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OPINIÓN

El desafío histórico del movimiento estudiantil brasileño después del 15M

Las movilizaciones de este 15 de mayo tomaron una dimensión que no se veía desde junio de 2013. Bolsonaro reaccionó doblando la apuesta, al llamar a los cientos de miles de manifestantes de "idiotas útiles". Los desafíos son enormes, pero frente a las innumerables divisiones del gobierno de Bolsonaro, ahora podemos vislumbrar un camino para triunfar.

Odete Cristina

São Paulo | Brasil

Viernes 17 de mayo | 08:22

El gobierno de Bolsonaro venía abriendo varios frentes de batalla en el interior mismo del bloque que lo apoya, incluso antes de la batalla decisiva por la reforma jubilatoria.

El período de "luna de miel" fue utilizado por el capitán reformador para intentar conquistar hegemonía dentro del propio gobierno que preside, y terminar de consolidar una base de masas propia. Estos movimientos más de una vez llevaron a toda la gran prensa y hasta a sus aliados más cercanos a reaccionar con una mezcla de espanto y preocupación: concéntrese en la reforma previsional, le decían al unísono.

Terco y afecto a dar pasos arriesgados, como le gusta alardear, se encogió de hombros ante los pedidos y exhortaciones. Antes de consolidar una mayoría en el Congreso, sin siquiera haber dejado que se curen las heridas de los duros embates con el jefe de la Cámara de diputados, Rodrigo Maia, Bolsonaro abrió más frentes, primero con su ministro de Justicia Sérgio Moro y luego con los propios militares. Además utilizó su alta popularidad para intentar consolidar desde el gobierno una “cruzada contra el “marxismo cultural”, lo que sea que esto signifique en la boca de los bolsonaristas (ya que no sólo el PT, sino que también FHC (Fernando Henrique Cardoso), diarios como Folha y Estadão, la red Globo e inclusive banqueros, reciben el título de “comunistas”).

Pero los sectores empresariales y de las finanzas que lo apoyaron en las elecciones están preocupados por otra cruzada, la de elevar la tasa de explotación sobre la clase trabajadora brasileña y maximizar sus ganancias. Este discurso sólo pega a los sectores más retrógrados del campo, que ven a FHC como un riesgo para la propiedad rural y claman por el derecho de armarse hasta los dientes. Pero incluso entre éstos, la cruzada ideológica del bolsonarismo causa desconfianza, cuando se traduce en el plano externo en una alineación automática con Trump y en un enfriamiento de las relaciones con China, país al que exportan gran parte de sus granos.

Si hubiera triunfado en sus luchas intestinas, la situación actual sería otra, pero Bolsonaro no obtuvo ni una sola victoria decisiva. Su popularidad ha disminuido, la economía patina, y hasta su base más dura comienza a inquietarse por los rumbos del país. En lugar de dar un paso atrás, un retroceso pragmático, abrió otro frente, sólo que esta vez con el movimiento de masas: un ataque frontal contra la educación y las universidades

Tal vez su cálculo ahora sea que polarizando una vez más, la sociedad consiga galvanizar a todos los aliados que no logró subordinar, y en ese enfrentamiento contra los "maconheiros[marihuaneros] de las universidades" pueda recomponer algo de su base electoral.

El desafío del movimiento estudiantil

Las manifestaciones de este 15 de mayo desbordaron todas las previsiones y cálculos. El movimiento estudiantil, marchando codo a codo con los profesores, que también salieron a las calles, dieron una muestra contundente de fuerza.

El grito atragantado contra el avance de las fuerzas oscurantistas puede resonar con fuerza. Toda una revuelta acumulada puede ganar las calles. La cuestión que se plantea es: ¿podemos triunfar derrotando los recortes y la reforma previsional?

La juventud universitaria y secundaria, que sintió su propia fuerza en este 15M, está llamada a cumplir un gran papel histórico: encabezar la oposición contra el gobierno de Bolsonaro y contra toda la envejecida casta política burguesa. Despertar detrás suyo la insatisfacción y la revuelta de las mayorías populares y oponerse al proyecto destructivo de Bolsonaro y de los grandes empresarios.

No hablamos de un retorno a los tiempos del lulismo, un tiempo que no vuelve más, de bonanza económica y un proyecto de conciliación de clases con las élites que hoy apoyan a Bolsonaro, hablamos de un proyecto radicalmente opuesto al de las élites.

No podemos dar por sentado que la fuerza del sector educativo, por sí misma, basta para derrotar al gobierno de Bolsonaro. No podemos caer en el cuento de que las negociaciones con Maia y con toda la escoria parlamentaria, van a ser decisivas para nuestro triunfo. Lo que estos señores dan con una mano, la quitarán con la otra. La reforma previsional será un ataque tan duro como contra los recortes en educación ahora.

Todo lo que están recortando y los ataques a las jubilaciones sirven para seguir pagando la deuda pública, que todos los gobiernos anteriores también pagaron. Las direcciones de la UNE [sindicato estudiantil] y de las centrales sindicales CUT y CTB - ligadas al PT y al PCdoB - van a pelear ahora para mantener el movimiento estudiantil dentro de una lucha meramente corporativa, solo en defensa de la educación, mientras que llevan la lucha contra Bolsonaro a una negociación a espaldas del movimiento en el Congreso sobre los términos de la reforma previsional.

En ese juego el PSOL (Partido Socialismo y Libertad) podría cumplir un papel importante para el movimiento, si cambia su política de separar las dos luchas [educativa y previsional], lo que hasta ahora no parece querer hacer.

En la unidad del movimiento estudiantil, que comenzó a levantarse, con todos los sectores de la clase obrera y del pueblo oprimido, es donde está el camino que puede llevarnos al triunfo contra las fuerzas del oscurantismo y de la reacción. Pero antes de que los estudiantes brasileños puedan repetir la célebre frase de los estudiantes franceses de 1968 "trabajadores, tomen de nuestras frágiles manos nuestras banderas de lucha", hay que calibrar mejor las consignas de nuestras banderas.

Hay que exigir que la nueva jornada de lucha para el próximo día 30 de mayo, que ya fue convocada por la UNE, se transforme en un día de huelga general. No podemos esperar hasta el 14 de junio, fecha de la convocatoria de las centrales sindicales a una acción contra la reforma previsional, para unificar las luchas.

La lucha en defensa de la educación tiene que ser articulada con banderas que defiendan los intereses de toda la población. El primer paso, más elemental, es transformar en una bandera de la juventud la lucha contra la reforma previsional, y abrir un camino de diálogo con las mayorías populares: ¿quién va a pagar el costo de la crisis económica? Que sean ellos, los ricos y las élites que comandan el país.

Este es el llamado que la agrupación juvenil Faísca - Anticapitalista e Revolucionária, hace a todos los estudiantes. Tenemos que hablarle a la juventud que no ha concluido sus estudios, que sufre el desempleo, la miseria y los trabajos precarios, que atacan la educación y la jubilación para beneficiar a un puñado de banqueros que controlan la deuda pública.

Tenemos que dirigirnos a la mayoría de los trabajadores, que ve su nivel de vida decaer cada mes. Si el movimiento estudiantil abre este camino, si puede ser y aparecer como el mayor defensor de los intereses de la mayoría, si logra sacar al menos una parte de esa mayoría de la pasividad y de traerla hacia una lucha común, ahí sí, Bolsonaro tendrá que enfrentarse contra un verdadero tsunami.






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