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Luis Buñuel: el cine como instrumento de subversión

El pasado 10 de enero se cumplieron 43 años de que el cineasta Luis Buñuel fuera galardonado con el Oscar al mejor film extranjero por "El discreto encanto de la burguesía", un premio que se negó a recibir personalmente. Hacemos aquí un recorrido por su extensa y perspicaz obra.

Jueves 14 de enero de 2016

Antes de hablar de la obra de una persona como Luis Buñuel sería necesario hablar acerca de su vida, de la cual podemos sin duda desprender los elementos que marcarían el arte del genial director español. De estos elementos podríamos señalar algunos bien identificables: la religión, la burguesía, la desigualdad de clases, las imágenes surrealistas, los sueños y el inconsciente. Estas obsesiones se remontan, así como él mismo lo ha señalado en las múltiples entrevistas que le realizaron en vida, hasta su infancia y su juventud.

Uno de los elementos centrales en la filmografía del director, como se puede ver en películas como Nazarín o Simón del desierto, es la religión cristiana. Según su propio testimonio, su primer des-encuentro sería con los jesuitas. Antes de ingresar en la famosa residencia de estudiantes, estudió en un colegio de jesuitas. Además de ellos, otra poderosa influencia será su madre, que era una ferviente creyente. De esta primera educación quedarán en la memoria del director los castigos que les imponían los curas a los alumnos, aunque ya desde pequeño la tendencia a la rebelión fue siempre una característica de Buñuel: parece ser que una vez se emborrachó con unos amigos y terminó vomitando en la iglesia, entre otros desplantes. Sin embargo, no podríamos menospreciar la influencia de la religión en Buñuel. De las dos película que hemos citado, y aún en otras, el conflicto entre la dura realidad y los ideales cristianos alcanza una tensión sublime. Tanto así que Nazarín, por increíble que parezca, fue elogiada por la iglesia.

La vida que tuvo Buñuel está ligada, por supuesto, a la clase social a la que perteneció, y de la cual siempre renegaría. Su padre fue un hombre rico, y por ende la posición de la que gozaba Buñuel era privilegiada. En toda su obra aparece permanentemente una tendencia a criticar mordazmente los vicios de la burguesía. Esto se ve claramente en películas como El ángel exterminador, o El discreto encanto de la burguesía.

Sin embargo su reacción estética y fundamentalmente política, no podríamos llamarla de otra manera, no se limita a una denuncia o a un argumento de carácter panfletario, como lamentablemente podría ser criticado al realismo socialista. La narrativa de Buñuel, que está mezclada siempre con imágenes oníricas (influencia del surrealismo francés), se liga muy estrechamente con la crítica social, pero de una manera sutil y radical a un mismo tiempo.

Como ya dijimos, asistiría a la importantísima residencia de estudiantes donde es ya bien sabido trabó amistad con muchos grandes personajes, entre los que se encontraban muy cercanos a él Federico García Lorca y Salvador Dalí. Con estos compañeros también desafiaría a la conservadora sociedad en que vivían. Cuenta que cuando eran estudiantes aún, robaban uniformes de militares o ropas de sacerdotes y se disfrazaban con ellas. La provocación, el escándalo y la irreverencia estaban siempre presentes.

Después de terminar sus estudios, partiría a Francia. Estando en París encontró trabajo con Epstein, en un estudio. Es su primer acercamiento con la industria del cine. Lamentablemente, aunque muy acorde con su personalidad, sería expulsado por el mismo Epstein. El conflicto es bastante conocido: Epstein le pidió a Buñuel que trabajara con Abel Gance, que era ya un reconocido director de cine. A Buñuel no le agradaba, así que rechazó. Esto escandalizó a Epstein, que le pidió que se fuera del estudio. Antes de separarse le aconsejó que no se reuniera con los surrealistas, por los que Buñuel sentía simpatía (ellos también sentían desprecio por Abel Gance). Por supuesto Buñuel des-oiría este último consejo. Más aún, es con los surrealistas que realiza su primer film, y quizás la más famosa de todas sus creaciones: Un chien andalou.

La vida de Luis Buñuel parece estar atravesada por la rebeldía, por la burla hacia las tradiciones más sagradas. El mismo afirma que la religión, la patria, la familia y la cultura son instituciones hipócritas y amorales. Y toda su obra es una reacción contra estas mismas instituciones. Su posición ética y política siempre lo condujo irremediablemente a sufrir la censura.

La segunda de sus creaciones: L’age d’or, fue la primera película del director en sufrir este destino. El gobierno francés prohibió que fuera exhibida después de una terrible primera presentación en donde hubo una enorme violencia contra el arte de Buñuel y de otros artistas, entre ellos Picasso, Man Ray y Picabia, cuyos cuadros fueron hechos trizas.

Esta es la época de los grandes movimientos sociales. No es casual que hubieran artistas que pretendiesen renovar las concepciones más clásicas del arte. Es esta probablemente una de las ideas más radicales de las vanguardias. Y más aún, es la época dorada del nacimiento del cine, y de su consolidación como arte, buscando su lugar entre las ya consagradas formas de expresión, como la música, la pintura o la literatura, y alcanzando un sitio privilegiado entre ellas. Una edad de creatividad y de fuerza en la mente de los artistas de la primera mitad del siglo que se encontraban entre los dos conflictos que iban a transformar al mundo para siempre, y de los cuales el arte no saldría ileso.

La tercera película que realizo, Hurdes, tierra sin pan, también sufriría la censura, y esta vez, asombrosamente, de parte del gobierno de la segunda república española. Buñuel regresó a España a contribuir con la república, y ayudado por un amigo anarquista produjo Hurdes, que es un documental que muestra las paupérrimas y miserables condiciones de vida de una comunidad en España. Esto el gobierno lo tomó como un film que los atacaba al cuestionar la miseria en una zona del país, por lo que prohibió su presentación y pidió a otros países que no la exhibiesen. Buñuel no volvería a dirigir oficialmente otra película hasta mucho después.

Con el inminente fracaso de la república, el director quedará varado en Estados Unidos. En su segunda estadía en el país americano se ve imposibilitado a regresar a España. Estaba allá como representante de la república, y al terminar la guerra se quedó sólo. Encontró trabajo en el departamento cinematográfico del Museo de arte de Nueva York, pero los conflictos no dejarán de aparecer. Dalí, en una polémica declaración aparecida en sus memorias, acusa a Buñuel de ateo y comunista. Cuando le preguntaron si era cierto que él había rodado L’age d’or, respondió que si. El arzobispo de Nueva York se escandalizó por que tuvieran trabajando a ese "blasfemo". Es expulsado de su trabajo, y por un azar es invitado a México, a donde viaja y donde terminará por radicarse. Es en este país donde volvería a dirigir. Muchas de las películas que realizó, sin embargo, tuvo que hacerlas para poder comer, en sus propias palabras. Películas más comerciales marcan este período de su vida, aunque sin dejar por ello de mantener la particular personalidad de Buñuel. Y es en México donde realizará una de sus grandes obras: Los olvidados.
Irónica y cruelmente, esta vez será el gobierno Mexicano el que le dará la espalda. Nuevamente fue objeto de censura y acoso, pues la película mostraba la dura realidad de México: un alto grado de pobreza. Los olvidados explora las condiciones de vida de aquellos más expuestos a las vicisitudes de la realidad, es decir, los más desposeídos. Al igual que el gobierno español años antes, las autoridades y muchos intelectuales mexicanos veían una ofensa en la película. Paradójicamente, esa película triunfaría en Cannes, muy a pesar de esas mismas autoridades y esos mismos intelectuales. Por suerte contó con el apoyo de muchos ilustres mexicanos, como Octavio Paz, que fue uno de los pocos que apoyó incondicionalmente Los olvidados.

Algunos años después las condiciones políticas ya se habían modificado radicalmente. Buñuel regresa a Europa, y decide filmar allá. Es en España y Francia donde volverá a trabajar, después de un largo exilio. Pero nuevamente el trabajo del director será interrumpido. En la España franquista, Buñuel filma: Viridiana. Una vez más, el director se atrajo la mirada de los censores. Llamamos la atención de estas constantes persecuciones contra el director. Así como Galileo u otros grandes y, sobre todo, radicales personajes, Luis Buñuel siempre fue acallado por diferentes voces. Es más, podríamos decir que en todos los países donde estuvo, en mayor o menor medida, entró en conflicto y fue expulsado o prohibidas algunas de sus obras. Y aún así, hoy son pocos los que levantarían la mano contra el director español. Todo lo contrario, su legado es apreciadísimo en los círculos de intelectuales, los mismos intelectuales probablemente que de haber sido contemporáneos lo habrían criticado y silenciado. Buñuel se suma a la honrosa lista de directores que fueron víctimas de sus grandes creaciones, entre los que se cuentan, sin ir más lejos, Kubrick y Pasolini.

Una película que llama la atención por su mordacidad es Le charme discret de la bourgeoisie, el discreto encanto de la burguesía. En la película se muestran sin tapujos los vicios de esta clase social. El argumento del largometraje es a la par mordaz y divertido. Un grupo de burgueses intenta reunirse para cenar. Ese sería, por sencillo que parezca, el elemento que une la narración de Le charme discret... En el medio hay innumerables referencias a la política del momento, como el gracioso embajador del ficticio país de Miranda, o el obispo que decide convertirse en jardinero y que termina por pegarle un tiro a un moribundo (escena que fue quitada por la censura española). Es mejor no decir mucho de todas maneras. La película contiene los elementos más característicos del estilo de Buñuel.

Ahora, a poco más de un mes del aniversario de su nacimiento, recordamos la trayectoria de este singular hombre. Mucho más se podría decir de él: de su etapa surrealista, de su vida en México, de su enorme filmografía, de su pensamiento religioso y ateo al mismo tiempo, de su obra literaria (escribió crítica cinematográfica, poesía, teatro y otros textos de diversa índole), de su vida errante y siempre amenazada por las autoridades. Tanto más se podría decir que no alcanzaría para lo que pretende este superficial esbozo de su vida y obra.

Nos gustaría terminar con una reflexión. A lo largo de la historia del siglo XX, siglo por lo demás turbulento y lleno de sobresaltos, hubo muchos hombres y mujeres que supieron amenazar con sus ideas a la sociedad occidental. Buñuel es uno más de ellos, pero más nombres se podrían nombrar. La pregunta que podría aparecer en la mente de un lector, y es la pregunta que nosotros nos hacemos, sería: ¿es hoy posible desafiar de la misma manera radical a la institucionalidad? ¿cuántos de los hoy llamados artistas son capaces de cuestionar la manera de funcionar de nuestro sistema, y no solo de nuestro sistema económico o político, sino también la manera en que funciona nuestra vida? No diremos más. Dejamos este fragmento de una entrevista a Buñuel:

"Pero aquí hay que aclarar un punto: nosotros, los surrealistas, poníamos nuestros principios al servicio de esa revolución proletaria mundial (Le surrealisme au service de la révolution, es el título de un manifiesto que publicamos). Es decir, queríamos ’transformar el mundo’, y estábamos al servicio de esa revolución. Rimbaud había escrito sobre el cambio de la vida del hombre, y Breton decía que para él los dos principios eran uno solo, se fundían en uno."

Y con estas últimas palabras queremos cerrar este breve homenaje a Luis Buñuel, personalidad acidísima y feroz, siempre rebelde, cuyas obras se cuentan ya entre los baluartes del arte cinematográfico. Un salud pues para uno de los directores más importantes del siglo XX.

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