Cultura

ANIVERSARIO

El día que Lorca llegaba a Buenos Aires en los años de la Década Infame

Federico García Lorca llegaba a Buenos Aires el 13 de octubre de 1933 en pleno apogeo de la Década Infame. Seis meses después la ciudad que le dio la primera (y única) consagración lo vio marcharse. El poeta de los que nada tienen elegía volver a una España camino a la revolución.

Lorena Rebella

Docente | Redacción Zona Norte Gran Buenos Aires @lore_rebella

Viernes 13 de octubre de 2017 | 10:49

Fotografía de su llegada a Buenos Aires, En el medio, Lorca. Octubre de 1933

13 de octubre de 1933, es de madrugada y el Conte Grande ancla en el puerto de Buenos Aires. El moderno trasatlántico trae desde España a Federico García Lorca. Es su tercer viaje a América y el primero al Río de la Plata. Antes había estado en Cuba y en Nueva York. Viene por poco tiempo porque quiere regresar pronto a su puesto en La Barraca, junto a sus barracos, sus compañeros y compañeras, en esa compañía de teatro popular y ambulante que dirige junto a Eduardo Ugarte y que se encarga de llevar lo mejor del teatro clásico español a cada pueblo en la península. El poeta piensa quedarse solo lo suficiente, como para dar algunas conferencias y acompañar el éxito que está teniendo su teatro en Buenos Aires, el reestreno de Bodas de sangre y el estreno americano de La zapatera prodigiosa. Sin embargo, su estadía se extiende. Casi que parece que no termina. Pero como en toda narración pasada nosotros, lectores de hechos 84 años después, conocemos el final que cuenta que Federico sí regresa. Durante medio año, hasta los últimos días de marzo de 1934, vivirá en la habitación 704 del Hotel Castelar, sobre la Avenida de Mayo, a escasos 100 metros del imponente Teatro Avenida que hoy continúa funcionando y donde por aquellos días se representaba Bodas de sangre con la actriz Lola Membrives.

La Década Infame y el encuentro entre el poeta y Buenos Aires

Federico García Lorca llega en pleno apogeo del primer golpe de Estado en Argentina que pasó a la historia como la Década Infame. Hacía seis meses se había firmado el pacto Roca-Runciman, conocido como el estatuto del coloniaje por las condiciones humillantes que la clase dirigente había negociado con Gran Bretaña para el pueblo. Ya para aquel 1933, la oligarquía había logrado en parte salir de sus peores momentos de crisis económica y de depresión con un plan de diversificar sus inversiones y desarrollar el mercado interno con la sustitución de importaciones creando cientos de establecimientos productivos. Pero para los trabajadores y las trabajadoras el peor momento no había pasado, no gozaban de esas mejoras. En 1933, la clase trabajadora seguía soportando condiciones de vida tremendas, con un nivel de desocupación nunca antes conocido. Es el momento en que en paralelo la oligarquía y su élite cultural se benefician obscenamente y aparecen en el otro extremo las primeras villas y asentamientos donde vivirán los trabajadores y las trabajadoras que producen en esos cientos de nuevos establecimientos productivos llegados en su mayoría desde el interior del país. El estereotipo del desocupado estructural aparece en esta década. El escritor Roberto Arlt que fue un observador punzante de su tiempo retrató con su famosa aguafuerte, La tragedia del hombre que busca empleo, en el diario El Mundo, el cuadro de situación de los trabajadores desocupados. Este contexto social de la visita de Lorca a Buenos Aires es poco citado por sus biógrafos. La Década Infame había inaugurado la legalización de la tortura con Leopoldo Lugones hijo y la creación de la Sección Especial Contra el Comunismo de la Policía Federal. A la llegada de Lorca, y entre 1933 y 1934, según informes de la época, entre seis mil y ocho mil obreros y obreras pasaron por cárceles y comisarías en las que el sistema de torturas ya estaba en marcha. Ese golpe de Estado había sido apoyado por algunas personalidades del mundo social como el dueño de Crítica, el empresario Natalio Botana, el mismo que recibiría a Federico García Lorca. Claro que un puñado se había opuesto al golpe. Pero había tiempo y dinero para mostrar una Buenos Aires moderna y cosmopolita.

Lorca en todas partes

Narra su biógrafo, Ian Gibson, que ya en el puerto el recibimiento es triunfal. Lo esperan “un nutrido grupo de periodistas, fotógrafos, representaciones culturales y algunos amigos”. También personas de su pueblo natal, Fuente Vaqueros, a los que él recibe afectivamente y con los que se volverá a encontrar porque Federico extraña su tierra. “Me tratan como a un ministro, madre”, dice la voz ficcional de Lorca en la novela de Reina Roffé, El otro amor de Federico. Con esa nota se viste toda su estadía. El 14 por la mañana los diarios titulan su llegada. Su presencia en los medios será una constante en los meses venideros y Federico es toda una figura en los medios de comunicación, en diarios, radios y revistas. “Lorca pronunciando conferencias; Lorca recitando; poemas de Lorca; Lorca tocando el piano; Lorca caminando por la avenida Corrientes o la calle Florida, o reunido con amigos y corifeos en el café Tortoni. Lorca en Tigre. Lorca con Lola Membrives, con Eva Franco. Lorca en tal o cual banquete u homenaje”.

Lorca y Membrives en el Teatro Avenida, en las 100 representaciones de Bodas de sangre, noviembre de 1933

De la élite cultural porteña frecuenta algunas veces a Victoria Ocampo, aunque la revista Sur no publica obra alguna de Federico durante su estadía. Con Borges la relación será casi nula, salvo alguna anécdota que los encuentra juntos. Se dice que a Borges Federico García Lorca no le gustaba ni como poeta ni como persona. También cuenta otro relato que el poeta granadino y Carlos Gardel se vieron al menos una noche y que Federico habría tocado el piano en la casa del morocho del Abasto. De eso daba fe el compositor de tangos Ben Molar. Del que se hizo muy amigo, cuentan, fue de Pablo Neruda, quien en esos años ocupaba el cargo de cónsul por Chile en el país. Ambos grandes admiradores de Rubén Darío, el poeta nicaragüense que había residido por algún tiempo también en la Argentina, al que le harán algún homenaje. Lorca también ilustró un breve libro de poemas de Neruda con sus dibujos en el mes de febrero del 1934.

Lorca y Neruda junto a otros amigos durante su estadía en Buenos Aires, 1933/1934

Éxito de taquilla, ganancias novedosas y sin embargo

El reestreno de Bodas de sangre, a fines de octubre, resulta un éxito rotundo. La obra está varios meses en cartel y supone para Lorca una nada despreciable suma de dinero. Según cita Gibson, Federico pudo enviar una potente cifra a su padre, quien además era de desconfiar del éxito económico que la actividad literaria pudiera brindarle a su hijo o a cualquier otro mortal, estando en lo cierto. En diciembre de 1933, estrena La zapatera prodigiosa con igual éxito, incluso siendo una obra menor y opuesta a Bodas de sangre (una, una tragedia; la otra, una comedia) y anterior a esta. Luego de un receso de verano en el que Federico viaja a Montevideo, donde termina la adaptación de La dama boba de Lope de Vega para el Teatro de la Comedia, vuelve a Buenos aires y la estrena. Pese a todo este éxito y una serie de propuestas tentadoras para el venidero 1934, Lorca –que ya ha retrasado su vuelta una y otra y otra vez– tiene decidido regresar a España.

Federico también aprovecha la prensa porteña para expresar sus opiniones políticas respecto a su país. El granadino nunca oculta su antimonarquismo y la preocupación que tenía por aquellos días ante el avance de la derecha. “Habla una y otra vez de la labor de La Barraca (…) y despotrica contra la burguesía”, escribe un cronista del diario Crítica de Natalio Botana. A Lorca ante la prensa le gustará señalar dos cosas. La primera, que su obra no le agrada a la derecha de su país; la segunda, el desprecio que siente por el teatro burgués. “Yo arrancaría de los teatros las plateas y los palcos y traería abajo el gallinero. En el teatro hay que dar entrada al público de alpargatas. ¿Trae usted, señora, un bonito traje de seda? Pues, ¡afuera!”, dirá al mismo cronista.

Despedida y un hasta luego

El último acto de Federico en Buenos Aires es una puesta en escena del Retablillo de don Cristóbal (una obra de títeres) en la que los muñecos se “ocupan de cosas de Buenos Aires”. Será una función en el Teatro Avenida, exclusivamente para sus amigos y amigas. Horario de inicio: 2 de la madrugada. En el Retablillo nombres aludidos en parodización muestran un poco el abanico de la Buenos Aires cultural y letrada de aquel 1933/1934 y el humor de Federico en las cosas pequeñas que encierran críticas al arte como “las distintas formas de roncar conocidas por el público porteño”. Entre ese público amigo están nombres que hoy conocemos de libros leídos, Oliverio Girondo, Conrado Nalé Roxlo, Raúl González Tuñón, Norah Lange.

Federico García Lorca, recitando poesía en el Teatro Avenida, 1933

Cuando Federico García Lorca se embarca, el 27 de marzo de 1934, les deja a sus amigos un sobre, a Neruda más precisamente, donde dice “Para seguir la fiesta”. Se trata de un sobre con mucho dinero para gastar de fiesta en fiesta, de función en función. El poeta se vuelve a la cosa seria no por eso menos feliz ni menos intensa, sino todo lo contrario.

26 de marzo de 1934. Lorca se despedía con una función de títeres de cachiporra para sus amigos en el Teatro Avenida

El boom por ese encuentro Lorca – Buenos Aires y el circuito que lo recrea

En los últimos años, sobre todo para cuando se cumplieron los 80 años de su visita a Buenos Aires, se formó una especie de circuito cultural, una vuelta a esos días de Federico en la Argentina. Obra de teatro, tour turístico, una novela, entrevistas, decenas de reseñas, artículos varios en internet, todo esto puede leerse/verse/visitarse acompañado de la parte que el biógrafo Ian Gibson le dedica al período de Federico en Buenos Aires en su extensísimo libro, Federico García Lorca.

Una recorrida por los días de Federico en esta ciudad es hurgar con curiosidad explorando una época que tuvo al poeta andaluz como protagonista de la actividad social y cultural de la Argentina de los años´30 con su mundo literario y de otras artes; es zambullirse en las amistades construidas con otros artistas con nombres de peso como Neruda o Girondo, en la consagración y el éxito económico que le vino a Federico de la mano de Bodas de sangre, de la actriz Lola Membrives y de su esposo, un inteligente empresario teatral. También es pensar en Yerma, su próxima tragedia, que Federico no logra terminar durante su estadía en Buenos Aires debido a la vorágine a la que se ve llevado de conferencia en conferencia, de tertulia en tertulia, de homenaje en homenaje. Pero también puede ser, si se elige, la de meterse en el relato que se puede armar de a retazos y a caballo de las propias contradicciones del artista que vive entre dos mundos a contramano, el de una España que va camino a la revolución, que se está levantando contra la monarquía y contra las élites, y el de la Década Infame argentina, la del régimen de la oligarquía, la de una élite que le mostraba a Federico la cosmopolita Buenos Aires y le ocultaba la de tortura y la persecución política, la de los asentamientos y villas donde vivían cientos de miles hacinados y la del desocupado estructural. Acaso ese cuadro de los de abajo al poeta de los que nada tienen alguna huella puede de haber dejado. Poco y nada quien escribe encontró en las biografías leídas. Un interesante recorrido que se podría realizar.

Para leer, ver y visitar

*Sobre Federico García Lorca en Buenos Aires

Gibson, Ian: Federico García Lorca, Crítica, Buenos Aires, 2011 (biografía)

Joffé, Reina: El otro amor de Federico, Plaza Janés, Buenos Aires, 2009 (novela)

Habitación-museo de Federico García Lorca en el hotel Castelar

Federico García Lorca, Poeta en Buenos Aires, 2017 (teatro)

HAB 704, 2015 (teatro-musical)

García Lorca en Buenos Aires, 2017 (teatro)

Tours: Federico García Lorca y la Av. de Mayo (Buenos Aires Ecléctica, 2017)

*Sobre la Década Infame

Rojo y otros: Cien años de historia obrera en la Argentina 1870-1969. Ediciones IPS, Buenos Aires, 2016






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