100 TRABAJADORES PERDIERON SU EMPLEO

La Justicia reabre el caso por el cierre de la planta de Cacaolat en Zaragoza

La Audiencia Provincial de Zaragoza reabre el caso del cierre de la planta de Cacaolat en Utebo (Zaragoza). Su historia refleja cómo para la patronal los trabajadores somos simples números en sus balances.

Carlos Muro

@muro_87

Martes 21 de junio de 2016 | 11:10

A finales de mayo de este año los ex trabajadores y trabajadores recibían la noticia de que la Audiencia Provincial de Zaragoza reabre el caso por el cierre de Cacacolat. Esta será la segunda vez que se reabre el caso y vuelve al Juzgado de Instrucción número 8 de la capital aragonesa.

Su historia se remonta a principios de 2011, en el marco de los años más duros de la crisis. La patronal de Cacaolat, Nueva Rumasa, tenía dos centros de trabajo: Barcelona y Utebo. Con la excusa de sus bajos beneficios, se declaró en concurso de acreedores el 15 de marzo de ese mismo año, poniendo en venta la planta.

El 23 de febrero de 2012 la planta es comprada por grandes multinacionales como Cobega (distribuidora y embotelladora de Coca Cola), Damm y Victory Corporate Turnaround. Con la permisibilidad de la burocracia sindical de UGT, no solo se permitió la venta de la empresa, sino que se evitó que los trabajadores y trabajadoras se movilizasen.

Las condiciones que debían cumplir los nuevos dueños era invertir 4 millones de euros para mejoras tecnológicas. Pero como los mismos trabajadores denunciaron entonces, estas condiciones no iban a ser cumplidas por los dueños haciendo lo mismo que los anteriores.

Dicho y hecho, la nueva marca “Planta Lechera Utebo SLU” presentó el 29 de mayo de 2013 el primer ERE para el 60% de la plantilla. El 4 de octubre se inició un segundo y definitivo despido colectivo que llevó al cese de actividad el 5 de noviembre de 2013. En total, alrededor de 100 trabajadores perdieron su empleo, recibiendo una compensación de 33 días por año trabajado.

La burocracia sindical traicionó nuevamente a los trabajadores, ayudando a los nuevos dueños a realizar la restructuración de sus negocios: trasladar su producción a la planta de Barcelona y ahorrar costes cerrando la de Zaragoza. Maniobras empresariales típicas que se vivieron en infinidad de casos en los años más convulsos de la crisis, y que aún se siguen empleando gracias a la colaboración de las dos grandes centrales sindicales, CCOO y UGT.

Al mismo tiempo que sucedía todo esto, se conocía la salida a bolsa en Londres, Ámsterdam y Nueva York de la embotelladora y distribuidora de Coca Cola más grande de Europa, Coca Cola European Partners, de la que forma parte la española Coca Cola Iberian Partner. La misma que cerró tres plantas y despidió a cientos de trabajadores en todo el Estado. Incluso se estimó que la nueva planta iba a facturar 11.000 millones de euros.

El caso de Cacaolat es la historia de un grupo de trabajadores y trabajadoras, en el que bien se pueden sentir reflejados miles. Durante los años que llevamos de crisis éstas han sido las prácticas de las empresas para ahorrar costes y seguir manteniendo sus beneficios a costa de los trabajadores. Para ello contaron con la complicidad de las burocracias sindicales, que lo único que han hecho es favorecer los negocios patronales con argumentos mezquinos de que “no hay alternativa”.

Pero frente a este caso y muchos más, sí hay alternativa: enfrentar con la lucha los despidos y las rebajas salariales, al mismo tiempo que se exige la apertura de los libros de contabilidad de las patronales para comprobar los balances de la empresa. Sí la patronal quiere cerrar empresas, no hay problema, que se vayan. Los trabajadores ya nos ocuparemos de ponerlas, nosotros mismos, a producirlas al servicio de toda la sociedad.






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