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Miles de manifestantes salen a la calle el 10 de Marzo, día de la clase trabajadora gallega

Como es habitual cada año, se produjeron en las principales ciudades gallegas manifestaciones en recuerdo de Amador Rey y Daniel Niebla, los dos obreros del astillero Bazán asesinados por la policía franquista en 1972, cuando participaban de una huelga histórica con epicentro en Ferrol y Vigo.

Jacobo A. García

Vigo | @Jacobscarface

Miércoles 11 de marzo | 17:18

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En recuerdo de Amador Rey y Daniel Niebla se realizó en Ferrol una ofrenda floral a las 12:30 en recuerdo de los fallecidos a manos del Estado franquista. Se realizaron además manifestaciones por la tarde en la misma Ferrol, Vigo, Santiago de Compostela y Lugo y concentraciones por la mañana en Pontevedra, A Coruña y Ourense.

Por otra parte en Vigo se realizaron dos convocatorias distintas: una por parte de la CIG (Confederación Intersindical Galega) que salió del cruce de A Dobrada hasta la Farola de Urzaiz a las 18:30, y otra por parte de la CUT (Central Unitaria de Traballadores) que salió a las 19:30 del Cruce de Vía Norte con Urzáiz hasta la Delegación de la Xunta.

Que los principales sindicatos nacionalistas de Galicia no sean capaces de entenderse y convocar una manifestación unitaria es algo que lamentamos profundamente. Sumar fuerzas para recordar y defender la gesta histórica de la clase trabajadora luchando por sus derechos y contra el brutal régimen franquista es necesario si el objetivo es construir un sindicalismo de clase que sea capaz de enfrentar los ataques actuales del gobierno y del capital.

Las huelgas gallegas en los 70

En el 72 hubo dos episodios huelguísticos importantes en Galicia, el primero en marzo en Ferrol y el segundo en Septiembre en Vigo. Sus implicaciones en el movimiento obrero gallego, la lucha antifranquista y la dinámica política en general son múltiples y no caben en este artículo. Pero intentaremos resumir los principales eventos y cuál es su significado general y por qué nos ayudan a tener memoria de nuestra propia clase y a extraer lecciones.

El 7 de marzo de ese año el sindicato vertical firma en Madrid un convenio interprovincial que no reconocía las demandas de los trabajadores de Bazán, en Ferrol, de disponer de un convenio propio, en un contexto en el que CC.OO obreras tenía mucha influencia en esa ciudad. El 8 de marzo los obreros rechazan el acuerdo en asamblea y acuerdan una nueva asamblea para el día 9.

La empresa responde despidiendo a 6 sindicalistas de Comisiones Obreras: José María Riobó, Manuel Amor Deus, José Díaz Montero, Ramiro Romero, José Miguel Rey y Alfonso Couce. Ramiro Romero es agredido por los guardias al negarse a firmar la sanción. Esta situación acaba provocando que a las nueve y media de la mañana cinco mil trabajadores se concentran a las puertas de la fábrica para exigir la anulación de los despidos y sanciones a los guardias. La policía carga a las 5 de la tarde, continúan los enfrentamientos en la ciudad y se escuchan lo primeros disparos.

El día 10 cuatro mil trabajadores se congregan frente a las puertas cerradas de Bazán y deciden marchar en manifestación hasta el polígono de Caranza y unirse con los trabajadores de ASTANO. La policía vuelve a cargar en medio del recorrido de la manifestación y es respondida con piedras. Las fuerzas del orden abren fuego. Amador y Daniel mueren y otro medio centenar de obreros resultan heridos, pero la policía tiene que retirarse al cuartel, donde se defienden de intentos de asalto.

En ese momento otras empresas de la ciudad de solidarizan y también van a la huelga. En respuesta, el gobierno corta las comunicaciones y cierra por tierra la ciudad, y un buque de la Armada se sitúa frente al Ponte das Pías. El ejército permanece acuartelado y Ferrol es tomado por la Guardia Civil y la Policía Armada con efectivos de León y Valladolid.

Esta situación continúa hasta el 20 de marzo, cuando los obreros se ven obligados a ceder después de 10 día de rebelión contra la patronal y el asesino régimen franquista. Además de los dos muertos, hay 16 heridos de bala, 160 despedidos, 101 detenidos, 60 encarcelados y 54 multados con entre 50.000 y 250.000 pesetas. A día de hoy aún no se han juzgado los crímenes que se produjeron por parte de las fuerzas policiales aquellos días, como ocurrió con casi todos los crímenes cometidos durante el franquismo y la transición.

Ya en marzo hubo en Vigo huelgas solidarias con los trabajadores de Ferrol, en el comienzo de una dinámica que se acercaba a un ambiente de huelga general también en Vigo. En 6 de septiembre se produjo una reivindicación laboral en Citröen, la jornada laboral de 44 horas semanales, y se produjeron despidos 3 días después.

Esto provocó una huelga que se convirtió en pocos días en una huelga general donde se sumaron 15.000 trabajadores, también de otras empresas como Vulcano e incluso los trabajadores del transporte público. Hubo más de 6.000 despidos, que se acabaron quedando en 400. La huelga se desactivó por la acción policial 15 días después de comenzar.

Este episodio heroico de lucha de la clase trabajadora gallega supuso un golpe importante para el régimen franquista, que se vio obligado a ceder en algunas de las reivindicaciones obreras y vio salir reforzado al sindicalismo de este conflicto. Pero sobre todo porque planteó la posibilidad real de un levantamiento obrero, con demandas económicas sectoriales pero también con un profundo sentido político a favor de las libertades democráticas y contra un régimen dictatorial de explotación y opresión. En este sentido, mantener esta movilización cada año es parte de la recomposición del hilo rojo de la historia, que nos ayudar a preparar nuevas batallas para vencer.

Sin embargo, aunque la CIG rememora estos hechos y tiene un discurso de movilización social, no podemos dejar de ver que el carácter de su sindicalismo es mucho más electoralista que el de sus predecesores. El Sindicato Obreirgo Galego, junto con Organización Obreira, que fueron predecesores del sindicalismo nacionalista, así como la CC.OO de la época tenían claro que sólo al organización de la clase trabajadora en las calles podía hacer ganar victorias, e incluyo tumbar la dictadura.

Sin embargo, por ejemplo, en el discurso de la CIG en Vigo el pasado 10 de Marzo, a la vez que se planteó que era necesaria la lucha obrera para derogar las reformas laborales, también se hizo campaña electoral implícita por el BNG. Un BNG que tiene un programa y una estrategia de pacto con el social liberalismo del PSOE, así como de exenciones fiscales a grandes empresas en Galicia, que poco tiene que ver con una visión combativa de las decenas de miles de obreros que lucharon arriesgando sus vidas hace 48 años.

Como bien dice la CIG, Galicia es una de las regiones con unas pensiones más bajas del Estado español, solo por detrás de Extremadura, y los salarios se sitúan hoy, atendiendo al poder adquisitivo, un 7,6% por debajo de los niveles de 2009, con un 50 % de la población en pobreza o riesgo de pobreza, y con profundas desigualdades por género y edad.

Pero si queremos remediar esta situación hace falta más que discursos y llamado al voto cada cita electoral. Es necesaria la realización de un frente único de todo el sindicalismo combativo, agrupando también al conjunto de movimientos sociales, incluyendo el movimiento estudiantil.

Hay que aprender de nuestros antepasados, que un escenario donde no existían libertades democráticas de ningún tipo, se reunían y decidían en asamblea y peleaban hasta el final, organizando huelgas generales para conseguir sus demandas.

Si queremos terminar algún día con este odioso sistema llamado capitalismo, en Galicia y en todas partes, necesitaremos de la independencia de nuestra clase, la clase trabajadora y confiar en nuestras propias fuerzas para conseguir todas las demandas y reivindicaciones sociales y democráticas que quedaron en el tintero de la Transición.






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