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El Foro de Empleo de la UAM y la precariedad universitaria

Esta semana, del 17 al 21 de febrero, tiene lugar el XVI Foro de Empleo UAM. El Foro de Empleo consiste en un conjunto de charlas y talleres protagonizados por diversas empresas bajo el pretexto de “facilitar y fomentar la empleabilidad de nuestros estudiantes y titulados”. Un acto lleno de formalismos, palabras hueras y ausencia de pensamiento crítico, que viene a ser tan solo una muestra superficial de la injerencia constante y profunda de los intereses privados en la Universidad pública.

Jose Lavín

Madrid

Lunes 17 de febrero | 09:59

En un vídeo enviado al correo de los estudiantes, el delegado del rector para Empleabilidad y AlumniUAM afirma que “no solamente la universidad organiza este tipo de eventos, sino que también tiene una estrategia para favorecer la inserción laboral y facilitar la empleabilidad de nuestros estudiantes, la organización de cursos de competencias profesionales, una bolsa de empleo, programas de prácticas en empresas e instituciones públicas de calidad”. Este Foro se realiza bajo el pretexto de ayudar a que los estudiantes logremos tener un empleo en un futuro, pero es el beneficio privado el que realmente sale ganando con estas actividades, tanto a través de la descarada herramienta publicitaria en la que se convierte la Universidad (basta entrar al correo y al portal electrónico de la Universidad) como por el hecho de convertirse en un evento más en el que se pone a plena disposición de los intereses privados la fuerza de trabajo que necesitan.

Un foro que ignora intencionadamente las altas tasas de desempleo juvenil, de trabajo precario y temporal, así como la imposibilidad de proyectos vitales estables a largo plazo a los ojos de la mayoría de los estudiantes, es un foro que no pretende dar cuenta de estos problemas. Asimismo, tampoco da cuenta ni se preocupa de las necesidades reales que los alumnos tienen en el desempeño de sus estudios, como las dificultades para compatibilizar un trabajo con las exigencias de evaluación permanente y presencialidad establecidas por el plan Bolonia, o la insatisfacción de los estudiantes con los contenidos de los programas de estudios, los criterios de evaluación, y las prácticas en empresas externas.

Este Foro viene a culpabilizar a los estudiantes al esgrimir el argumento implícito de que si no tienen trabajo es porque no han sabido esforzarse lo suficiente, que sus problemas se deben a que no saben “venderse” o que todo se solucionará si se arriesgan y deciden montar su propia empresa. Supersticiones liberales que se han vuelto omnipresentes en una institución pública. Para más inri este Foro viene a instrumentalizar las incertidumbres de los estudiantes ante la amenaza inmediata de un mercado de trabajo completamente desregulado y precarizado, cuando la cuestión estriba en que dicho mercado ha sido previamente desregulado y precarizado por los intereses privados que ahora vienen a aparecer como salvavidas.

Más allá de esto, este Foro es un evento cargado de significado para los estudiantes, pues viene a representar el tipo de Universidad que la mayoría no queremos: la Universidad-Empresa. Y es que la Universidad pública no sólo realiza estos eventos puntuales. Desde los años ochenta, a través de la ofensiva neoliberal que supuso la Estrategia de Lisboa (2001), el Plan Bolonia (1999) y la creación del Espacio Europeo de Educación Superior, una importante conquista social de la clase trabajadora como es la educación pública ha sido objeto de lo que se ha llamado la “reconversión industrial de la Universidad”. A través de este proceso ha ido imbricándose orgánicamente en los asuntos privados y subordinándose a los mismos, pasando a convertirse en un apéndice precarizado más del Mercado.

El Círculo de Empresarios en su documento “Una Universidad al servicio de la sociedad” especificaba el sentido de estas transformaciones y del nuevo papel de la institución: “integrar a la Universidad de manera más decidida en el tejido económico y productivo, fomentando la excelencia a través de la competencia”. Esto es lo que vivimos ahora, una Universidad, complaciente y con una altura de miras a ras de suelo, individualista, limitada y mezquina, que ha renunciado sin resistencia a toda soberanía como lugar de conocimiento, aprendizaje y pensamiento crítico.

Esta dependencia respecto al Mercado ha hecho que la rentabilidad económica se haya convertido en el único criterio ante cualquier transformación y proyecto que tiene lugar en la Universidad, abandonándose o precarizándose toda actividad que no genere ingresos, y pasando a funcionar toda ella con las lógicas propias de una empresa, tanto a nivel de sus colectivos, jerarquías internas y alumnado, como a nivel externo de sus usuarios o servicios ofertados. Esto último no sólo ha venido a acentuar el ya de por si antidemocrático sistema de gestión universitario, sino que ha ido acompañado del incremento del poder de organismos externos como las “agencias de calidad” (en la universidad neoliberal calidad es un eufemismo para referirse a la rentabilidad), como ENQA o ANECA, encargadas de que todo cuanto se desarrolla en la universidad esté subsumido bajo el pensamiento único de la lógica mercantil.

Nos encontramos, por tanto, ante un conjunto de charlas en las que las empresas y bancos como el Santander se lavan la cara fingiendo un interés real en las inquietudes de los estudiantes e investigadores, cuando han sido precisamente sus injerencias las que han reducido considerablemente la calidad de los estudios, precarizado los currículos académicos y las que han hecho del trabajo investigador un trabajo extenuante e impredecible. En un documento publicado en 1996, la OCDE afirma: “Las familias reaccionarán violentamente si no se matricula a sus hijos, pero no lo harán frente a una bajada gradual de la calidad”. La reducción de los años de carrera y la división de las licenciaturas en Grado y Máster viene a ser parte de un proceso de descualificación de nuestros estudios.

Desde entonces hemos ido viendo cómo se individualiza hasta la personalización los currículos académicos, imposibilitando que los estudiantes podamos en un futuro, como trabajadores, llevar a cabo una mínima negociación colectiva de nuestras condiciones de trabajo. Hemos asistido a la subida de tasas, y al mismo tiempo la propia Universidad se ha ido polarizando hasta dar a luz a dos universidades en una: “una rica y casi opulenta, destinada a círculos cercanos a los elementos mercantiles, de pago y postgrado, de investigaciones millonarias y promociones aseguradas, adaptada a la remeritocratización individualista provocada por la remercantilización social. Y otra estrictamente pública, cada vez más abandonada, sin capacidad de gestionar administrativamente la complejidad inducida por su masificación, cada vez más precarizada, con menos recursos y una tendencia a reproducir viejos esquemas de enseñanza masificada” (Alonso, Viento Sur, nº32, 1997; p.90). Esto es, una fábrica de precarios y una escuela de élites.

La Agencia ANECA publicó en febrero de 2009 un documento titulado “El debate de las competencias”, donde afirmaba que las competencias más valoradas por los empresarios en los empleados recién salidos de la Universidad eran la iniciativa, responsabilidad, disponibilidad, capacidad de adaptación al cambio, movilidad geográfica, saber desenvolverse en situaciones sociales, fácil inclusión en los grupos, y la aceptación de la autoridad. Y en este sentido se han ido orientando las competencias inculcadas a los estudiantes desde los planes de estudio y eventos como este Foro. Son los Consejos Sociales de las Universidades los que al final acaban decidiendo qué merece la pena ser incluido en los estudios, y qué no, en función de los criterios de rentabilidad de las empresas que integran dichos Consejos Sociales. El Foro de Empleo no tiene, por tanto, nada de excepcional.

El propio delegado del Rector para Empleabilidad y AlumniUAM afirma que “el programa almniUAM, destinado a nuestros titulados y tituladas, es una herramienta, una red profesional para mantener esos vínculos de desarrollo profesional a lo largo de toda la vida de un profesional”. Con esto, el delegado no hace más que poner de manifiesto el papel de la Universidad como proveedor “just-in-time” de trabajadores precarios con una formación genérica, que pueda ser reciclada, y flexibilizados para adaptarse contantemente a los cambios del Mercado. Esta tarea asignada a la Universidad es una tarea que ya no tienen que llevar a cabo las empresas. Supone, pues, una “externalización” de los gastos de formación de sus empleados en un servicio público. Se le olvida al señor delegado que tal vez los estudiantes no quieren tener una “formación a lo largo de toda la vida”, algo que implicaría estar permanentemente pendientes de ajustarse al despotismo de los capitalistas, sino un trabajo estable que les permita tener una vida personal plena.

Frente las miraditas cómplices entre la Universidad pública y los intereses particulares del sector privado, los estudiantes queremos una Universidad sin empresas y sin la casta universitaria que las protege. No queremos estar al servicio de los grandes capitalistas. Necesitamos una Universidad al servicio del pueblo trabajador, gestionada por sus estudiantes y trabajadores/as. Una Universidad que sirva de espacio para el pensamiento crítico, que dé respuesta a las necesidades reales de los y las estudiantes, las trabajadoras, y que se comprometa con el cambio social.






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