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El desvío catalán entra en la ecuación de la restauración conservadora

Los acercamientos entre el PP y CDC, más allá de en que posición de voto se concretan en la investidura, abren la puerta al desvío de la cuestión catalana por el que Mas viene trabajando desde 2012.

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Jueves 21 de julio de 2016 | 12:09

Foto: EFE

La próxima semana comenzará la primera ronda de contactos entre el Rey y los portavoces de los distintos partidos. Felipe VI recibirá a todos excepto a EH-Bildu y ERC, los únicos que han declinado pasar por Zarzuela y participar de la mediación que la Constitución del 78 otorga a la Corona para facilitar la formación del gobierno. El resto de partidos, incluido Unidos-Podemos, En Comú Podem y los “independentistas” catalanes de CDC, como ya pasara en enero, aceptan sin rechistar esta competencia bonapartista de los Borbones.

La reciente votación sobre la mesa del Congreso ha sacado a la luz una inesperada posibilidad. Los votos a favor de la propuesta pactada entre el PP y Cs de parte del PNV y CDC, previa negociación secreta, abren la posibilidad de que Rajoy logre una investidura que incorpore el apoyo pasivo de los nacionalistas periféricos. Aunque este escenario no está exento de dificultades, ya que de ser un acuerdo explícito y con alguna concesión -aunque sea una mera revisión de la fiscalidad- pone en riesgo el apoyo de su otro gran socio a la derecha, el mismo Cs.

Por lo tanto, el alivio de los dirigentes socialistas por ver más cerca un acuerdo de todas las fuerzas conservadoras debería tomarse con mucha cautela. Si finalmente el apoyo de Cs cae, solamente la abstención del PSOE podría garantizar que no se vaya a unas terceras elecciones. Una prolongación del periodo de interinidad gubernamental que cada día se hace más insostenible política y económicamente para el Estado español, azuzado por un crecimiento de déficit agudo que ha llevado a solicitar dos años de prórroga más a la Bruselas, con el fondo de las pensiones vaciándose -ayer se retiraron otros 1000 millones- y las amenazas de sanción de la Comisión sobrevolando. Necesitan tener gobierno para seguir atacándonos brutalmente.

El escenario sigue siendo un puzzle de muy difícil encaje, todos quieren que gobierne Rajoy, pero ninguno con sus votos. Todos son conscientes que el apoyo al siguiente gobierno, que deberá emplearse a fondo en una nueva tanda de ajustes y contra-reformas, les pasaría una pesada factura en el futuro inmediato.

Sin embargo, y más allá de cómo se resuelva este sudoku o si se resuelve, la novedad de las negociaciones entre CDC y el PP introducen un elemento clave en la ecuación de la restauración conservadora que se viene preparando tras el 26J. Cuando asumió Felipe VI todos los analistas señalaron que su 23F -entendido como el hito que podría legitimar su reinado- sería resolver la cuestión catalana alejando el fantasma del derecho a decidir.

Las negociaciones secretas entre CDC y el PP son sobre todo eso, “secretas”, pero los votos prestados en la votación a la mesa parece que tienen un precio mayor que el acceso a la misma del PNV y el grupo parlamentario propio para CDC. El momento para llevar adelante un gran pacto entre el histórico partido de la burguesía catalana, ahora “refundado” en el Partido Demócrata Catalán, y el gobierno central, que pueda ser vendido como un sustitutivo de las aspiraciones de millones al derecho a decidir parece acercarse. El estancamiento de la hoja de ruta de Mas-Puigdemont, tras cuatro años jugando al “día de la marmota”, la subordinación total de ERC a esa hoja de ruta, la separación de la CUP -hasta el momento- y sobre todo el desgaste acumulado en el movimiento por el derecho a decidir, que este año ni siquiera está organizando una acto de protesta digno de tal nombre para la Diada, son un el mejor marco desde 2012 para que CDC pueda justificar que no se puede llegar a más que a un nuevo pacto fiscal.

La semana que viene la Corona se empleará a fondo, junto con el PSOE y el PP desde costados opuestos, para que el viernes haya un borrador capaz de garantizar algunos elementos claves de la restauración del Régimen del 78 en clave abiertamente continuista y conservadora. En primer lugar, que se supere el empate parlamentario y se pueda formar un gobierno con la mayor estabilidad posible, pero tratando a su vez de salvaguardar al recambio “natural” -el PSOE- del desgaste gubernativo. En segundo, y aquí está la mayor novedad, que este nuevo gobierno se proponga avanzar en cerrar en falso la cuestión catalana en acuerdo con CDC.

Si sale o no sale, es hoy por hoy una incógnita. Pero no es imposible. La principal fortaleza para que los planes de Zarzuela, Rajoy, Sánchez y hasta Mas-Puigdemont, salgan adelante es que por el momento toda la crisis política está contenida por arriba. La crisis de representación que abrió el 15M y las respuestas a los planes de ajuste fue desviada y contenida ya desde 2013 y 2014 por la acción combinada de la burocracia sindical y la ilusión gradualista y cada vez más adaptada al régimen que culminó con la campaña de Unidos-Podemos. La emergencia de la cuestión catalana lo ha sido por la hábil maniobra de CDC y Mas de ponerse a la cabeza, desactivar el movimiento reduciéndolo a una manifestación al año y confinarlo a la vía institucional y de negociación con el Estado, siempre “con la venia” del resto del bloque soberanista, desde ERC hasta la CUP, aunque en el último tiempo importantes sectores de ésta vienen cuestionando las consecuencias de esta “mano extendida”.

Sin embargo, que una “salida” por arriba pueda ser articulada no le da a ésta necesariamente un carácter ni de estable ni de duradera. Que la crisis del Régimen del 78 haya sido contenida y en gran parte desviada por distintas mediaciones nuevas -Podemos- y viejas -la misma CDC o el PSOE “restaurado” como socio deseado por el mismo Pablo Iglesias-, no viene acompañado de ninguna concesión digna de tal nombre.

En el plano catalán la profundidad de las aspiraciones democráticas difícilmente se contengan con un pacto fiscal, que era la propuesta de salida de CiU en 2012 y que fue sobrepasada por la histórica Diada de aquel año. En todo el Estado el nuevo gobierno y las propuestas de reforma política cosmética vendrán acompañadas de una nueva ofensiva contra las condiciones de vida de los trabajadores y sectores populares, en el marco además de un previsible recrudecimiento de la crisis económica internacional y de la misma UE.

Felipe VI querrá empezar a jugar la semana que viene un rol similar al de su padre cuando optó por la vía Suárez hace justo 40 años. Pero esta segunda Transición, como la primera, no está escrita de antemano. Ellos tratarán de seguir un guión para que sea lo más gatopartista posible, e incluso para que sea obra exclusiva de los agentes del mismo Régimen del 78. Unidos-Podemos reclamará un asiento en la mesa del “nuevo consenso”, pero sin nada que ofrecer más allá de sus 71 diputados, por negarse hasta el momento a recurrir a reabrir el camino de la movilización social. Es difícil que lo atiendan como atendieron en su día al PCE de Carrillo, que era la pieza clave para desactivar la calle.

La única vía para que esta nueva Transición fracase y se abra una oportunidad para resolver los grandes problemas sociales y democráticos pendientes, pasa porque los trabajadores y los sectores populares intervengan en el guión, y lo hagan de manera independiente, con una programa de clara ruptura política con el régimen y con medidas para hacerle pagar la crisis a los capitalistas.

Lamentablemente la dirección de Podemos e IU no parecen estarse preparando para ésto, si no para actuar como oposición responsable y esperar a una nueva convocatoria electoral en 2 o 4 años. Es necesario exigirles todo lo contrario, que pongan esos 71 diputados y todos los espacios institucionales que han alcanzado para fortalecer la lucha y organización de los trabajadores, las mujeres, la juventud y el resto de sectores populares. Si su discurso de rechazo a esta restauración conservadora quieren que resulte creíble, deben promover un gran movimiento en las calles, los centros de trabajo y de estudio, por imponer un verdadero proceso constituyente libre y soberano, en el que poder discutir sin ningún límite todas las cuestiones.






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