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CRISIS SOCIAL

El peor enero desde 2013: más paro y precariedad laboral

La realidad es testaruda: los datos del primer mes de 2019 han sido los peores en 6 años respecto a la pérdida de empleos. La crisis social va a seguir galopando.

Juan Carlos Arias

Madrid | @as_juancarlos

Miércoles 13 de febrero | 15:13

Las previsiones económicas, aunque continúan siendo de crecimiento, llegan con muchas incertidumbres: es un crecimiento cada vez más ralentizado y de baja o nula productividad, lo que indica que probablemente golpeará sobre el empleo. En este contexto el Gobierno de Sánchez se muestra impotente para implementar unos presupuestos más “bluf” que otra cosa.

Lo cierto es que los datos del mercado laboral del mes de enero han desbaratado el discurso predominante que vaticinaba que el desempleo seguiría disminuyendo a buen ritmo, aun con la prevista ralentización del crecimiento económico.

La subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) en 2019 de un 22,3%, ya había sido señalada por algunos sectores (Banco de España, CEOE, Servicios de estudios económicos de los bancos, etc.) como causa de un posible deterioro del mercado laboral, por lo que ahora no dudarán en adjudicarle la pérdida de los empleos.

En 2018 el crecimiento económico ha bajado al 2,5%, es decir, medio punto menos que el PIB de 2017. Esto representa una bajada importante, por lo tanto, con repercusiones directas sobre el empleo que se pueda crear. Para el 2019 se prevé un crecimiento de 2,4%, y para 2020 de tan solo un 2%, o incluso menos. Y a partir de 2020 ya iríamos bajando por debajo eso. Cifras a partir de las cuales es muy complicado asegurar crecimientos de empleo y, en todo caso, en mucho menor volumen y de muy baja calidad.

204.865 afiliados menos, el peor dato de enero desde 2013

El dato obtenido en el mes de enero es muy indicativo porque ha supuesto nada menos que una pérdida de 204.865 afiliados, lo que implica que es el peor enero desde el año 2013, en lo más álgido de la crisis económica. Esto ha supuesto, además, una importante disminución de cotizantes a la Seguridad Social en el mes de enero, 204.865 empleados menos, con la que está cayendo respecto al déficit de las pensiones, hasta descender a los 19.819.300 ocupados. Y teniendo en cuenta que venimos desde los 20,7 millones de ocupados que había antes del inicio de la crisis. Por lo tanto, por el camino se han perdido casi un millón de trabajos. Sin embargo, el Producto Interior Bruto es superior al que se obtuvo en aquellas fechas en unos 50.000 millones respecto a 2008. Por lo que es evidente que las empresas han recuperado la rentabilidad y los beneficios a costa de los trabajadores, que producen más, pero con menos salarios y en peores condiciones laborales.

Respecto al paro registrado también hay malas noticias, ya que el paro registrado se incrementó en 83.646 desocupados más que en diciembre, una cifra nada despreciable. Siendo que ahora la cifra total de desocupados registrados se ha elevado hasta casi los 3,3 millones de parados, lo que implica una tasa de paro del 14,45%.

Los últimos años, además, ha habido mucha creación de empleo, pero muy precario (el 90% de los contratos que se firman son temporales), siendo que un 26,9% del total de los trabajadores tienen un contrato temporal. Por otra parte, asimismo, 2,9 millones de los ocupados tienen jornada a tiempo parcial, aproximadamente el 15% del total.

La creación de empleo durante estos últimos cuatro años ha sido de unos 500.000 empleos anuales de creación media anual, sin embargo, esta creación de empleo tiene los pies de barro. Se ha basado en un crecimiento económico impulsado por los denominados “vientos de cola” (bajos tipos de interés, petróleo barato, compra de deuda del BCE, devaluación salarial brutal, precarización laboral, etc.) y, además, se ha apoyado en el desarrollo de sectores de muy baja productividad y en un impulso de las exportaciones y el turismo que comienzan a mostrar debilidad. Sobre todo, en el campo de las exportaciones ante el frenazo de la economía en la UE, que es donde se dirigen la mayoría de las exportaciones.

La demanda interna, que también comienza a resentirse, y el incremento del gasto público han sido otros de los factores que han contribuido a que la economía creciera en el entorno del 3%. Pero también en este aspecto Bruselas viene reseñando últimamente el alto riesgo por la elevada deuda pública que mantiene la economía española, que debe reducir deuda estructural a marchas forzadas. Lo que parece indicar que irán poniendo coto a las pocas y reducidas alegrías habidas estos últimos años, incluido el incremento de gasto previsto en los presupuestos de 2019 de Sánchez en su última propuesta. Que, aunque insuficiente para atender las necesidades sociales de las clases populares, sin embargo, están algo por encima de las que permite la férrea disciplina presupuestaria de Bruselas y a la que el Gobierno de Sánchez pretende ajustarse en lo fundamental.

Discriminación por sectores de la economía

Los más afectados, como suele ser habitual en el mes de enero, han sido la hostelería y el comercio por la disminución del consumo. En el caso de la hostelería ha disminuido en 44.505 empleos, mientras que en el comercio se ha perdido una cifra muy cercana, bajando en 42.501 cotizantes.

La Administración Pública también ha contribuido al descenso del número de ocupados. La bajada fue de 36.642 trabajadores menos, seis veces más que el año pasado. En sanidad se han perdido 10.074 trabajadores, mientras que en 2018 hubo más bien un pequeño incremento con 246.

La reducción afectó prácticamente a todos los sectores económicos, si bien en menor cuantía que los anteriores. Solo fue positivo en el caso del sector inmobiliario, sin la construcción, que incrementó algo su número de trabajadores, así como en el sector agrícola. Esto remarca como la inversión se está colocando de nuevo en el sector inmobiliario, y agitando, de nuevo, el peligro de una burbuja inmobiliaria, en este caso sobre el alquiler, dadas las dificultades todavía existentes para lograr créditos para la compra de vivienda.

En este contexto se sitúa el crecimiento del salario mínimo interprofesional del 22,3%, hasta los 900 euros mensuales brutos, dado que éste ha sido el primer mes con la aplicación ya de esa subida del salario mínimo. Siendo todavía pronto para evaluar el impacto que pueda comenzar a tener sobre el desempleo esa subida salarial, de momento los datos de bajada de empleados se concentran en sectores que por sus bajos niveles salariales sí se ven afectadas por esa subida, dado que en muchos casos cobran salarios mínimos.

La cobertura a los parados continúa siendo muy baja

Respecto a la cobertura a los parados, según los últimos datos está alcanzando al 60,4%, lo que supone una ligera subida de dos puntos más respecto al mismo mes del año anterior.

Sin embargo, el gasto anual destinado a prestaciones para los parados en 2018 fue de 17.470 millones, prácticamente idéntico a lo gastado el 2017. Dado que ha habido un número menor de parados, podemos concluir que la mejora relativa obtenida deviene más de la reducción del número parados que de mejoras en atención a estos.

Además, no deja de ser preocupante que todavía esa cifra de cobertura implique que prácticamente 4 de cada 10 parados no reciban ninguna compensación económica. La situación alcanza una enorme gravedad si tenemos en cuenta que, por ejemplo, en el mes de enero de 2013 la cobertura alcanzaba al 80,9% de los parados, es decir prácticamente 20 puntos más que ahora. Además, se ha venido cronificado una bolsa de paro de larga duración, prácticamente permanente, que se refleja en que algo más de 1 millón de hogares tienen todos sus miembros en paro y que, al menos, 593.500 hogares no disponen de perceptor alguno de ingresos. Una situación realmente insostenible.

En consecuencia, resulta muy factible la posibilidad de que la situación laboral se deteriore aún más, dada la ralentización económica que se viene manifestando en el conjunto de la UE, y que, por lo tanto, se incrementen los niveles de precarización y los ataques a los derechos laborales de los trabajadores.

Las cúpulas sindicales, por otra parte, son cómplices de la situación de precarización, devaluación salarial y grave pérdida de derechos de los trabajadores durante estos últimos años, por haber firmado acuerdo tras acuerdo con los gobiernos de Rajoy y la CEOE, sin ningún tipo de movilización digna de tal nombre. Incluida la imposición de la reforma laboral que no mereció más de dos huelgas generales hechas a regañadientes. Y finalmente aceptada de facto, como se demuestra ahora cuando tan solo exigen al Gobierno de Sánchez una reforma parcial de la misma. Algo que ni siquiera han logrado por el momento.

Aunque ahora estén planteando algunas movilizaciones con una gran concentración de delegados de CCOO y UGT a celebrar el próximo viernes en Madrid, para presionar al Gobierno de Sánchez para que lleve adelante las modificaciones, siguen sin ser creíbles respecto a su determinación real de acabar con los ataques y revertirlos. Puesto que han venido firmando acuerdo con acuerdo con el Gobierno de Rajoy y siguen dispuestos a hacerlo, todavía más con el Gobierno de Sánchez. Y teniendo en cuenta que, además, vienen planteando una huelga de tan solo 2 horas para el 8 de marzo, lo que resulta absolutamente indignante para lograr combatir la brecha salarial que padecen las mujeres y la enorme precarización laboral de conjunto y sobre todo de las propias mujeres.

Por ello, solo un frente único sindical que pudiera aglutinar al sindicalismo alternativo junto a las bases de los sindicatos CCOO y UGT, construido sobre la base de las asambleas de trabajadores que planteara un programa de movilizaciones para encaminarlas hacia una huelga general, podría comenzar a modificar la relación de fuerzas para revertir los ataques perpetrados contra la clase trabajadora y poder, incluso, avanzar hacia la obtención de nuevas conquistas sociales y laborales en beneficio de la clase trabajadora.






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