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Catalunya; la gran concesión del neorreformismo al Régimen del 78

La integración del neorreformismo al Régimen del 78 se ha escrito de forma muy acelerada. De la casta al (intento de) gobierno de coalición en apenas 4 años. En este recorrido Catalunya marca la gran concesión de la izquierda españolista al régimen.

Ivan Vela

Barcelona | @Ivan_Borvba

Miércoles 2 de octubre | 17:49

Foto: EFE

El neorreformismo sigue sin sentarse en la mesa del PSOE y no será porque Pablo Iglesias y los suyos no lo hayan intentado. La hoja de servicios es envidiable; el desvío del 15M de las calles al Congreso -con la inestimable ayuda de la burocracia sindical que evitó la intervención del movimiento obrero-. Una desactivación en toda regla del periodo de movilizaciones iniciado en 2011.

Por supuesto durante la abdicación de Juan Carlos I, en pleno auge de la formación morada tras irrumpir con gran fuerza en las elecciones europeas, el silencio más absoluto alrededor de la cuestión monárquica y el tema del referéndum sobre la monarquía tachado de la agenda política.

Tampoco el blanqueamiento del PSOE de Pedro Sánchez es un aspecto menor. La pata izquierda del Régimen se ha recompuesto en un tiempo récord y eso que venía de cosechar los peores resultados electorales de su historia después de ser señalada por el 15M como casta. En esta revalorización de Ferraz tuvo su importancia la definición del partido socialista como un partido “progresista” por parte del neorreformismo en el último periodo.

Pero si hay un aspecto donde Felipe VI dejó claro que no valen cábalas electorales ni rencillas partidistas es en uno de los desafíos más importantes que el Régimen del 78 se ha encontrado ante sí desde su fundación; las aspiraciones democráticas del pueblo catalán por votar y decidir su relación con el resto del Estado español.

El otoño catalán del 2017 cogió al Partido Popular (PP) y a Mariano Rajoy en la Moncloa. Ante esa situación el neorreformismo pudo mantener medio pie fuera del tiesto; condenó la represión del 1 de octubre, rechazó el discurso de Felipe VI del 3 de octubre y se opusieron a la aplicación del 155.

No obstante, ya en este periodo, rechazaron absolutamente el derecho del pueblo catalán a decidir su futuro, es decir, a votar. Lo supeditaron a un utópico pacto con el bloque constitucionalista del “a por ellos” y con el Rey, y más allá de las condenas jamás llamaron a una sola movilización contra la represión. Ni tan siquiera han participado o dado voz a movilizaciones tan relevantes como la del 16M en Madrid que congregó a miles de personas de todo el Estado reclamando la libertad de los presos políticos y el derecho a decidir.

Pero la situación cambió. La escalada de corrupción en las filas del PP, que parece inagotable, dio al PSOE la posibilidad de hacerse con las llaves de Moncloa. Fue en ese instante cuando el neorreformismo vio ante sí la posibilidad de realizar su objetivo; gobernar con Sánchez y conformar un gobierno “progresista”. Y es que tras fracasar la empresa del sorpasso, no quedaba otra que integrarse directamente en un gobierno de coalición con el PSOE. Empresa en la que siguen firmes, aunque sin mucho éxito.

La maquinaría morada se puso en marcha y se vistieron de “ministros sin cartera”. Se reunieron con los diferentes partidos que podían ser afines, se entrevistaron con los presos políticos catalanes en la cárcel y consiguieron conformar una mayoría “frankenstein” en el parlamento que echó a Rajoy y dio la bienvenida a Sánchez.

En este punto ya no valía ni medio pie fuera del tiesto, había que estar a pie juntillas. Desde entonces la fidelidad al Régimen, expresada a través de la fidelidad al programa del PSOE, ha sido la constante.

El paso definitivo ha sido aceptar cualquier medida represiva, incluida la aplicación del 155, para aplastar las aspiraciones democráticas de millones de catalanes, no ya que quieren la independencia, sino que quieren votar sobre cual será la relación de Catalunya con el Estado español.

Y en este sentido no hay división entre las diferentes “tendencias” del neorreformismo. En el caso de Iñigo Errejón y su nueva formación política, Más País, parece que la cuestión catalana les sigue “pillando lejos”. Para el ex de Podemos, la aplicación del 155 por parte del PSOE no pondría en riesgo un posible pacto con Sánchez.

“No le acompañaremos en esta situación” ha respondido uno de los fundadores de Podemos, para posteriormente asegurar que “no hay que quedarse encallados en el primer paso”. Miles de activistas en procesos judiciales, presos políticos y sociales que se enfrentan a condenas de más de 20 años, más de 3 millones de personas que exigen poder votar sobre su futuro, la posible aplicación de una ley tan reaccionaria como el 155, son definidos por el líder de Más País como “primeros pasos” a dejar a un lado.

Para Errejón no existe la más mínima contradicción entre este accionar del PSOE y definirlo como un partido “progresista”. La hipocresía y desfachatez del neorreformismo también parece una fuente inagotable de sorpresas.

A quién sí le pilla “un poco más cerca” es a Colau. Sin embargo la alcaldesa de Barcelona parece seguir a lo suyo, es decir, en la equidistancia más absoluta. No obstante, esto no le impide mostrar sus preferencias políticas. Si en el gobierno municipal no ha encontrado problema en gobernar con los votos de un racista como Valls, con la cuestión catalana de fondo, no tiene problema en pedirle a Sánchez que “deje de atacar a Podemos” y “busque un pacto entre fuerzas progresistas”.

En definitiva, la izquierda españolista, encarnada hoy en día en Unidas Podemos, Izquierda Unida, los “comunes” y Más País, tiene claro que Catalunya es concesión innegociable para convertirse en un actor útil para el Régimen y la recomposición y estabilidad que este busca. Aunque para ello tenga que pisotear el derecho democrático y las libertades de millones de catalanes.






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