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Las auxiliares de residencias queremos la compensación pero también acabar con la precariedad

Por una compensación para el personal de las residencias, indiferentemente de si son públicas o privadas y al conjunto de toda su plantilla, pero sobre todo exigimos y luchamos contra la precariedad laboral en nuestro sector.

Miércoles 17 de junio de 2020 | 10:45

Soy Laia Forner, tengo 35 años y soy auxiliar de geriatría en una pequeña residencia de gente mayor en Barcelona. Y sí, soy parte de esta gran masa de población que se ha situado en primera línea en tiempos de pandemia.

Justo un día después de conocerse que el personal de las residencias de abuelos y abuelas también recibirá una compensación del Govern de la Generalitat por su exposición frente el Covid-19, empezaban a salir todas las dudas en el sector. De la misma forma que pasa con el personal sanitario en los hospitales.

Según el departament de Salud de Vergés, la retribución será en función de las plazas públicas que tenga cada residencia en concreto y también dependiendo de la categoría del personal.

¿Qué quiere decir esto? ¿Es que las plantillas de los centros privados o con un número limitado de plazas públicas no han sufrido las consecuencias del coronavirus? Centenares de compañeras se han contagiado y todas, absolutamente todas las auxiliares y demás personal hemos tenido que trabajar en unas condiciones laborales pésimas. La carencia de material de protección: EPIs, guantes, gel desinfectante o mascarillas, y sobre todo la reutilización de todos estos enseres, nos ha expuesto como uno de los sectores más indefensos.

¿Y qué pasa con las categorías? ¿Es que el personal de limpieza no está contemplado en esta compensación? Las compañeras han estado también expuestas desde el momento en que comparten con nosotros los mismos espacios y, sobre todo, teniendo en cuenta que en muchas residencias son ellas las que han tenido que pasarse horas y horas limpiando las zonas aisladas. No se entiende que haya una división de la plantilla discriminatoria. Y lo mismo pasa con el personal de cocina.

En muchos casos el personal de las residencias privadas son los que sufren un mayor grado de precariedad laboral. Puesto que, como se ha visto durante estos meses, el sector de cuidados a la gente mayor es un filón que reporta ingentes beneficios a los grandes capitalistas a costa de una mala calidad para los residentes y nulas condiciones laborales para las plantillas.

Mucho antes de la llegada de la pandemia a las residencias, las condiciones laborales ya eran de una precariedad insostenible. Las jornadas eran interminables con horarios de más de doce horas, plantillas reducidas al mínimo en los momentos de mayor carga de trabajo como son las situaciones de higiene o las movilizaciones, y con tareas que no corresponden a las auxiliares como la atención más cognitiva hacia los residentes, el servicio de lavandería o en muchos casos también la limpieza y la ayuda a cocina.

Mientras, los empresarios se llevaban un dineral que pagan las familias por necesidades tan básicas como el derecho a la atención de los más grandes. Una situación que con la emergencia del coronavirus se ha multiplicado por mil.

Es por eso que esta retribución única tiene que ir dirigida hacia todo el sector de las residencias, indiferentemente de si son públicas, privadas, concertadas o con ayudas públicas. Pero sobre todo dirigida hacia el conjunto de toda su plantilla.

Lo más importante hoy es organizarnos en un sector altamente feminizado como el nuestro, donde se trabaja a destajo, con condiciones de explotación, casi sin descansos y por cuatro duros que no nos alcanza ni para que nuestras familias lleguen a final de mes. Todo porque la empresa se llena los bolsillos a expensas de nuestros abuelos y sus familias.

Para acabar con esta precariedad laboral hay que luchar por medidas básicas como es la exigencia de test para todo el personal sanitario, todavía hoy y hasta que no haya un vacuna para hacer frente a la Covid-19, incluido las que trabajamos en las residencias.

Pero es urgente también tomar medidas excepcionales como es que todas las residencias privadas pasen a ser públicas, sin ninguna compensación económica y gratuitas para las familias que se encuentran sin recursos.

Esta es la única forma en que un servicio tan básico como es el del cuidado de los más grandes no se convierta en un negocio millonario por unos pocos ricos y que sean ellos los que paguen esta nueva crisis.






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