SUPLEMENTO

Dumbo: el frío trámite del showbusiness

Diego De Angelis

Dumbo: el frío trámite del showbusiness

Diego De Angelis

Una cruel paradoja recorre, y no ciertamente como un fantasma, Dumbo (2019), la nueva película de Tim Burton (Batman, 1989, El joven manos de tijera, 1990, ¡Marcianos al ataque!, 1996, La leyenda del jinete sin cabeza, 1999). Como la expansión grotesca de una contradicción, el film va a desmentir, desde el principio y durante su extenso desarrollo, cada una de las características que definieron alguna vez la poética del cineasta norteamericano, quien logró, allá lejos y hace tiempo, deslumbrar a propios y extraños. En especial una de ellas, tal vez la más importante en su filmografía: la precisa construcción del relato.

No habrá deslumbramientos en esta oportunidad, más bien sucederá lo contrario. En algún momento del film, un personaje malvado va a expresar, después de presenciar una situación extraordinaria, lo siguiente: “Me convertiste en niño otra vez”. Una definición posible acerca de la sensación que las mejores películas de Burton podían llegar a provocar en el espectador. Al mismo tiempo, una evidencia que señala lo que ha perdido y que tan solo recupera mediante enunciados y declaraciones.

Adaptación del clásico cuento animado de Walt Disney, la historia que presenta Dumbo sucede en 1919, en Florida, Estados Unidos. Max Medici (Danny DeVito) es el esforzado dueño de un circo en bancarrota −tan esforzado como el propio DeVito, quien intenta sobrellevar como puede un relato que se torna demasiado esquemático ya desde sus primeros minutos−. En tiempos de ajuste durante la inmediata posguerra, el destino del espectáculo que encabeza Medici es incierto. La forma de entretenimiento que ofrece su proyecto pierde popularidad ante la avanzada inexorable de propuestas más ambiciosas, determinadas por los efectos visuales que produce el avance de la tecnología. Sus excéntricos integrantes −el gigante que levanta pesas, una sirena que contradice lo que refiere su mitología, un sensible encantador de serpientes− ya no sorprenden, han perdido su encanto.

La misma situación podría adjudicarse a la composición de los personajes del film de Burton. Si otra de las virtudes de su universo era el desfile de criaturas adorables y originales, aquí ninguna de ellas resulta siquiera divertida. Se mueven como personajes planos, forzados en su condición de estereotipos, sin espesura ni sensibilidad, demasiado circunscriptos a representar el papel que impone el guión. Es lo que sucederá, fundamenalmente, con los dos pequeños protagonistas, Milly (Nico Parker) y Joe (Finley Hobbins), quienes junto a su padre, Farrier Holt (Colin Farrel), ex jinete estrella del circo, son los encargados de cuidar a la elefanta que concebirá a la estrella singular de esta historia.

La delicada coyuntura del circo que encabeza Medici tendrá, sin embargo, una oportunidad de resurrección. El nacimiento de un elefante con una extraña peculiaridad en su cuerpo, el tamaño inaudito de sus orejas. La historia subsiguiente es conocida: el pequeño animal deambulará por los diversos “números” que ofrece la compañía como un integrante cualquiera de la troupe de animadores hasta que descubre, acompañado por los niños y su padre, el atributo que sin darse cuenta poseía: la posibilidad de levantar vuelo mediante el aleteo de sus enormes orejas.

Dumbo se convertirá en la sensación del circo hasta que un codicioso empresario, un tal Vandevere (Michael Keaton), lo aparte de su madre para incorporarlo a su ambicioso proyecto de entretenimiento llamado Sueñolandia. La separación familiar se constituirá en el centro afectivo de un film que no logrará despertar emoción alguna.

En Dumbo, el ingenio que singularizó el trabajo de Burton durante su carrera, ya sea para contar una historia o delinear cada uno de sus personajes, brilla por su ausencia. Como también su capacidad no solo para deslumbrar, sino también para observar críticamente determinados comportamientos sociales –sobre todo aquellos que rigen la organización familiar–. El producto final es previsible como un frío trámite: una película desangelada, que tan solo tiene para exhibir la transmisión cándida y explícita, lo mas digerible posible, de los valores que busca imponer la industria más famosa del showbusines.

FICHA TÉCNICA
Elenco: Colin Farrell, Michael Keaton, Danny DeVito, Eva Green, Alan Arkin, Finley Hobbins, Nico Parker
Dirección: Tim Burton
Guion: Ehren Kruger
Fotografía: Ben Davis
Música: Danny Elfman
Duración: 111 minutos
Año: 2019
País: Estados Unidos

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Diego De Angelis

@DieDeAngelis
Nació en Buenos Aires en 1983. Licenciado en Letras en la UBA, escribe sobre literatura y cine en diferentes medios. Programa y coordina el ciclo "Cine para lectores".
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