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PANORAMA POLÍTICO

Después de la marcha de la indignación: ¿Hacia un nuevo ciclo de movilizaciones?

La movilización del 26 mostró que el movimiento que inició cuando se esparció la noticia de la noche negra de Iguala, continúa despierto. Urge discutir las perspectivas para la lucha contra el gobierno y esta democracia asesina.

Pablo Oprinari

Ciudad de México / @POprinari

Miércoles 30 de septiembre de 2015

Hoy como ayer, fue el estado

El sábado 26, a un año de Ayotzinapa, miles y miles salieron a las calles. Los números dados por el perredista Gobierno del Distrito Federal rayan en la ridiculez: 18 mil personas. Muchos asistentes proyectaban que más de 100,000 personas salieron a las calles, y el hecho de que el rio humano transcurrió sin cesar durante horas, hizo a algunos decir que la cifra estaba más cerca del medio millón. La dimensión de la movilización se asemejó a las de los primeros meses de la lucha por la aparición con vida de los 43 normalistas.

Pero no sólo destacó por su masividad. También lo hizo por expresar, en las consignas, las canciones y las pancartas, que se mantiene firme y presente el descontento con el régimen político y el gobierno de Enrique Peña Nieto. Y que, a pesar de que el gobierno busca contar con mayor respaldo —ahora de esa cueva de bandidos imperialistas que es la ONU—, crece la desconfianza popular en su “verdad histórica”. No le resultará sencillo a Peña Nieto convencer a los millones que desde septiembre del 2014 salieron a las calles, y cerrar de una vez y para siempre las movilizaciones por Ayotzinapa.

Un gobierno cuestionado

El gobierno arrastra un profundo descrédito que se expresó una y otra vez. La desaparición de los normalistas primero, la investigación que busca imponer a toda costa su “verdad”, y luego de ello distintos hechos políticos —como la huida bajo sus narices del mayor narcotraficante de la historia—, cimbraron duramente al gobierno.

La desconfianza, así como el descontento con los planes antiobreros y la militarización creciente, han provocado una caída de la popularidad, según destacan distintos estudios, lo cual, no ha podido ser remontado con los nuevos ataques a las libertades democráticas que vimos recientemente a lo largo y ancho del país.

Mientras tanto, durante el 2015 vimos distintas protestas y movilizaciones de sectores de trabajadores, desde San Quintín hasta el magisterio, en tanto se mantienen luchas como las de las obreras de Sandak, de los trabajadores de las gasolineras del DF, entre otras. Y, por último, las elecciones fueron un momento culminante: a pesar de que mantuvo su mayoría en las Cámaras, el PRI cayó en sus votos (también el PAN), y el PRD, cómplice y responsable de la noche negra de Iguala, sufrió la peor caída de su historia.

Es en ese contexto que se da este nuevo despertar de la movilización democrática, cuyos reclamos e indignación se orientan contra las instituciones de esta democracia para ricos. Y Peña Nieto sabe que le faltan aún tres años de gobierno y que deberá lidiar con nuevos episodios de la resistencia obrera y popular.

¿Hacia un nuevo ciclo de movilizaciones?

Está por verse si la movilización que miles protagonizamos el sábado pasado es el inicio de un nuevo periodo de protestas y luchas. A favor de ello podría ir el gran descontento, y que están convocadas distintas jornadas de movilización, como es el paro magisterial para el 12 de Octubre.

Sin duda hay que fortalecer esa perspectiva. La iniciativa de los padres de los 43 de conformar un Frente Amplio para la transformación radical del país, puede ser un paso adelante para ello, si —como se planteó en el mitin en el Zócalo del DF— permite avanzar en una coordinación real de las luchas, y si los sindicatos que lo conformarían llevan adelante una política activa, evitando repetir experiencias pasadas donde los reagrupamientos solo quedaron en buenas intenciones.

Concretamente, eso pasa por fortalecer la medida de lucha convocada por el magisterio, y que los sindicatos que conforman la Unión Nacional de Trabajadores y la Nueva Central de Trabajadores se sumen al paro del 12 y llamen a hacer del mismo un paro nacional. Junto a ello, para construir una verdadera coordinación, es fundamental que la misma se erija sobre métodos democráticos y no se limite a reuniones “bilaterales” o “multilaterales” de las cúpulas. Por eso habría que convocar a una primer reunión de ese Frente Amplio, con delegados electos por la base de las distintas organizaciones, revocables, rotativos y con mandato de base, para construir un plan de lucha unitario y un pliego único de reivindicaciones.

Eso sería un gran paso adelante para preparar una gran lucha contra el régimen encabezado por Peña Nieto y el autoritario estado capitalista, señalado como responsable de la desaparición de los 43. Es decir, contra la clase dominante que le declaró la guerra a la población trabajadora, a sectores de la clase media y la juventud.

Un debate que se actualiza

En este 2015, las elecciones de junio también mostraron el fortalecimiento del MORENA. Los millones de trabajadores y jóvenes que lo votaron lo hicieron considerando que el partido de López Obrador representa una alternativa a las fuerzas tradicionales del régimen responsable de la desaparición de los normalistas. Pero, a contramano de esas intenciones, lo que se fortaleció fue una dirección política cuya perspectiva no es acabar de raíz con el gobierno y las instituciones responsables de la noche de Iguala.

La dirección del MORENA se limita a proponer una serie reformas y la “democratización” de las mismas, las cuales —aunque no son del agrado de los demás partidos del Congreso— no atacan las bases del régimen político, lo cual sólo puede hacerse cuestionando la subordinación del país a los planes políticos, militares, económicos y en materia de seguridad de los Estados Unidos. Solamente propone una especie de reforma moral y un gobierno austero que haga más barato y eficiente el aparato burocrático al servicio de los capitalistas. Es necesario considerar que —pese a su crítica a la corrupción, al autoritarismo y a la antidemocracia del PRI-PAN-PRD—, el carácter de clase del programa del MORENA, le impiden levantar un programa antimperialista que enfrente la dependencia del estado semicolonial mexicano.

El momento que vive México plantea y actualiza una importante discusión de estrategia política al interior del movimiento obrero, la juventud y los reagrupamientos y frentes que surjan, como el FAR.

En ese sentido, un resurgimiento de la movilización obrera y popular tendrá planteado, como gran desafío, adoptar una perspectiva que luche abiertamente contra la dominación imperialista sobre el país. Como hemos escrito aquí, no se puede entender la militarización, la represión, la narcoguerra, los miles de asesinatos y desapariciones, la trata o el feminicidio; todo lo que aparece bajo esta democracia degradada y asesina del PRI-PAN-PRD, sin comprender que es una consecuencia directa de la subordinación de México a los dictados de la Casa Blanca.

Por eso, cualquier perspectiva que denuncie el ataque a las libertades democráticas y el autoritarismo, pero no plantee la lucha contra la dominación imperialista, no puede ser más que utópica, y se convertirá en una trampa para los trabajadores y los sectores populares.

A la par, enfrentar el sojuzgamiento del país a los Estados Unidos implica luchar no por un cambio de figuras, más austeras y honestas, dentro de las instituciones existentes, sino por echar abajo al régimen político que garantiza la dominación imperialista, la explotación y opresión de las grandes mayorías, y conquistar un gobierno de los trabajadores, los campesinos y el pueblo.

Eso es lo que planteamos desde el Movimiento de los Trabajadores Socialistas al interior del movimiento por Ayotzinapa, y que queremos discutir con miles de jóvenes, mujeres y trabajadores. Esa perspectiva es la queremos debatir con quienes son parte de las luchas actuales y confían en la política de la dirección del MORENA. Y es bajo esa estrategia revolucionaria que queremos construir una gran herramienta política de las y los trabajadores, y la juventud combativa para los próximos combates de la clase obrera y el pueblo.






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