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Elecciones en el Reino Unido: el futuro del Brexit en juego

Este jueves el Reino Unido vuelve a las urnas por tercera vez en cuatro años y está en juego su permanencia en la Unión Europea. Desde el referéndum que en junio de 2016 resultó favorable al Brexit, el Reino Unido atraviesa una crisis política donde ningún de los principales partidos y sectores políticos logró juntar la fuerza suficiente para definir el asunto.

Diego Sacchi

@sac_diego

Jueves 12 de diciembre de 2019

La elección aparece como la más importante en décadas. En juego está un posible Brexit rápido y con consecuencias imprevisibles, que promete el actual primer ministro, Boris Johnson, o la salida que propone el líder laborista Jeremy Corbyn, que incluye un nuevo referendo e incluso posibilidad de permanecer en la Unión.

En juego está también el futuro político de ambos líderes en sus partidos. Por un lado, si Johnson no logra un triunfo que asegure la mayoría parlamentaria, su continuidad al frente del Partido Conservador quedaría minada además de poner en cuestión el giro pro-Brexit que le imprimió a ese partido. Por otro, de no triunfar Corbyn, vería seriamente cuestionado su liderazgo y su intento de mostrar al laborismo con un discurso de reformas sociales. Más a mediano plazo esta elección puede ser clave para la integridad del Reino, abriendo nuevamente la posibilidad de un intento independentista de Escocia.

Las encuestas le dan hasta el momento una clara ventaja a Boris Johnson. Si el cómputo final refleja estos sondeos, Johnson obtendría una mayoría absoluta y el parlamento podría ratificar su acuerdo de separación de la UE, llevando a que el Reino Unido salga del bloque europeo el 31 de enero.

Pero teniendo en cuenta los antecedentes de grandes errores de las encuestas, Boris Johnson podría quedar solo con una primera minoría e incluso Corbyn dar un batacazo que no predice nadie, abriendo la posibilidad a que el laborismo pueda formar un gobierno de coalición o lograr un acuerdo alternativo con los principales partidos de oposición para renegociar un nuevo acuerdo con UE. Incluso una victoria laborista abre la posibilidad de un nuevo referendo que incluiría la posibilidad de permanecer en la UE como si nada hubiera pasado.

Una clara victoria de Johnson le permitiría al actual primer ministro concretar su principal promesa de campaña, llevar adelante el Brexit, pero esto no resuelve el problema. El acuerdo que consiguió Johnson en octubre con la UE solo establece los términos de la salida del Reino Unido del bloque: no estipula qué tipo de relación tendrán hacia adelante. Esto es algo que preocupa a los grandes capitalistas británicos que gozan de una relación privilegiada con el bloque europeo, al que se dirige gran parte de sus exportaciones, para no hablar de la City de Londres que ha oficiado de principal plaza financiera de la UE. Esto a cambio de un incierto acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, que tiene como única garantía la endeble promesa de Donald Trump.

El sistema electoral británico vuelve imprevisible el resultado final. En el Reino Unido se votan los diputados que representarán en el parlamento a cada una de las 650 zonas electorales en que se divide el Reino. Cada zona es una verdadera batalla que se define por el sistema que permite al que gana la zona llevarse el escaño. El que pierde, aunque sea por un voto, se queda sin nada.

Con este sistema, la posibilidad de una votación pensada para beneficiar a tal o cual candidato puede inclinar la balanza en unos 50 escaños. El mismo Boris Johnson corre peligro en su escaño de Uxbridge y South Ruslip, oeste de Londres. Un grupo local está haciendo campaña para favorecer al candidato laborista, Ali Milani, un joven de 27 años que, a diferencia de Johnson, nació y creció en la localidad. Johnson obtuvo esa banca por una diferencia de cinco mil votos, exigua para una elección polarizada y volátil.

Si Johnson pierde su lugar en el parlamento no podrá ser primer ministro por más que los conservadores obtengan una mayoría parlamentaria, un escenario que no ha sucedido hasta ahora en el Reino Unido.

En una elección tan disputado los llamados “escaños marginales”, aquellos que se logran por una diferencia mínima, se han transformado en vitales. Lo que explica la intensa campaña que Conservadores y Laboristas mantienen desde hace semanas.

Incluso la posibilidad de que partidos menores hagan una buena elección podría cambiar el resultado general. Si los liberales demócratas pueden hacer daño a las aspiraciones laboristas, el Partido del Brexit del ultranacionalista Nigel Farage (3%, según los sondeos) puede perjudicar a los conservadores en las circunscripciones donde ha decidido presentar candidato.

Johnson apostó a la polarización, una estrategia útil para ganar elecciones, pero como muestran los gobiernos de Trump o Bolsonaro, no aseguran una hegemonía suficiente para lidiar con los desafíos de los explotados.

Hasta ahora, la burguesía británica contó con el hándicap que le ha dado el Partido Laborista, que bajo la dirección del ala izquierda de Jeremy Corbyn ha actuado como un factor de moderación en la situación caótica del Brexit.

Si una victoria de los Conservadores conlleva el peligro del imprevisible Brexit que propone el actual primer ministro, un triunfo del laborismo no genera confianza en los grandes capitalistas que ven en la posibilidad de que Corbyn llegue a ser primer ministro, no porque tenga una estrategia distinta a la colaboración de clases tradicional del laborismo, sino porque su programa que incluye renacionalizaciones y ciertas medidas de un tibio reformismo. En última instancia, es el temor de siempre de los burgueses: que la combinación catastrófica de ilusiones y crisis de los de arriba termine motorizando la lucha de clases.






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