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La formación de Govern en Cataluña reconfigura la estrategia de pactos del PSOE y Podemos

Tras el pacto de gobierno en Catalunya la presión a favor de un gobierno del PP aumenta. En el PSOE las voces partidarias de una “gran coalición” o dejar gobernar al PP ganan peso. El gobierno “progresista” a la portuguesa con el que sueñan Iglesias y Sánchez se dificulta

Ivan Vela

Barcelona | @Ivan_Borvba

Lunes 11 de enero de 2016 | 20:37

El pasado domingo, contra todo pronóstico y en el “tiempo de descuento”, JxSí y la CUP-CC llegaron a un acuerdo para formar Govern e investir a Carles Puigdemont, entonces alcalde de Girona, como nuevo President de la Generalitat. Como era de esperar, este hecho ha provocado que la estrategia de pactos de los diferentes partidos para llegar a Moncloa se vea condicionada.

Si bien aritméticamente las cosas se mantienen tal y como se dibujaron el pasado 20D, los nuevos acontecimientos en Catalunya han reforzado unas “líneas rojas” que en los últimos días parecían quedar difuminadas por la voluntad de pacto de Sánchez e Iglesias. En este nuevo tablero el PSOE es la formación que menos ha tardado en expresar sus tensiones.

Desde que en las pasadas elecciones generales los socialistas obtuvieran sus peores resultados desde la instauración del Régimen del 78, los “ruidos de sable” de los barones no han cesado en Ferraz. Encabezados por Susana Díaz, varios de ellos pusieron en tela de juicio el liderazgo de Pedro Sánchez y su capacidad de remontar electoralmente en unas hipotéticas elecciones anticipadas. Sánchez consiguió frenar este asalto con la postergación del Comité Federal hasta finales de este mes de enero, y por ende el 39º Congreso del partido hasta que la “situación institucional se decida”. Lo que es lo mismo, hasta que se forme gobierno o bien haya elecciones anticipadas en las cuales él sería de nuevo el candidato socialista.

La “línea roja” trazada por los líderes regionales socialistas para crear una alternativa de gobierno frente al más que posible fracaso de Rajoy, tenía tan un eje claro: no ceder frente a la propuesta de referéndum en Cataluña. Una “linea roja” por otra parte totalmente compartida por Pedro Sánchez y todas las “familias” internas. Un hecho que había llevado en los últimos días a que Iglesias empezara a rebajar su tono de exigencia al respecto y a mostrarse dispuesto a fijar otras prioridades para el acuerdo.

Podemos, el principal interlocutor de Sánchez para la formación de gobierno, mantiene la defensa del derecho a decidir para Cataluña. Aún así, su estrategia para conseguirlo -por medio de un pacto por arriba con uno de los dos principales partidos del régimen político que lo niega- convierte esta defensa en una política cosmética o un “brindis al sol”. Muy útil electoralmente en Catalunya, pero con una negativa total a mover un dedo para promover movilizaciones en favor de ese derecho democrático elemental, sin lo cual es completamente utópico pensar en su consecución.

Para el PSOE el solo sostenimiento de la propuesta de referéndum constituye un muro insalvable para la negociación entre ambas formaciones. Esto, sumado a la compleja aritmética surgida del 20D, parecía llevar al Estado español a unas nuevas elecciones anticipadas.

Pero fue Podemos quién intentó desatascar esta situación, asegurando que en las negociaciones “se puede hablar de todo”, rebajando su tono de exigencia y poniendo en marcha una estrategia de acercamiento al PSOE. El sueño de un pacto a la “portuguesa” que el propio Vara, ex-presidente de la Junta de Extremadura, auguraba, parecía estar más cerca.

Pero la investidura de Puigdemont el pasado domingo es un nuevo obstáculo a esta hipótesis de gobierno “progresista”. La formación de gobierno en Catalunya fortalece las voces dentro del PSOE en favor de permitir un gobierno del PP y robustecer así el bloque “constitucionalista” contra el proceso catalán que ya selló Sánchez con Rajoy y Rivera después del 27S.

Dentro, de Podemos, Pablo Iglesias, Errejón y el resto de su dirección, no cuentan tampoco con mucho margen de maniobra en este asunto. Aunque en los despachos de Madrid optaran por rebajar aún más su defensa del derecho a decidir, su marca en Cataluña, En Comú Podem -que aspira a tener grupo parlamentario propio-, no parece dispuesta a aceptar un gobierno de Pedro Sánchez que no incluya el referéndum.
Además del apoyo de Podemos, en la carambola de pactos que requería Sánchez para alcanzar la Moncloa serían necesarios los votos de CDC o ERC.

Pero esto es harto difícil de aceptar para uno de los dos partidos históricos “garantes” -junto a la Corona- de la “unidad de España”. En palabras de un dirigente socialista: “Cómo explicamos ahora que los que buscan la independencia en cuestión de meses son los que facilitan que lleguemos al Gobierno". Por no hablar de las complicaciones para que los dos partidos integrantes de JxSí y que forman el govern catalán actual aceptasen sumarse al carro.

Desde Ferraz, los miembros más cercanos a Pedro Sánchez aseguran que “la situación es más difícil, pero no hay que volverse locos”. El mismo candidato socialista ha remarcado, en una entrevista en la Cadena Ser, que “lo último que necesita España es un pacto de confrontación” y que se mantiene firme en su negativa a “facilitar un Gobierno de Mariano Rajoy”.

En la misma línea se ha expresado el ex Lehendakari Patxi López, actual Secretario de Acción Política y Ciudadanía del PSOE. En una entrevista concedida a El País, López ha asegurado que “no hay posibilidad de entendimiento entre PP y PSOE” y que la posibilidad de una gran pacto entre ambas formaciones ha sido desmentida por el PSOE “desde el minuto uno”. El toque irónico del día, viniendo del candidato del PSE que pacto en Euskadi con el PP para llegar a la presidencia del País Vasco.

¿Cómo se resolverá el entuerto? Difícil jugarse a una hipótesis. La inestabilidad institucional y la crisis de gobernabilidad son una buena muestra del grado de profundidad de la crisis del Régimen del 78. En los próximos días el PSOE y Podemos tendrán que dibujar una nueva hoja de ruta para sus negociaciones que estará completamente condicionada por la situación en Catalunya.

El previsible salto en lo inmediato en la tensión entre el govern catalán y el Estado central que empuja al PSOE a actuar abiertamente como lo que es -un partido clave del Régimen del 78-. Las dificultades de Podemos para hacer un “donde dije digo digo Diego” -de los que nos tienen ya acostumbrados sus dirigentes si al programa nos referimos- respecto al referéndum son también mayores. Ambos elementos hacen cada vez más complicado un pacto a la “portuguesa” como el que en los pasados días soñaban Sánchez e Iglesias.






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