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Los medios de escape

Los comunistas, en Hail Caesar! de los hermanos Coen, son caricaturas tontas, pero la película preconiza premisas marxistas básicas. Nota publicada originalmente en Jacobin. Advertencia, contiene spoilers.

Eileen Jones

Jacobin Magazine

Domingo 1ro de mayo de 2016

La nueva película de los hermanos Coen, Hail Caesar! (¡Salve César!, N.delT.) ha sido promocionada como un espectáculo extravagante y desenfadado sobre Hollywood en los años 50, con muchas críticas elogiándola en esos términos: Lou Lumenek del New York Post, por ejemplo, la llama "relajada y divertida", mientras que Peter Rainer de Christian Science Monitor, dice que es "un garabato en el canon Coen". Estas caracterizaciones confusas pueden explicar por qué la película arrancó tan mal. Aunque hasta ahora ha hecho lo suficiente como para cubrir su presupuesto, en los Estados Unidos tuvo "la recaudación de partida más baja de cualquier gran lanzamiento en la carrera del dúo ganador del Oscar".

Hail Caesar! tiene una gran cantidad de pasajes hilarante y deliciosos –especialmente si uno sabe algo sobre la historia de los estudios clásicos de Hollywood– pero es una película demasiado densa e intrincada para el público general, al que le vendieron una alocada comedia bufonesca con George Clooney como una estrella de cine despistada de los 50s desplomándose fuera de su trailer como un árbol talado.

La película tiene un rating de audiencia miserable. La he visto ya dos veces en cines bastante concurridos; La gente ríe libremente en las primeras escenas, pero se hunde en el abatimiento transcurrido un cuarto de película. De hecho, el momento en que la audiencia decide que odia la película es incluso identificable: es la escena en la que, en una habitación llena de comunistas, incluyendo un personaje identificado como Dr. Herbert Marcuse, empieza con una perorata sobre "la dialéctica".

Hay una lección para todos en esto. Si hay algo sobre lo que los norteamericanos no quieren oír –aun en chiste, aun en un momento de creciente afecto por Bernie Sanders y de aumento del interés en el socialismo– es sobre "la dialéctica".
El tratamiento de los comunistas en Hail Caesar! es típico de los Coen: irreverente y cargado de ironía. Cada personaje comunista individual es mostrado como bastante tonto, pero al final de todo se confirma firmemente la verdad de ciertas premisas marxistas básicas.

Esta contradicción aparente se hace eco de las incongruencias más generales de las creaciones de los Coen: con amor recrean viejas películas del género de Hollywood –mostrándolas como surrealistas, divertidas y maravillosas– mientras que al mismo tiempo demuestran cómo éstas son el producto de impiadosas prácticas comerciales mercenarias que generan ganancias a partir del miserable anhelo de escape, confort y trascendencia de la gente.

El protagonista, Eddie Mannix (interpretado con brío por Josh Brolin), ejemplifica la ambigüedad: Mannix es un rígido supervisor de las operaciones del sistema, así como un devoto católico de la vieja escuela que reconoce tanto como explota el anhelo de la gente, que aprueba el modo en que alinea las películas con la religión. Pero al mismo tiempo, es admirablemente fuerte e inteligente, y ama honestamente el cine.

Como señaló Joel Coen en una entrevista recientemente, como "fixer" (arreglador en inglés, personaje usualmente contratado por los estudios en la época para mantener los más impoluta posible la imagen de las estrellas, N.delT.), él es también "la persona sana en un universo demente". "La industria del cine es un manicomio."

El estudio rojo

La trama básica de la película crea una estructura no lineal mientras seguimos el curso de Eddie Mannix, un ejecutivo y "fixer" en Capitol Pictures, que está plagado por una multitud de problemas extravagantes típicos del sistema de estudios de Hollywood de la época.

Su odisea de Hollywood, en su intento apagar múltiples fuegos, incluye ráfagas de hilarante espectáculo en la forma de números musicales, secuencias de westerns de acción llenas de acrobacias, y espectáculos de espadas y sandalias creados en estudios de sonido, sets de exteriores y tomas en locaciones por toda la ciudad.
El personaje de Eddie Mannix está basado en la vida real del homónimo "fixer" de los Estudios MGM, que era mucho más corrupto que esta versión de él. Y muchos de los problemas que afectan a las estrellas en Hail Caesar! están basados en algunos de los escándalos de la vida real de las estrellas de cine de la época.

Los aprietos varios de Eddie incluyen arreglárselas con la embarazada y soltera estrella de los musicales de "ballet acuático" estilo Esther Williams, DeeAnna Moran (Scarlett Johansson), quien dice sobre su ajustado traje de sirena que "no creo que vaya a caber en ese culo de pescado después de esta semana".

Hay entonces una obstinada directriz del presidente del estudio Joe Schenk, que ordena que el rústico héroe occidental Hobie Doyle (Alden Ehrenreich) sufra un imposible drástico cambio de imagen, de modo que pueda llevar un smoking y una estrella en la sofisticada comedia de salón Merrily We Dance.

Y mientras camina entre los estudios de sonido, Eddie es perseguido por las gemelas columnistas de chismes en busca de escándalos, Thora y Thessaly Thacker (Tilda Swinton), quienes están siempre amenazando con revelar la sorprendente verdad sobre cómo la estrella top del estudio Baird Whitlock (George Clooney) consiguió un papel en un film temprano de su carrera, On Wings As Eagles (En alas como águilas, N.delT.).

Mannix también es acosado por fuerzas exteriores al estudio. Un ejecutivo de Lougheed Aircraft Manufacturing lo está presionando por una respuesta a una lucrativa propuesta de trabajo en esa compañía. Él está tratando desesperadamente de dejar de fumar en un mundo adicto al cigarrillo, pues le ha prometido a su esposa que lo haría.Y entonces se da una tormenta de intenso catolicismo que lo compele a la confesión aproximadamente cada 24 horas, hasta que incluso su sacerdote, hastiado, le dice que "es demasiado pronto".

Pero lo más difícil de todo es el secuestro de Baird Whitlocken el set de la película de prestigio más costosa del estudio del año, una lujosa épica bíblica titulada Hail Caesar! A Tale of the Christ (Ave César! Un cuento de Cristo, N.delT.).

Es que resulta que Baird Whitlock fue secuestrado por comunistas que aparecen tan ridículos como la mayoría de los demás personajes de la película. Los ciudadanos dedicados de la extrema izquierda que carezcan de sentido del humor pueden sentirse gravemente ofendidos por los chistes de la película sobre algunos de los momentos más sagrados de la historia política de izquierdas de los Estados Unidos.
E irónicamente, preocuparse por los momentos sagrados de esta historia parecía ser la ocupación principal de estos rojos Hail Caesar! antes de que el Dr. Marcuse los inspire para emprender la acción directa. Hasta entonces, le confían a Baird Whitlock, "nos habíamos limitado en gran medida a la implantación de propaganda comunista en las películas de Hollywood".

En la vida real, la implantación de propaganda comunista fue uno de los cargos en contra de los Diez de Hollywood [1] –en su mayoría guionistas– presentados por el Comité de Actividades Antiestadounidenses en 1947. El cargo fue, desafortunado, bastante infundado. Pero fue seguido por penas de cárcel y carreras arruinadas.
Los siempre impiadosos Coen se burlan sin descanso de estos desafortunados comunistas, presentándolos cómodamente sentados, con chaquetas de punto y pantalones beige y marrón que coinciden con la decoración neutra de la elegantemente modernista casa de playa que están usando como escondite. Allí fuman pipas y comen canapés de sándwich con bordes recortados, y recuerdan con regocijo el momento en el que se las arreglaron para lograr una película en la que una "elección podrida fue anulada y Gus fue convertido en alcalde".

"Me imagino que hemos cambiado algunas mentes", sonríe el líder comunista.
Este es el inepto conspirador que envía la nota de rescate, firmándola como "El Futuro".

Hay una toma rival sobre "El Futuro" ofrecida por el ejecutivo de Lougheed Aircraft que intenta persuadir a Eddie Mannix de dejar el "condenado" sistema de estudios de Hollywood. El ejecutivo pregunta "¿Qué van a hacer cuando todo el mundo compre un aparato de televisión?". La ilustración del ejecutivo de "El Futuro" es una foto de una nube de hongo generada por una prueba bomba de hidrógeno en el atolón de Bikini, "solo un par de rocas en el Pacífico".

Hay dos rocas sobresaliendo del Pacífico frente a la casa de playa escondite de los comunistas, también. A los Coen les gusta este tipo de motivos claramente repetidos que forman patrones complejos de significado. ¿Qué set de rocas será más potente para el bloqueo de "El Futuro"?
"Armageddon", murmura Eddie Mannix mientras mira la foto de la bomba H, pero eso no significa inmediatamente que tome la decisión de rechazar la oferta de Lougheed Aircraft. Prepararse para el Armagedón es bastante lucrativo, después de todo; las horas son mejores, y Mannix estima que sería más fácil (aunque menos interesante) que la gestión de las crisis siempre fluctuantes y las complejidades de la producción de películas en serie.

A esta altura de la película pareciera que la visión comunista es descartada como contendiente para "El Futuro". Pero a pesar de que cada comunista individual en la película está siendo presentado como fatuo, una escena cerca del final de la película está dedicada a mostrar cuán acertada es su evaluación básica del capitalismo.
Poco después de que Baird Whitlock sea rescatado de los desatentos comunistas por Hobie Doyle (que considera el secuestro como “malo para las estrellas en todos lados”), él está de vuelta en Capitol Pictures escupiéndole a Eddie Mannix sus ideas políticas recién descubiertas.

"Todo está en un libro titulado Kapital con una ’K’", se entusiasma Baird, "¡Estos comunistas incluso han dado cuenta de lo que pasa aquí en este estudio!"
Eddie Mannix escucha con su habitual cara de piedra sin expresión hasta que Baird llega a la parte sobre cómo el estudio hace películas solo para "confirmar lo que ellos llaman ’el status quo’" Baird dice que los empleados del estudio podrían pensar que están haciendo un trabajo que tiene un valor artístico o espiritual, pero en realidad todo lo que está haciendo es generar beneficios para los altos jefes del estudio como “¡Ese gato gordo de Joe Schenk!".

Es entonces cuando los rasgos graníticos de Eddie Mannix se agrietan con disgusto y comienza a insultar a Baird Whitlock. Rápidamente reduce a Baird a un abatimiento rastrero y lo envía de vuelta a trabajar en Hail Caesar! A Tale of the Christ con la orden de callarse y hacer su trabajo, al igual que "el director, el escritor, la chica del guión, y el tipo que aplaude la claqueta".

Esta violencia y coerción, que siempre amenaza con estallar mientras Eddie Mannix pasa sus días y noches cargadas "arreglando" una serie de amenazas a la producción en serie del estudio, confirma los principios básicos articulados previamente por los nuevos amigos de Baird, los comunistas. Ellos le advirtieron a Baird que, en tanto estrella "adquirida" por el estudio, él no era más que un trabajador explotado, inusualmente mimado con una paga muy alta.

Pero la película no termina aquí: ésta barre por los comunistas en un aparente homenaje al sentido de Eddie sobre el valor de las películas. Las películas son religión en una forma popular, infinitamente valiosas porque, como dice Eddie, "La gente no quiere hechos, ¡Quiere creer!". Y son las fuerzas del capitalismo, alineadas con la religión organizada, las que muestran un reconocimiento consistente, una comprensión y una habilidad para explotar esta verdad básica del deseo humano.
Al final, vemos afirmada la propia fe cinematográfica de Eddie cuando, en lugar de volver al crucifijo gigante en la catedral para rezar sobre su decisión final de quedarse en el estudio, se dirige al set de Hail Caesar! A Tale of the Christ en la que puede orar bajo las tres cruces puestas allí para el rodaje del día siguiente.
Finalmente, Baird está de vuelta en el set, haciendo su trabajo dando la actuación de su vida interpretando a un tribuno romano que viene a adorar a los pies de un Cristo crucificado. La música crece, la cámara panea hasta los cielos, y la grandiosa voz narrativa de Dios entona:
"La historia comienza, la historia termina; pues así debe ser. Pero la historia de Eddie Mannix nunca finalizará. Pues él es un cuento escrito en luz eterna".
Si estás interesado en analizar esto (como los están los Coen, claramente), "escrito en luz" se refiere a la fotografía, la base para filmar. (Rastreando la etimología, "fotos" viene del griego, que significa "luz" y "grafos" significa escritura o delineación.) Es una frase que se usa mucho para hacer referencia a una película de un modo elevado: por ejemplo, Writing in Light (Escribiendo en luz, N.delT.) es un libro sobre el movimiento japonés "cine puro", y el notable cineasta Vittorio Storaro tituló su celebración de dos volúmenes de su propio trabajo Writing With Light (Escribiendo con luz, N.del.T.).

"Luz eterna" es, obviamente, el lenguaje de lo sagrado. En Juan 8:12 Jesús declara: "Yo soy la luz del mundo". Y "vida eterna" es parte del recitado de creencia que conforma el Credo de los Apóstoles, el cual el devoto Eddie Mannix sabría de memoria: "Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica y apostólica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne, y la vida eterna".

Así, Eddie se convierte en una especie de eterno "Jesús de película" cuya historia nunca terminará, cuyas obras se extenderán más allá del desmoronamiento del sistema de estudios (que será reemplazado por un sistema de estudios reconfigurado funcionando como parte de varias compañías multinacionales globales).
Sus producciones de cine "escritas en luz" le dan un irónico dominio sobre el futuro, ese terreno tan controvertido en la película. Y, por supuesto, en el cine en el que estamos viendo la película que es el cuento de Eddie escrito en luz eterna.
Si es posible crear un tributo al cine popular que sea a la vez completamente amoroso y completamente mordaz al mismo tiempo, los Coen lo han conseguido. Te vuela la cabeza.
Pero será mejor que lo veas rápido si querés agarrarlo en cines. Dado que el público estadounidense parece no gustarle casi tanto como no le gusta oír hablar sobre "la dialéctica". Por supuesto, no sería la primera vez que el público rechazara una película de los Coen en su primer lanzamiento y luego la abrazara luego de verla varias veces en línea o en DVD. (Ver: El gran Lebowski).
El público general puede preferir, en su lugar, ver varias películas próximas que representan la versión más literal de la voluntad de creer que identifica a Eddie Mannix. Próximamente en un cine cercano a vos estarán The Young Messiah, Miracles From Heaven, y Risen (El joven mesías, Milagros del paraíso y Resucitado, respectivamente, N.delT.), protagonizada por Joseph Fiennes como un brutal tribuno romano que se somete a una conversión espiritual después de ser testigo de la crucifixión y resurrección de Jesucristo. Sí amigos, tenemos nuestro propio Hail Caesar! A Tale of the Christ contemporánea actualmente en funciones previas en cines.
Ironías si las hay, Coen style.

* Publicado originalmente en Jacobin Magazine.
* Traducido por Juan Duarte.







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