Internacional

ESTADOS UNIDOS

Por un feminismo internacionalista pro obrero

Después de la masiva Marcha de las Mujeres del 21 de enero en Washington, todas las miradas están puestas en el 8 de marzo: el día internacional de la mujer. Debemos unirnos a las mujeres de todo el mundo que irán a la huelga el 8 de marzo, luchando por un feminismo internacionalista arraigado en la clase obrera.

Martes 7 de marzo de 2017

La realidad política que enfrentamos en este momento era difícil de imaginar hace un año. Al día siguiente de la toma de posesión de Trump, bajo un estandarte nacionalista-populista de "America First" (primero, América), millones de mujeres de todo Estados Unidos protestaron contra Trump y el sexismo que él representa. La Marcha de Mujeres en Washington se reprodujo en más de 600 marchas en ciudades de todo el país y 75 países de todo el mundo. Estas son algunas de las marchas más grandes en los Estados Unidos desde la era de la guerra de Vietnam. Miles de personas que marcharon nunca habían ido a protestar antes, pero el 21 de enero se movilizaron junto a sus padres y abuelos, niños y vecinos. La gente en los “estados rojos” (aquellos con mayor porcentaje de voto a los republicanos) marchaba en números inesperados.

La Marcha de las Mujeres fue una de las tantas movilizaciones de masas que han surgido a nivel mundial para proteger los derechos de las mujeres desde el año pasado. En primer lugar, el movimiento #NiUnaMenos llevó a miles de manifestantes a las calles de Argentina dos años seguidos, y desde entonces se ha extendido a varios países latinoamericanos. El movimiento se manifiesta contra la epidemia de la violencia contra las mujeres y los feminicidios. En octubre, en Polonia, hubo una huelga de mujeres contra una ley que criminalizaría aún más el aborto, y unas semanas más tarde hubo una huelga en Islandia exigiendo la paridad salarial entre hombres y mujeres.

Estos movimientos de mujeres vienen después de años de éxitos ostensibles para las mujeres dentro de las estructuras capitalistas - hay más mujeres CEOs; hay mujeres jefas de Estado, entre ellas Angela Merkel en Alemania y Theresa May en Gran Bretaña, dos de los países imperialistas más importantes del mundo. Una marca del feminismo liberal celebra estos logros como victorias por los derechos de las mujeres, sosteniendo la idea de que las mujeres que ocupan puestos de poder en la sociedad capitalista son la clave de nuestra liberación.

Sin embargo, el feminismo liberal ha demostrado su fracaso estratégico ya que las mujeres en posiciones poderosas no han transformado radicalmente la sociedad; la mayoría de las mujeres ahora trabajan doble turno - uno en el lugar de trabajo y uno que hace el trabajo no remunerado en su casa. No se ha eliminado la violencia sexista - tres mujeres al día son asesinadas por su pareja actual o anterior en los EE.UU., y cada 20 minutos una mujer es víctima de violencia por parte de su pareja, también en los EE.UU. No se ha eliminado el rol de la mujer como el más explotado y el grupo más vulnerable del capitalismo -de los 1,5 millones de seres humanos que viven en extrema pobreza, el 70% son mujeres y niñas. La violencia del sistema capitalista es sentida de manera desproporcionada por las mujeres de color, las personas trans y no binarias, los discapacitados y todos los que experimentan múltiples formas de opresión.

En Estados Unidos, la presidencia de Trump significará una escalada de ataques: desde amenazas para quitar a las mujeres el derecho al aborto hasta la negación de los derechos de las y los trabajadores a organizarse en los sindicatos, y la negación de los derechos básicos de los inmigrantes indocumentados y musulmanes. En el exterior, Trump continuará las políticas de Obama de las guerras de los drones, involucrando bombardeos hacia mujeres y niños en Medio Oriente. Una niña de 8 años ya está entre la gente muerta en una incursión en Yemen después de solo dos semanas del triunfo de Trump. También seguirá los pasos de Obama contribuyendo a la crisis de los refugiados, no sólo mediante el bombardeo a distintos países, sino por negarse a aceptar las consecuencias humanas del imperialismo estadounidense: los refugiados.

Para responder a estos ataques, necesitamos un movimiento feminista internacionalista, que no vea los problemas a los que se enfrentan las mujeres en los Estados Unidos como separados de los que enfrentan las mujeres en México o en Siria. Es por eso que nos hacemos eco de la convocatoria emitida en Beyond Lean-In: por un feminismo del 99% y un paro internacional militante el 8 de marzo para los 30 países y organizar el paro de mujeres el día internacional de la mujer este 8 de marzo.

Para derrotar a Trump, no podemos actuar individualmente. Somos más poderosas cuando estamos juntas, no sólo en las calles, sino también en nuestros lugares de trabajo y lugares de estudio. Hacemos un llamamiento a los sindicatos para que convoquen a un paro este 8 de marzo y para que organicen a las y los trabajadores para que puedan abandonar su trabajo por ese día. Hacemos un llamamiento a las líderes sindicales que hablaron en la Marcha de Mujeres en Washington - Randi Weingarten de la AFT y George Gresham de la SEIU - para declararse a favor del paro de mujeres y convocar asambleas y consejos locales para votar y seguir organizando este paro.

El movimiento feminista que necesitamos

Esperamos que el 8 de marzo pueda ser un trampolín para un nuevo tipo de movimiento feminista en Estados Unidos: un feminismo impulsado por la clase trabajadora. Este tipo de feminismo puede basarse en la Marcha de las Mujeres de Washington organizando una huelga en vez de una simple marcha. Una huelga interrumpe el flujo de capital, el arma más poderosa en una sociedad cuya base es la ganancia. Nuestra huelga será un reachazo a realizar trabajo remunerado y no remunerado - el trabajo que hacemos en el hogar y el trabajo que hacemos en el lugar de trabajo formal. Una huelga es el epítome de un feminismo impulsado por la clase obrera, la única clase que puede acabar con el capitalismo.

Un feminismo impulsado por la clase obrera debe estar del lado de todos los oprimidos. Nos hacemos eco de las mujeres que escribieron "Más allá del feminismo lean-in", que se “oponen a los ataques institucionales, políticos, culturales y económicos contra mujeres musulmanas y migrantes, sobre mujeres de color y mujeres trabajadoras y desempleadas, sobre lesbianas y mujeres trans". Un ataque contra una de nosotras debe ser tratado como un ataque contra todas nosotras. Un crimen de odio contra una mujer trans es un ataque contra todas nosotras; la violencia policial contra una mujer negra es un ataque contra todas nosotras; la ‘prohibición musulmana’ de Trump es un ataque contra todas nosotras. Los ataques a la atención de la salud, que caen desproporcionadamente sobre las personas con discapacidad, es un ataque a todas nosotras. Esto no es borrar las diferencias en nuestras experiencias, sino decir que debemos enfrentar todos los ataques que van en contra nuestra, especialmente los ataques hacia los y las más oprimidas.

Un movimiento feminista con raíces en la clase obrera e impulsado por ella debe luchar por los derechos de todas las personas no binarias (transgénero) y las mujeres trans, pero debe entender que estamos divididas por la clase. Aunque defendemos el derecho al aborto para todas las mujeres, entendemos que cuando el aborto es ilegal o limitado, las mujeres de la clase trabajadora son las más afectadas. Entendemos que las mujeres obtienen salarios más bajos que los hombres y que esto es especialmente perjudicial para las mujeres en los trabajos peores pagos.

Las feministas de la clase trabajadora saben que los partidos capitalistas son un callejón sin salida. Hillary Clinton, que representa el feminismo corporativo, demuestra claramente la bancarrota inherente en el plan para la liberación de las mujeres que busca derechos obteniendo posiciones de poder para las mujeres más ricas en las estructuras capitalistas. Clinton representa el imperialismo y el racismo, un reinado de aviones no tripulados (drones) y muerte en Medio Oriente, y un legado de encarcelamiento masivo para la comunidad negra en Estados Unidos. Mientras que Bernie Sanders puede parecer una alternativa real para muchos, opera dentro del mismo partido capitalista que Clinton y votó con los demócratas el 95% del tiempo mientras se identificó como un "independiente" en el Congreso. Hoy en día, es la extensión de la silla dentro del Partido Demócrata, y lo utilizará para "ampliar esfuerzos de las bases de los demócratas".

Sin embargo, el problema con Sanders es mucho más profundo que su presencia en el Partido Demócrata. Es imposible construir un movimiento internacionalista de mujeres con Sanders, un político que se hace eco del sentimiento de la “America First” de Trump (primero América), cuando defendió el "patriotismo corporativo", exigiendo que las corporaciones sean más patriotas y mantengan los puestos de trabajo en Estados Unidos. No podemos construir un movimiento internacionalista de mujeres con Sanders, que está 100% a favor de Israel y que votó para financiar la guerra que Bush realizó contra Irak. Las posiciones de Sanders son incompatibles con un movimiento feminista internacionalista de la clase obrera.

Queremos un feminismo que defienda a todas las mujeres de los ataques, por lo que debe tener sus raíces en la clase trabajadora. El feminismo neoliberal de Hillary Clinton y el nacionalismo de Sanders no pueden ni quieren defendernos. Sólo un feminismo que lucha sin concesiones por todos nuestros derechos puede ganar nuestra liberación. Para ganar derechos por el 99%, nuestro feminismo debe ser impulsado por la fuerza de la clase obrera, la única clase que puede combatir a los republicanos y a los demócratas que nos atacan y venden, y al sistema capitalista que se aprovecha de nuestro trabajo remunerado y no remunerado. Sólo la clase obrera tiene la fuerza para poner al sistema de rodillas.

Por eso, nuestro feminismo debe ser independiente del Partido Demócrata y combatir la dirección de los sindicatos que tienen una historia de acuerdos a puertas cerradas donde los trabajadores se lleva la peor parte. Por lo tanto, debemos exigir que los sindicatos llamen a una huelga el 8 de marzo ya que sin ellos una huelga de masas es casi imposible. Debemos ejercer una presión incesante sobre nuestras direcciones sindicales porque están vinculadas al Partido Demócrata y al establishment político y no apoyarán fácilmente una acción tan destructiva como una huelga.

La razón más importante por la que llamamos a un feminismo impulsado por la fuerza de la clase trabajadora es que no sólo queremos derrotar a Trump; queremos derrotar al sistema capitalista que causa la miseria en la que vivimos. Queremos derrotar a un sistema en el que el 1% de las personas controlan la mitad de la riqueza del mundo; en el cual las mujeres de las maquilas mexicanas trabajan 10 horas diarias y sufren todo tipo de violencia para producir productos que puedan cruzar libremente la frontera México-Estados Unidos. Queremos derrotar al sistema en el que las personas de negras están encarceladas a un nivel desproporcionado, dejando a las mujeres en prisión para producir artículos de bajo costo o fuera de la cárcel para trabajar en varios empleos de salarios bajos para llegar a fin de mes. La clase obrera produce los productos y las ganancias que hacen que este sistema funcione, y sólo la clase obrera puede ponerle fin. Queremos acabar con nuestra opresión como mujeres que viven en una sociedad capitalista, por lo que debemos poner fin al sistema de explotación que se beneficia de nuestra opresión.

Este artículo, Towards an Internationalist Feminism Rooted in the Working Class fue publicado originalmente en la página Left Voice, parte de la Red Internacional de La Izquierda Diario

Traducción: Gloria Grinberg






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