Política Estado Español

CUMBRE REFUGIADOS

Los alcaldes del cambio participan en una cumbre en el Vaticano

Los alcaldes de Madrid, Zaragoza, Valencia y Barcelona, invitados por el Papa Francisco, participan en la cumbre internacional “Europa: los refugiados son nuestros hermanos”.

Clara Mallo

Madrid | @ClaraMallo

Viernes 9 de diciembre de 2016 | 18:17

Foto: EFE

El Papa Francisco participa personalmente en la cumbre internacional “Europa: los refugiados son nuestros hermanos” organizada por la Academia Pontificia de las Ciencias. El Pontífice ha querido otorgar un especial protagonismo en esta cumbre a los alcaldes y alcaldesas "del cambio" Joan Ribó (Valencia), Manuela Carmena (Madrid), Pedro Santisteve (Zaragoza) y Ada Colau (Barcelona). En la misma se pretende tratar la crisis de los refugiados y "ofrecer soluciones” ante la crisis política, social y humanitaria desatada tras el desplazamiento de más de 125 millones de personas.

Según la invitación oficial emitida por el Canciller de la Academia Vaticana, Marcelo Sánchez Sorondo, es “deseo del Papa Francisco” la participación de estos ediles demostrando así el apoyo de la Santa Sede ante la manera de afrontar la crisis de los refugiados en sus respectivas ciudades.

El Papa ha querido dar una presencia destacada a la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, quién abrió la cumbre con una ponencia titulada La desventurada regulación legal sobre los migrantes.

En la cumbre participan más de 80 alcaldes procedentes de varios países entre ellos los y las ediles de Berlín, Michael Müller; Bruselas, Yvan Mayeur; Manchester, Tony Lloyd; Ginebra, Guillaume Barazzone; Lisboa, Fernando Medina; Roma, Virginia Raggi; y de Atenas, Georgios Karminis.

El Papa Francisco considera “importante que la voz de los alcaldes sea escuchada" ya que ve en ellos “las autoridades más próximas a la ciudadanía”. En un intento de conseguir competencias, la Santa Sede reclama “que se les provea de competencias para atender, acoger y regularizar emigrantes o refugiados”. Se trata de la primera vez que el Papa Francisco se posiciona abiertamente sobre qué instituciones deben liderar la intervención ante la crisis de los refugiados.

Los participantes en la cumbre reclaman mayor autonomía de las ciudades para intervenir en la crisis. Como declaró el alcalde Zaragoza “ver cómo podemos vencer la resistencia de los Estados para que las ciudades puedan gestionar la solidaridad”.En el Estado español en el último año han llegado menos 400 personas habiendo una previsión inicial de acoger a 18.000 personas.

Desde que los alcaldes y alcaldesas "del cambio" tomaron posesión hace ya un año y medio la política de gestos en ciudades como Madrid o Barcelona pasa por presentar a estas ciudades como las mejores para acoger a miles de refugiados. Hace meses que las y los ediles colgaron en la fachada de sus ayuntamientos el cartel de "Welcome Refugees" sin embargo, este discurso encubre una fuerte hipocresía por parte de esos ayuntamientos, tal y como denuncian algunos colectivos de inmigrantes y refugiados.

La realidad es que aunque en los discursos Manuela Carmena, Ada Colau, Pedro Santisteve o Joan Ribó se presentan como regidores de ciudades de acogida y opuestas a las políticas migratorias de la UE, lo cierto es siguen sin contestación los dictados de los pactos de la Unión Europea -por eso no han recibido apenas refugiados- , y mantiene políticas xenófobas y de persecución a los inmigrantes que ya están aquí. La persecución a los manteros en Barcelona por parte del gobierno de Ada Colau, la impunidad de la que goza el Estado en el CIE de Aluche en Madrid, o la no cobertura sanitaria para indocumentados en todas estas ciudades (siendo los consistorios muchas veces parte del patronato de algunos hospitales, como el Hospital del Mar de Barcelona), es la realidad a la que se enfrentan la mayoría de inmigrantes y refugiados.

Esta política de gestos comulga con la línea que el Vaticano parece estar siguiendo frente a la crisis de los refugiados. Desde que estalló esta crisis, el Papa Francisco parece querer liderar una "Europa de los derechos humanos". La posición vaticana en esta cuestión se enmarca en los cambios que el mandato del Papa Francisco y su política de "puertas abiertas"* en la que la Iglesia Vaticana pretende retomar la misión evangelizadora y centrar esfuerzos en ámbitos que habían sido apartados por los papados anteriores como el hambre, las víctimas del tráfico humano y la trata de personas, o los refugiados de las guerras. Una agenda mucho menos conservadora en los debates doctrinarios de la Iglesia. Una iglesia de “puerta abierta” como estrategia para que el mundo laico volviera a tener como referente a la Iglesia católica que tras años de discurso conservador se había convertido en una institución anacrónica.

Pero este cambio discursivo no significa un cuestionamiento real a las políticas de la Unión Europea. Toda una ofensiva xenófoba, racista y discriminatoria contra los refugiados, reforzada tras el acuerdo entre la UE y Turquía, que no es en absoluto cuestionada por la Iglesia






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