Cultura

CRÍTICA DE CINE

“Le redoutable”, luces y sombras del genio de Jean-Luc Godard

“Le redoutable”, escrita y dirigida por Michel Hazanavicius en 2017, nos aproxima a través de las memorias de Anne Wiazemsky a un periodo vital en la carrera y en la trayectoria privada y pública del célebre realizador francés Jean-Luc Godard, tras la mala acogida de su filme “La chinoise”.

Eduardo Nabal

Burgos | @eduardonabal

Martes 18 de septiembre de 2018 | 19:52

El filme, con proclamas maoístas, fue protagonizado, entre otros, por Wiazemsky que fue su mujer a finales de los años 60 y que en sus memorias narra algunos aspectos oscuros de la personalidad del “genio” y “rebelde con causa”.

“Le redoutable” recrea con elegancia cromática y ritmo sólido la atmósfera del periodo que retrata la película, los ademanes de la “nouvelle vague” y sus más y sus menos con la Francia del Mayo del 68. El relato, estructurado con inteligencia, se centra en un Godard algo ególatra, inseguro, contradictorio y políticamente ambiguo, así como su idilio con la joven actriz cuyo amor se va debilitando por los senderos de gloria del director, su complejo mundo interior y unos altibajos existenciales que lo enfrentan incluso a sus compañeros de batalla de la nueva ola francesa delante y detrás de las cámaras. No cabe duda de la aportación del realizador francés a los avances del lenguaje cinematográfico, aunque el filme se centra en su imposibilidad de lograr un cine totalmente “político” a su gusto y de mantener una relación amorosa duradera y sólida.

Con dos magnificas interpretaciones de Louis Garrell y Stacy Martin dando vida a la pareja con sus momentos felices, pero sobre todo sus momentos en pugna por sus diferentes inquietudes vitales, con una cuidada fotografía y un ritmo y una mezcla de humor y tristeza que no decae a pesar de los meandros de la situación. Mezclando con inteligencia la historia del matrimonio y la Historia con Mayúsculas, Hazanavicius, realizador poco conocido, deja ver una gran inseguridad tras la máscara algo pretenciosa del cineasta francés. Un realizador de pensamiento ambicioso que no acaba de unir el cine y la política con resultados óptimos en muchos ámbitos.

Hazanavicius muestra las peores sombras del carácter del Godard mitificado incapaz de afrontar los nuevos pasos de una carrera marcada por la experimentación y las luchas entre el sentimiento y el intelecto, la pasión y la razón, que lo llevan a marcados altibajos en su relación con la que fue nieta de Mauriac y que también apareció en otros filmes importantes del periodo de realizadores franceses o italianos como Bresson o Ferreri.

Hay cierta ironía despiadada en la observación del director del verdadero Godard en las barricadas contra la represión policial, a la vez incapaz de afrontar su propia forma de formar parte de un mundo, el del cine de autor, que ama y detesta al mismo tiempo. Se nos muestra a un joven lleno de tics de genio, con inquietudes socio-políticas reales, pero con gran incapacidad para saber encauzar los diferentes aspectos de su vida y su obra convirtiéndose en un marido celoso y en un hombre a la vez comprometido y desencantado. Algunos de sus filmes, sin duda, supusieron una revolución lingüística y su fuerza transgresora queda intacta otros se han visto lastrados por esa impostura intelectual de “revolucionario chic” que ensombrece también algunos aspectos de su existencia cotidiana.

El filme, un biopic sensitivo y sin pelos en la lengua, además de ser un retrato incómodo y desmitificador del famoso realizador compone un interesante y evocador “collage” de una época turbulenta en la que el cine fue considerado como un arma de contestación social en un París donde se estaban cuestionando desde distintos ámbitos de lucha política y cultural muchas de las reglas establecidas.






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