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ESCUELA VERANO CUP

El mandato del 3 de octubre: un debate sobre las lecciones del otoño catalán

En el marco de la Escuela de Verano de la CUP se celebró la mesa “El mandato del 3 de octubre”. Referentes de la izquierda independentista, anticapitalista y los Comunes debatieron sobre las lecciones de aquellas jornadas y las hipótesis de futuro para retomar la lucha por el derecho a decidir.

Domingo 15 de septiembre | 15:13

Foto: ID.es

Este pasado fin de semana la CUP realizó su Escuela de Verano. La Granja del Pas de Sabadell acogía el viernes y el sábado diferentes mesas de debate sobre feminismo, juventud, la crisis climática o las nuevas formas de precariedad laboral, entre otros tema. La sesión de la tarde del sábado se realizó el debate que llevaba por título “El mandato del 3 de octubre”, una reflexión sobre la huelga general que siguió al referéndum del 1 de octubre y que marcó el momento culmen del otoño catalán.

En una mesa moderada por Laure Vega, tomaron la palabra Xvier Domènech -exdiputado de En Comú Podem entre enero de 2016 y 2018-, Laia Facet -miembro de Anticapitalista- y Vidal Aragonés -diputado de la CUP en el Parlament catalán-.

Domènech partió de reconocer el “binomio del 1 y el 3 de octubre” como el momento más álgido del movimiento soberanista catalán. Lo fue así por su masividad, las muestras de autoorganización y, sobre todo, por ser el momento en que el Estado “perdió la hegemonía”. Por un lado esto quedó en evidencia con el hecho de que hubo urnas, algo que desdecía lo que el gobierno del PP, por medio de su vicepresidenta Sáez de Santa María, venía sosteniendo “en público y en privado”: que no habría referéndum.

Por el otro, y más importante para el exdiputado, porque las repercusiones de la represión generaron una “opertura de oportunidad”. El mejor ejemplo de ello sería que tanto desde el PSOE como la misma Comisión Europea se emplazó a buscar una salida dialogada. Sin embargo, esta brecha se cerró con el discurso del rey del 3 de octubre. Unas palabras que según Domènech, “ni PP ni PSOE estaban de acuerdo” en que se pronunciaran, y que disciplinaron al conjunto del aparato del Estado detrás de la salida represiva que siguió.

El balance de Domènech es acorde con la posición histórica de su espacio político, los Comunes, que se toca con la del mismo procesismo. Solamente desde algún tipo de acuerdo entre las instituciones catalanas y el Estado central, o una intervención en ese sentido de la comunidad internacional, daría una resolución a las demandas democráticas del pueblo catalán. Una visión escéptica del potencial de la lucha de clases que en la actualidad se traducía en la propuesta con la que cerró su intervención, una rebaja de objetivos – conformarse con la amnistía – para resistir y “acumular fuerzas”.

Le siguió en el uso de la palabra Laia Facet, de Anticapitalistas. Partió del concepto de la construcción y deconstrucción de la correlación de fuerzas, y ligado a ésto, como las extraordinarias jornadas del 1 y el 3 de octubre contrastaban con el ambiente de “mazazo” que se respiraba el 16 en la primera protesta contra el encarcelamiento de los Jordis. Desde su punto de vista tampoco el día 3 había la acumulación suficiente para hacer efectiva la república catalana, algo que achacó, entre otros factores, a la “mala gestión” del día 2, cuando la dirección del procés fue capaz de convertir la huelga general en un lockout patronal.

Desde su punto de vista, “el mandato del 3 de octubre es un mandato antirégimen”. Como principal reto en adelante resaltó superar el aislamiento que la lucha democrática catalana encontró y, en el mismo sentido, la incapacidad desde Catalunya para poder articular un proyecto de república catalana que seduzca también en el resto del Estado con algún encaje confederal.

Vidal Aragonés recordó de donde nació el 3 de octubre. Cómo fue la izquierda independentista, el sindicalismo alternativo y la izquierda anticapitalista, quienes plantearon y convocaron dicha jornada inmediatamente después del inicio de la escalada represiva que inauguró el 20S. A pesar de los intentos de la dirección procesista y la “Taula per la Democracia” -con la presencia de las pequeñas patronales y la burocracia sindical de CCOO y UGT- de transformarla en una “aturada de país”, el día 3 puso a la clase trabajadora en el centro del movimiento.

Para el diputado cupaire esa jornada mostró un camino diferente, en el que la izquierda sindical y la izquierda independentista podrían haber marcado el “terreno de juego”, y que sin la clase trabajadora no iba a ser posible -por su número y posición en la sociedad- poder derrotar al Estado. En sus propias palabras “si hubo un momento donde se podía disputar con el Estado español fue el 3 de octubre. No digo que se podía ganar, pero si hubo un momento de posibilidad de disputar el poder, fue aquel”. Sin embargo, eso no se dió. Sobre esto consideró que había que hacer una “profunda autocrítica” acerca de la falta de una estrategia alternativa de parte de estas fuerzas, en primer lugar la izquierda independentista, y sobre eso plantear una propuesta estratégica que aúne la lucha nacional con las demandas sociales para disputar la dirección del movimiento independentista y el resto de movimientos sociales.

En el turno de debate tomó la palabra Santiago Lupe, militante de la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT). Retomó la discusión de la existencia o no de una correlación de fuerzas favorable en aquella jornada, para abordar que en la construcción o deconstrucción de dicha correlación juegan siempre un papel fundamental las diferentes corrientes políticas.

Señaló a la dirección independentista como un agente directo para desactivar lo que la huelga del día 3 expresaba. La convocatoria de “aturada de país”, un paro patronal, devolvía la iniciativa al Govern y los empresarios y bloqueó procesos de asambleas y autoorganización embrionarios que se dieron en muchos centros de trabajo el mismo día 2. En la misma jornada del 3 desde ANC y Omnium se trabajó intensamente para que no se desbordara la calle, incluído mandar a todo el mundo a su casa para que el discurso del Rey se pronunciara con las calles vacías. Lo sucedido en los días siguientes fue más de lo mismo para Lupe. El haber considerado a estas fuerzas como aliadas, y unido a esto no oponer una hoja de ruta independiente, anticapitalista y de clase para la lucha por la autoderminación, había bloqueado la entrada de la clase obrera con sus métodos e impedido que esa “hoja de ruta” alternativa pudiera disputarle la dirección.

También quiso referirse al otro gran punto débil de aquellos días, el aislamiento de la lucha democrática catalana, pero poniendo el acento en la responsabilidad directa que la izquierda reformista de Unidos Podemos tuvo al respecto. Su negativa a promover ni una sola movilización en solidaridad y dejar correr la represión. Algo, que a muchos pudo sorprender y decepcionar entonces, pero que a día de hoy, viendo a Iglesias declarar que asumiría la política del PSOE respecto a Catalunya si llegara a un gobierno de coalición, es algo naturalizado. Lupe concluyó señalando que esta izquierda cada vez más integrada en el régimen no puede ser tomada tampoco como una alida para retomar la lucha.

En el turno de cierre, algunas de estas cuestiones fueron respondidas desde la mesa. Domènech, aunque no pudo negar la negativa de la dirección de Podemos a realizar ninguna movilización en apoyo al pueblo catalán, quiso reivindicar que mucha gente de la izquierda a la que Lupe había criticado había salido a defender al pueblo catalán en un clima muy hostil. Facet por su parte, concordaba con la crítica, desmárcandose de la política de Podemos -organización de la que eran y siguen siendo parte- y señalando que su grupo sí había tomado parte de las movilizaciones solidarias. Aragonés sobre este punto quiso señalar también la responsabilidad de la izquierda independentista en no haber tenido ni una orientación ni una propuesta capaz de suscitar la solidaridad y alianza con el resto de los sectores populares del Estado.

Cuando ya el reloj se acercaba a las 20 horas, el debate llegaba a su fín. Seguidamente se realizó un breve acto de cierre de la Escuela de Verano, en el que Andrea D’Atri, del Partido de Trabajadores Socialistas -organización hermana de la CRT en Argentina-, trasladó el saludo del Frente de Izquierda y los Trabajadores – Unidad que en la pasada Diada realizó un acto en Buenos Aires por la libertad de los presos políticos junto a CUP-Exterior.

Quedaron un buen número de hilos sobre los que seguir tirando, debatiendo y clarificando, para preparar una izquierda que se prepare para el siguiente periodo sobre las mejores lecciones que los últimos años han dejado en Catalunya y el resto del Estado.






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