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CRÓNICAS DE CUARENTENA

Trabajadores esenciales… ¿Para quién?

Continuamos nuestra sección dedicada a recoger experiencias de trabajadores en tiempos de COVID-19. Hoy Francisco nos habla de cómo ha sido desempeñar su trabajo en la construcción.

Viernes 29 de mayo | 14:53

Con algo más de 35 años trabajando en la obra, Francisco, un hombre de 60 años agotado por el duro esfuerzo que supone trabajar mañanas y tardes completas durante 6 días a la semana, nos cuenta cómo ha sido su trabajo durante la cuarentena.

Desde el lunes 30 de marzo hasta el día 9 de abril (sumándose a estos días aquellos pertenecientes a las vacaciones de semana santa) algunos de los trabajadores pudieron quedarse en casa bajo el “paraguas” del permiso retribuido y recuperable, es decir, no dejarían de recibir su salario, pero deberán recuperar las horas no trabajadas (medida un tanto cuestionable teniendo en cuenta el respeto a los derechos de los trabajadores dada la situación excepcional en la que nos encontramos). Según afirmó el gobierno: «El permiso retribuido recuperable se aplicará a todos los trabajadores del sector público y privado que actualmente no prestan servicio en esas actividades esenciales y que para desarrollar su trabajo tienen que desplazarse.» No obstante, no todos los trabajadores pudieron siquiera optar a esa medida; algunos dejaron de recibir su salario durante ese período de tiempo, como es el caso de Francisco.

La realidad es que, transcurridos esos días, muchos de los trabajadores tuvieron que volver a sus puestos de trabajo. Cuando le preguntamos a Francisco sobre su vuelta al trabajo después de quince días de parón, nos responde: «Mi jefe desde el inicio de la cuarentena ya me dijo que no parábamos. Que nosotros no parábamos. Pero eso es cosa del gobierno, que abre la puerta a que esto ocurra.» ¿Y por qué tuvieron que volver? «Muchos dicen que si las empresas paran, y no ganan, no contratan ni mantiene a los trabajadores, que por ello nosotros somos esenciales. Si seguimos trabajando es para mover la economía.» ¿Pero esenciales para quién?

Es decir, se les hace ir al trabajo durante la cuarentena por orden del Gobierno, calificando a estos trabajadores como esenciales. Ninguna empresa de construcción paró salvo los 15 días en que se envió a algunos de los trabajadores esenciales a sus casas. Pero eso no fue todo… ¿a qué circunstancias tuvo que enfrentarse Francisco en el trabajo? «Mi jefe no nos explicó ná’, yo lo de las medidas de seguridad lo aprendí en la tele. Y no, no nos dan ningún material de protección; ni mascarillas, ni guantes ni nada. (...) Yo no tengo mascarilla. Ahora somos solo tres trabajando, dos compañeros inmigrantes y yo, de los cinco que somos en total en la empresa.»

Aunque las condiciones no son las más idóneas, sobre todo para una persona de 60 años, nos confiesa que «No lo pienso demasiado, porque son compañeros de toda la vida, pero lo cierto es que trabajar sin protección es muy peligroso en esta situación.» No solo no se les proporciona el material necesario, sino que tampoco existen protocolos a seguir proporcionados por la empresa.

«Durante la cuarentena, estuvimos reformando una finca de un particular, terminando de construir casas y también unas estructuras para una fábrica. Obras que, aunque urgentes, no parecen ser muy ‘esenciales’. Además, tengo 60 años, por lo que puedo ser considerado población de riesgo». No obstante, Francisco decidió seguir trabajando durante la cuarentena «porque prefiero recibir mi salario íntegro, que la mitad. Sino, no llegaríamos a fin de mes.» No es que él lo decidiera, sino que no tenía otra opción. Muchos trabajadores en el contexto de la COVID-19 se han visto obligados a elegir entre quedarse en casa y no cobrar (o cobrar menos) o ir a trabajar y exponer su salud y la de sus familias ante la falta de protocolos, EPIS y condiciones de seguridad.

«Además, durante este último mes me han aumentado las horas de trabajo; ahora solo tenemos los domingos para descansar, cuando antes teníamos los sábados también. Pero es por cosas puntuales. Hay que terminar de hacer una reforma, y con la que armamos los albañiles: polvo, ruido…, sólo podemos trabajar cuando no están las trabajadoras; y eso es los sábados por las tardes. »

La realidad es que, a pesar de la situación que ha tenido que soportar y de las condiciones en las que ha estado desempeñando su labor, Francisco se siente afortunado por tener un salario mensual que le permite llegar a fin de mes al comparar con la situación que están viviendo otros trabajadores. A raíz de la crisis abierta, solo en marzo 1 millón de trabajadores fueron despedidos y 4 millones han sufrido un ERTE que algunos ni siquiera están cobrando.

Que Francisco se sienta afortunado teniendo en cuenta la situación que está viviendo deja mucho que pensar. ¿Cuánto más van a tener que soportar los trabajadores para llegar a fin de mes? En un momento en que las políticas del Gobierno van dirigidas a rescatar a las grandes empresas pasando por el ataque sobre la mayoría de trabajadores muchos se enfrentan al chantaje de la patronal. Para justificar su vuelta al trabajo en medio de la pandemia hablan de que debemos arrimar el hombro y de que todos somos necesarios. El jefe de Francisco le dijo que «ellos son esenciales para la economía». Pero realmente, ¿a dónde van esos beneficios? La mayor parte, a un particular: su jefe.

La situación a la que vamos no es muy esperanzadora. A la creciente precarización del trabajo se suman el inminente cierre de fábricas como en Nissan y la pérdida de miles de empleos. No podemos conformarnos con las nulas medidas que está adoptando el Gobierno, que está dejando atrás a miles de trabajadores. Debemos trabajar por que no haya ningún despido, sino que esos puestos de trabajo que se están perdiendo se transformen en producir recursos necesarios en estos tiempos de crisis, es decir, adaptar los puestos de trabajo a la situación actual. Y por dar una salida a esta crisis que favorezca a los trabajadores y las trabajadoras y la mayoría social, asegurando que las condiciones de trabajo sean seguras y adecuadas. No se puede permitir que en tiempos de crisis, se prime la salvación de la los beneficios de los empresarios antes que por la seguridad de los trabajadores. Si el Gobierno no nos lo garantiza, tendremos que ser las y los trabajadores a través de la autorganización en nuetsros puestos de trabajo los que decidamos cómo y para qué trabajar. Si nuestro jefe no ha elaborado un protocolo de seguridad, lo elaboramos los trabajadores. Para situaciones excepcionales, medidas excepcionales.

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