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CRISIS POLÍTICA

Con y sin Guaidó: la Asamblea Nacional de Venezuela con dos presidentes

Pasado el mediodía de domingo, en una sesión bastante irregular, marcada por el impedimento con la Guardia Nacional de acceder al recinto no solo a medios de comunicación sino también a varios diputados, incluido Guaidó, era nombrado nuevo presidente de la Asamblea Nacional Luis Parra, un opositor no alineado con Guaidó. Mientras, en horas de la noche el sector mayoritario de la oposición de derecha, sesionando en las instalaciones del diario El Nacional, eligió otra junta directiva en la que se ratificó a Guaidó.

Lunes 6 de enero | 09:00

Como se veía venir, la renovación de la junta directiva del parlamento venezolano ha sido otro episodio, recargado, de la profunda división de la oposición de derecha, así como del juego del Gobierno autoritario de Maduro y las FF. AA., aprovechando las circunstancias.

Guaidó y su partido (Voluntad Popular, VP) apostaban a la reelección para seguir con la política del “Presidente encargado” y de “Gobierno paralelo” sostenidos política y económicamente desde Washington. No eran sin embargo los planes de otros partidos opositores, no solo los “minipartidos” que comulgan en la Mesa de Diálogo con el gobierno, sino también otros de los más representativos, que habían sido aliados de Guaidó en el pasado.

El Gobierno de Maduro, por supuesto, juega al desplazamiento de Guaidó, quien ha sabido ser títere de la agresiva política de Trump hacia Venezuela. Esta vez, sin embargo, no solo aprovechó las profundas y agrias disputas en la derecha tras el fracaso de la apuesta golpista-injerencista de inicios de 2019, sino que con el uso de la fuerza represiva directamente impidió la entrada de varios diputados a la sesión de la Asamblea, incluyendo a Guaidó, a quien se lo pudo ver en un patético espectáculo intentando ingresar saltando las rejas del Palacio Federal Legislativo, sin ningún “pueblo” que lo acompañara en el intento.

En estas circunstancias, y en un ambiente dentro del hemiciclo marcado por el desorden, griterío y acusaciones diversas, con los votos del chavismo (PSUV, PCV, etc.) y de un sector de la oposición, fue nombrada la nueva directiva propuesta en la fórmula de los opositores “disidentes”, con Luis Parra, separado del partido de derecha Primero Justicia (PJ), al frente de la misma. El Gobierno de Estados Unidos –como si se le estuviese pidiendo su opinión­– prontamente ha rechazado esta elección. Maduro, por su parte, ha salido ya a declarar que “reconoce” a esa como la legítima junta directiva del parlamento.

Crisis en los partidos opositores

Conviene recordar que, desde que la coalición opositora ganó la mayoría de la Asamblea Nacional en diciembre de 2015, la junta directiva se elegía con un acuerdo rotativo entre los principales partidos de la derecha. Fue así como, por defecto, llegó Juan Guaidó a la presidencia de la misma en 2019, no por algún liderazgo particular, sino porque le correspondía presidirla a su organización, Voluntad Popular (VP), y los dirigentes parlamentarios más relevantes de su partido, como Freddy Guevara, se encontraban exiliados, tras el fracaso de la apuesta de derrocar al Gobierno por la fuerza en 2017. Antes le había tocado presidir a Ramos Allup de Acción Democrática (2016), Julio Borges de PJ (2017) y Omar Barboza de Un Nuevo Tiempo (2018).

De tal manera que la ratificación de Guaidó en la presidencia de la AN no le corresponde por alguna razón de derecho o de acuerdo previo, lo que correspondería en todo caso es la rotación, por lo que su ratificación solo “correspondería” en el caso de querer mantenerlo al frente de la política que este y VP venían llevando a cabo desde la “autoproclamación” como “presidente encargado” del país, el 23 de enero pasado. Y es precisamente eso sobre lo que no hay en modo alguno consenso en los partidos opositores.

La política llevada a cabo por Voluntad Popular, con fuerte apoyo de la administración Trump, puede resumirse, de alguna manera, en la frase que expresara Humberto Calderon Berti, “embajador” de Guaidó en Colombia hasta su remoción en diciembre, quien en una entrevista señaló que no concebía cómo era posible que un partido como Voluntad Popular llevara de las narices al resto de la oposición.

Aunque no sea exacta del todo la expresión, porque los demás partidos claves de la derecha son, por supuesto, plenamente responsables de las decisiones que tomaron de ir tras la política de Guaidó y VP, no deja de mostrar en gran medida una realidad: como se conoció luego, la autoproclamación de Guaidó como “presidente interino” del país fue una decisión unilateral de Voluntad Popular en contubernio con el gobierno de los EE. UU. (y otros de la derecha de la región), una política que no fue consultada siquiera en el “G4” (el grupo de los cuatro partidos principales de la derecha: AD, PJ, VP, UNT).

El resto de los partidos, aunque puestos ante un hecho consumado, pero que contaba con todo el apoyo del imperialismo estadounidense y los gobiernos de la derecha latinoamericana, se montaron en el autobús de la política de agresión imperialista y recurrentes llamados a un golpe: si triunfaba, serían parte del triunfo, si fracasaba, se irían distanciando. Es este oportunismo del resto de la derecha y el fracaso de la apuesta intervencionista/golpista lo que le pasa factura hoy a Guaidó y su partido, como punto más alto de unas divisiones y enfrentamientos que venían cobrando intensidad desde meses atrás.

Esta división se vio agravada por los casos de corrupción en torno al "presidente encargado". A raíz de la destitución de Calderón Berti, “embajador” de Guaidó en Colombia, quien luego señaló públicamente que la corrupción en el entorno de Guaidó era conocida por éste y Leopoldo López, y de la publicación de artículos de prensa que denunciando supuesta complicidad de varios diputados opositores con tramas de corrupción que involucrarían a empresarios favorecidos del Gobierno, se desató la lluvia de acusaciones y contra-acusaciones: se prometieron pruebas, se habló de una “operación alacrán” del gobierno para “comprar diputados opositores”, VP y PJ separaron de sus organizaciones a algunos diputados, Guaidó amenazó con “destituir” de sus cargos a varios parlamentarios… volviéndose la “unidad” opositora algo cada vez más difícil de sostener.

También desde la “extrema derecha” cumplen su rol en el cuestionamiento al liderazgo de Guaidó, López y Voluntad Popular. Aunque no tienen peso parlamentario importante, sí cuentan con algunas figuras (como María Corina o Ledezma) y medios aliados –como PanamPost, declaradamente partidario de la líder de Vente Venezuela, y dedicado a “sacarle los trapos al sol” al Guaidó y VP–, desde donde se acusa a Guaidó y su aliados, de “corruptos” y de “tibios”.

Ante este escenario, voceros de la administración Trump se previnieron declarando en diciembre que su apoyo a Guaidó era en cuanto presidente de la AN y no en cuanto él como persona, por lo que apoyarían a quien resultase electo en enero, aún si no fuese Guaidó. Luego matizaron que seguían apoyando a Guaidó, pero ya el daño estaba hecho y habían dañado la autoridad de este entre quienes dentro de la derecha apostaban a su desplazamiento.

Esta son las circunstancias en las que llegó la derecha a este momento de la renovación de la directiva de la Asamblea, y que el Gobierno de Maduro ha sabido aprovechar. El Gobierno no permitió la entrada de medios de comunicación diferentes a los oficiales, por lo que aun se saben pocos detalles concretos sobre esa “sesión”. No se sabe si realmente hubo quórum y si se cumplieron los requisitos formales de rigor, no se sabe con precisión cómo se alinearon los votos de los diferentes diputados de los partidos opositores, ni siquiera es posible aún saber si el nuevo presidente nombrado alcanzó realmente el número de votos requerido. Es decir que podríamos estar en presencia de un fraude.

A su vez, la otra fracción opositora señala esto como un “golpe de Estado” a la Asamblea y, en sesión improvisada y alterna en la sede de el diario El Nacional, “con quórum” declarado de “100 diputados”, ratificaron a Guaidó, de Voluntad Popular, como presidente de la misma, con Juan Pablo Guanipa, de Primero Justicia, como primer vicepresidente. Elección respaldada por Acción Democrática (AD) y Un Nuevo Tiempo (UNT). Si esta elección cumple realmente con los requisitos formales, si fueron realmente cien diputados presentes, es algo que está también por dilucidarse.

Si el Gobierno logra imponer “su” directiva, habrá dado un paso en hacerse de un Parlamento a la medida, subordinado al poder “supraconstitucional” de la fraudulenta “Constituyente”. El sector mayoritario de la oposición, seguramente tomará su “Asamblea legítima” como base para buscar el apoyo de Estados Unidos, la OEA y demás gobiernos de la derecha regional. Abriéndose un escenario de “dos directivas” del parlamento, que se suma a la existencia ya de “dos presidentes” del país y “dos Tribunales Supremos de Justicia”, el de Maduro y el nombrado por la AN en 2019.

En todo caso, está aún por verse cómo terminará –o continuará– este nuevo episodio de la severa crisis política en el país, aunque esta vez con nuevas muestras del más deplorable nivel de descomposición de la clase política dirigente. Es así como por ejemplo, el diputado Francisco Torrealba, ex ministro del Trabajo, miembro de la fraudulenta “Constituyente” y vocero del Gobierno de Maduro, declaró que acordaron la nueva directiva y votaron por ellos porque es una oposición que “responde a los intereses del país”: se refiere así a diputados de la derecha que hasta hace muy poco eran militantes de los partidos que llevaron a cabo toda la política de agresión imperialista y el golpismo del año pasado, señalados de complicidad en corrupción con empresarios del chavismo.

O el episodio de los diputados opositores Edgar Zambrano (AD) y Stalin González (UNT) conversando amenamente y entre risas en los jardines de la Asamblea con Pedro Carreño (PSUV), mientras el país vivía la tensión política por la disputa del día que en ese mismo recinto los tendría como contendientes. Cuando los abordó alguien para grabarlos se “justificaron” por anticipado, “Estamos hablando de béisbol”, iniciando bromas tontas al respecto, cuando les replicó quien los grababa, “Sí, pero estamos en el parlamento…”, pasó Carreño a decir que el chavismo no iba a votar por ninguna de las dos fórmulas opositoras porque “estamos con el pueblo” (minutos después, el chavismo votaba por la fórmula de los opositores “disidentes”), a lo que respondió González que eran ellos los que estaban con el pueblo, e iniciaron una serie de graves acusaciones mutuas con tal nivel de vacuidad e, incluso, risas intercaladas, que casi parecía una (mala) puesta en escena.

Este montaje es visto de forma cada vez más ajena y con un elevado nivel de repudio por parte del pueblo venezolano que está siendo golpeado ferozmente por la extensión abrasiva de la pobreza y la miseria, la separación forzada de las familias y las muchas carencias materiales. Un pueblo que los ve cada vez más como parte de una misma clase política a la que poco le preocupa realmente los problemas de las mayorías.






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