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CRISIS

Contra los cierres y despidos: ¡fábricas sin patrones bajo control obrero!

Hace 20 años, en Argentina, muchas fábricas cerraron y sus plantillas las pusieron a producir bajo control obrero. Zanon es una de ellas que, ahora, cuando arrecia la crisis, sigue siendo un ejemplo para millones.

Andrea D'Atri

@andreadatri

Viernes 29 de mayo | 07:28

Imagen: Raúl Godoy al frente de los obreros de Zanon, durante la defensa de la fábrica amenazada de desalojo el 8 de abril de 2003.

En diciembre de 2001, Argentina quebró. La medida de confiscación de los depósitos bancarios de centenares de miles de ahorristas, dictada por el odiado ministro de Economía, Domingo Cavallo, se hizo famosa mundialmente con el nombre de “corralito”.

Mientras tanto, centenares de empresas eran abandonadas por sus dueños, dejando a la deriva a las trabajadoras y trabajadores. Muchos decidieron tomarlas y ponerlas a producir bajo su control. Una marea de desocupados se organizaba en movimientos masivos que reclamaban trabajo digno. Y las masas desafiaban el estado de sitio declarado por el presidente Fernando De La Rúa, lanzándose a las calles y enfrentando la represión policial que dejó más de treinta muertos, mientras el mandatario huía de la sede de gobierno en helicóptero, para ya no volver.

Las imágenes fueron transmitidas a todo el mundo. Se transformaron también en videos documentales, películas, libros. Muchas de estas experiencias fueron relatadas en el Estado español, en primera persona, por aquellos “exiliados económicos” que recalaron por las ciudades y pueblos de donde sus ancestros habían huido muchas décadas antes, a la Argentina.

Una de esas experiencias colectivas sigue en pie, en la fría región patagónica argentina: Fa.Sin.Pat., la cooperativa rebautizada Fábrica Sin Patrones, por los obreros de la ceramista Zanon, cuando su dueño cerró la fábrica con tecnología de punta y que había recibido cuantiosos subsidios del gobierno provincial.

Con casi veinte años de lucha y ahogados económicamente, aún siguen en pie aquellos trabajadores que pelearon por la nacionalización de Zanon bajo control obrero y fueron obligados, por el Estado, a convertirse en cooperativa, autoexplotarse, endeudarse con créditos y afrontar dificultades legales, financieras y comerciales que jamás se interpusieron para el inescrupuloso patrón que huyó cuando mermaron sus ganancias.

De cómo Zanon se convirtió en Fa.Sin.Pat.

Solo tres años antes de que estallara la crisis, una lista de trabajadores clasista*, desplazaba a la burocracia sindical en las elecciones de la comisión interna de la fábrica.

En el año 2000, mientras la empresa presentaba un “recurso preventivo de crisis”, un joven obrero moría en la empresa, a causa de la desidia patronal. La nueva comisión interna lanza una huelga que, tras nueve días, consigue que se instale una ambulancia las 24 hs en la planta y que una comisión obrera garantice las condiciones de seguridad e higiene.

Pocos meses más tarde, la misma lista clasista gana la dirección del Sindicato de Obreros y Empleados Ceramistas, recibiendo el apoyo de los trabajadores de Zanon y también de las otras fábricas ceramistas de la región.

A principios del 2001, la patronal suspende al personal alegando “falta de insumos”. Los obreros responden con 34 días de huelga y bloquean el ingreso a la fábrica.
Organizan movilizaciones y cortan el puente de ingreso a la ciudad. La patronal, ante la determinación de los trabajadores bajo la conducción de su nuevo sindicato combativo, retrocede y abona los salarios adeudados.

A mediados de año, los ceramistas convocan a una asamblea de coordinación con el Movimiento de Trabajadores Desocupados de la provincia, agrupaciones docentes y delegados de otros sectores. Poco tiempo después, la patronal responde con un lockout; pero los obreros van a la huelga nuevamente, frenan las suspensiones y obligan a que se les paguen los días caídos, mientras consiguen un fallo de la justicia que condena a la empresa por “lockout ofensivo”.

Esta medida de la Justicia es aprovechada por los trabajadores que disponen, enseguida, una “guardia obrera” de la fábrica y el embargo del 40% del stock para abonar los salarios. La empresa despide a los 380 trabajadores de la planta; pero ellos queman los telegramas en público y marchan a la Casa de Gobierno provincial, donde los espera la represión policial que culminó con 6 trabajadores detenidos.

La heroica lucha de los trabajadores de Zanon gana el apoyo de todo el pueblo trabajador de la provincia. Ponen en funcionamiento los hornos y reactivan la fábrica, crean nuevos puestos de trabajo incorporando a miembros del Movimiento de Trabajadores Desocupados y otros compañeros votados en asambleas. Se convierten en un referente de la lucha de cientos de fábricas que, en todo el país, enfrentan los cierres y los despidos. Pero, además, su lucha trasciende las fronteras de Argentina: la activista Naomi Klein, autora del emblemático libro No-Logo, viaja hasta a la Patagonia y convierte a los obreros de Zanon en protagonistas de su famosa película The Take (La Toma). Su lucha es aplaudida en distintos lugares del mundo, por un auditorio multitudinario de jóvenes estudiantes, trabajadores de distintos sectores, activistas de movimientos sociales.

Cuando el 8 de abril del 2003, se esperaba la llegada de los síndicos con la orden judicial de retomar posesión de la fábrica, los obreros de Zanon se prepararon para impedirlo. Su labor de casi dos años, permitió que no estuvieran solos en ese momento decisivo. La Central de Trabajadores Argentina de la provincia convocó a un paro y movilización hacia la fábrica. Las maestras avisaron a madres y padres de sus alumnos que aquel día no se dictarían clases y que los invitaban a defender Zanon. El personal sanitario del hospital más importante de la región anunció que, ese día, no atenderían a ningún policía que resultara herido si reprimían a los trabajadores de Zanon. Los síndicos no se atrevieron a llegar hasta allí: la fábrica permaneció rodeada por miles de personas, trabajadores ceramistas y de otros gremios, movimientos sociales, maestras, organismos de derechos humanos, estudiantes y familias del vecindario.

Hicieron mucho más que tomar una fábrica y ponerla a producir. Fueron el centro articulador de la coordinación nacional de otras fábricas recuperadas. Recibieron pero también entregaron su solidaridad con infinitas luchas obreras y de movimientos sociales en todo el mundo. Organizaron recitales multitudinarios, en el playón de la fábrica, con artistas nacionales e internacionales, como Manu Chao y Ska-P.

Algunos de ellos se convirtieron en diputados cobrando lo mismo que el resto de los trabajadores y aportando la dieta parlamentaria a las cajas de resistencia de otras luchas obreras. Volvieron a su puesto de trabajo en la máquina, cuando finalizó su mandato. Crearon nuevos estatutos para el sindicato que recuperaron de las manos de la burocracia, con rotación en los cargos y principios clasistas.

Su grito de combate, ante los cierres y despidos con que las patronales descargaban la crisis sobre las espaldas de los trabajadores era “Expropiación y nacionalización bajo control obrero”.

Raúl Godoy, obrero de Zanon, exdiputado y dirigente del Partido de Trabajadores Socialistas (Frente de Izquierda), recientemente entrevistado por La Izquierda Diario de Argentina, a propósito de la crisis mundial actual

Nunca aspiraron a transformarse en patrones de sí mismos, porque siempre fueron conscientes de que, aunque el gobierno los obligara a convertirse en una cooperativa que debe competir en inferioridad de condiciones en el salvaje mercado capitalista, ellos son obreros, aquellos que solo son dueños de su fuerza de trabajo.

El señor Zanon, sin obreros, nunca hubiera podido hacer funcionar la fábrica. Pero ellos, sin Zanon, pudieron poner en pie, en medio de la crisis y por casi dos décadas, algo más que una fábrica de cerámicos.

Pusieron en pie un ejemplo de lucha con una conducción sindical clasista y democrática, con un programa para que la crisis la paguen los capitalistas: una Fábrica Sin Patrones.

Conoce la historia de Fa.Sin.Pat, con la serie de 6 capítulos: Zanon, el hilo rojo


* En Argentina, la burocracia sindical es afín políticamente al peronismo, que es un movimiento político (y un partido, Partido Justicialista) nacionalista burgués. Por eso, los sectores que enfrentan a la burocracia sindical, desde una perspectiva de independencia política respecto de los partidos que representan los intereses de los capitalistas, se conocen como "clasistas", es decir, de la clase obrera.






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