, por el sólo hecho de hacerla indica que hay muchos que dudan que lo tengan.

Es que la estrategia del PP tiene un límite infranqueable: carga con su propia herencia de haber sido uno de los gobiernos más ajustadores de la historia reciente, y uno de los más corruptos, lo que le han valido el desprecio de buena parte de sus votantes históricos. Un terreno que Rivera ha sabido aprovechar muy bien.

Ciudadanos, la esperanza de una nueva derecha españolista cool

A pesar de los esfuerzos del PP, quien más parece estar aprovechado la situación es Ciudadanos. Ya desde la convocatoria de Rajoy a sumarse a la alianza por la defensa de España, Rivera buscó hegemonizar el frente españolista. Y desde entonces no ha hecho más que profundizar esa ubicación, consciente de que dos encuestas de esta misma semana, la de Antena 3 y la de Metroscopía, ubican a Ciudadanos como la segunda fuerza política, con un 21,5% de los votos, superando al PSOE y por debajo del PP.

Rivera fue quien anuncio a la prensa la presentación del recurso en el Constitucional y celebró exageradamente que su formación haya logrado que el PSC y el PP “se dejen de peleas, de puntos y comas y se pongan a defender lo que es común”.

Es que en el escenario catalán, Ciudadanos puede explotar su imagen de “renovación política”. “Es una cortina de humo. Se han vuelto independentistas en proporción de lo que han robado en nombre de Cataluña. Hablamos de la moción y nos olvidamos del saqueo”, dijo en un desayuno informativo con Europa Press, para luego afirmar que “muchos catalanes, de buena fe, piensan que la solución para la corrupción, los recortes o el paro es romper con España", pero lo que hace falta es “reformar este país, subir un grado en la calidad democrática, económica y social” con lo cual “bajará el anhelo independentista”.

Un discurso “anticasta” que en buena medida ha copiado, en clave liberal, a Podemos. Sin ir más lejos, casi las mismas palabras dijo por la noche del martes Pablo Iglesias en El Hormiguero: “De una España mucho mejor seguro que los catalanes no quieren irse”. Un discurso que no sólo va dirigido contra Artur Mas y CDC, sino también y fundamentalmente contra el PP.

Rivera se confesó “agotado” de que le acusen de ser “de derechas” o las “nuevas generaciones del PP”, la nueva y tardía campaña que lanzó el PSOE contra Ciudadanos asustado por las encuestas. Su autodefensa tiene mucho de impostura, pero el ataque el PSOE le pifia en el ángulo del ataque: Ciudadanos es de derecha, pero es una nueva derecha.

Una derecha que, aunque mantiene en sus filas parte de los sectores más recalcitrantes que le robó al PP –muchos de ellos cachorros de Nuevas Generaciones-, es una mezcla entre liberalismo y conservadurismo, como dice José Natanson en un artículo de la edición latinoamericana de “El Dipló” -a propósito de las nuevas derecha en América Latina-. Una derecha moderna, cool, que busca presentarse como una fuerza "democrática", que no defiende los ajustes y recortes salvajes que hizo el PP, y que promete cambios para terminar con el paro y la corrupción. Por ello en su discurso, Ciudadanos aparece más cercano a Podemos que al PP de Esperanza Aguirre, o visto en su propio flanco, a la nueva derecha anti-política que expresó Berlusconi en su ciclo de gloria. Y por eso mismo, le impuso un techo al crecimiento de Podemos y hoy le está robando aceleradamente votos al PSOE.

El PSOE en su laberinto

El PSOE de Pedro Sánchez es el que peor lo está pasando en este escenario. Aunque en los últimos meses se recompuso de sus niveles críticos, las últimas encuestas lo han empujado a la tercera posición, por detrás de Ciudadanos.

En la batalla electoral, Sánchez ha quedado entre dos fuegos. Por derecha, la fuga de votos socialistas hacia las filas de Rivera son vibrantes: un 5% en agosto; otro 7% en septiembre y un 11% de octubre. Y por izquierda, hasta Podemos que venía retrocediendo en regla en sus intenciones de voto se ha recuperado tres puntos horadando la base social socialista.

Según algunas fuentes fue Sánchez quien aconsejo a Rajoy que impulsara un gran frente nacional contra el “desafío catalanista”, pero si así fue, parece que se ha quedado fuera de los beneficios de tal política.

Sin un programa alternativo al del PP para la cuestión catalana, subordinados en Catalunya al liderazgo de Ciudadanos, perdiendo votos por ambos flancos del arco político, todavía cargando con la mochila de los anteriores gobiernos del PSOE (no menos corruptos y ajustadores que los del PP) y con un candidato que ni los artistas quieren ver, el PSOE ya parece haber perdido el centro y se enfrenta a unas elecciones de lo más sombrías.

Podemos en el juego de tronos

Ante la cuestión catalana, Podemos decidió no aceptar formalmente la invitación de Rajoy a formar un bloque anti independentista. Pero en los hechos se ha ubicado como parte de él.

Podemos ha querido desmarcarse todo el tiempo del bloque soberanista atacando, muchas veces correctamente, a su dirección burguesa, en manos Artur Mas y CDC, y defendiendo formalmente el "derecho a decidir". Pero cuando el gobierno central, las instituciones y los principales partidos del régimen amenazan con una intervención sobre las instituciones catalanas, lo que hace Iglesias es reunirse con el líder de esta ofensiva y defender un nebuloso “referéndum vinculante” supeditado a las Cortes, es decir, a la institucionalidad del Estado que justamente niega a los catalanes su derecho a decidir.

La posición de Iglesias y Podemos en Catalunya es consecuente con su posición política en el conjunto del Estado, que puede resumirse en adoptar de modo cada vez más franco un programa de reformas capitalistas neokeynesianas y una estrategia regeneracionista burguesa, buscando ocupar la mayor parte del espacio del PSOE. Las últimas declaraciones de Sergio Pascual renegando de sus antiguas posiciones sobre las bases de la OTAN en suelo español, la educación concertada y otros temas, dan buena cuenta de ello. Pero no importa cuánto esté dispuesto a moderar su program y su discurso Iglesias, los numeros no cierran.

Catalunya y la crisis del Régimen del ’78

La crisis del bipartidismo español está dando lugar a una reconfiguración del sistema de partidos, pero no del régimen político. Si se confirman las encuestas, el régimen español saldrá del 20D fortalecido por una cuadriga de partidos defensores de la institucionalidad pactada en 1978. Una base que, dependiendo de la variante que forme gobierno, plantea la posibilidad de una “regeneración” gatopardista que intente reeditar de forma senil una segunda Transición, aunque en clave aún más conservadora.

La cuestión catalana debe verse a la luz de este prisma. Cualquier fuerza estatal que esté realmente comprometida con la defensa del derecho de autodeterminación de los catalanes debe en primer lugar rechazar la brutal ofensiva españolista en curso y llamar a la movilización social en todo el Estado en favor de los derechos democráticos del pueblo catalán.

Pero al mismo tiempo, debe plantear los límites y peligros del proceso mismo. Es decir, alertar claramente que en Catalunya, el principal obstáculo para que los catalanes puedan llegar a decidir libre y soberanamente su relación con el resto del Estado, incluida la opción de la secesión, sigue estando en la misma dirección del proceso, Artur Mas y CDC, un partido unido por uno y mil lazos con las grandes familias de la burguesía catalana y podrido por la corrupción. Un marco en el que, de mantenerse a la zaga de CDC, la CUP se estará condenando a la impotencia política.

La realidad es que tanto en el Estado español como en Catalunya no hay “atajos” parlamentarios ni “aliados” entre los partidos del régimen para conquistar el derecho de autodeterminación ni ninguna de las demandas democráticas y sociales pendientes. Desarrollar una estrategia de lucha de clases es la única alternativa realista para conquistarlas y resolver al mismo tiempo los grandes problemas sociales que son el trasfondo de la crisis del Régimen del 78.






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