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Precariedad: Jugarte la vida en el trabajo

Nulas medidas de seguridad, exigencia de mayores ritmos de trabajo, largas y agotadoras jornadas. Aumentan de manera exponencial el número de bajas y muertes por accidentes laborales en el Estado español.

Lluis Ros

Trabajador de McDonald's

Miércoles 17 de febrero de 2016 | 20:58

El riesgo de sufrir un accidente laboral es directamente proporcional al nivel de precariedad sufrido por el trabajador. A los trabajadores precarios no se les suele llevar a cabo cursos de riesgos laborales ni se les explican cuáles son las medidas de seguridad a seguir según su trabajo. También hay que tener en cuenta que en los trabajos más precarios no suele haber representación sindical. Eso ayuda a que el empresario ahorre aún más en medidas de seguridad.

En Internet podemos ver ejemplos de cómo actúan los empresarios y de cómo son los accidentes. El caso de José Antonio Palomeque, un hombre de 41 años, nos ilustra. Tras tres años en el paro le ofrecieron la posibilidad de firmar un contrato de peón, para ello estaría un tiempo a prueba, en negro y luego, si convencía al empresario, se le haría un contrato.

En su primer día de trabajo en un gimnasio en obras de Barcelona, le ordenaron subirse a un andamio a más de tres metros de altura sin arnés ni casco de seguridad. La necesidad económica le hizo subir no sin antes avisar que él nunca había subido a un andamio. “Si esto no es nada. Tú te pones arriba y yo te voy pasando cables desde abajo”, le dijo el jefe. Él no conocía las medidas y precauciones que debe tomar un peón encima de un andamio. Poco después se precipitó contra el suelo.

Así explica lo ocurrido aquel día “A mí nunca me ha gustado trabajar sin estar dado de alta en la Seguridad Social, pero con la crisis lo he tenido que hacer porque había agotado el paro y mis hermanos tampoco tenían empleo. No podía decir que no el primer día. Era subirme a ese andamio o irme a casa”. Explica que una vez subido su jefe iba moviendo el andamio con él encima para poder colocar el cable más rápido. Pero de repente se soltó una rueda y se precipitó al vacío. Una vez en el suelo recuerda que no se podía mover, aunque era consciente de la situación. “Habían obreros de otra empresa que le decían a mi jefe que llamara a una ambulancia y que no me moviera. Pero mi jefe y un amigo suyo me arrastraron dos calles hasta encontrar un taxi. Le ofrecieron dinero al conductor para que me llevara al hospital, pero este no quiso a menos que alguno me acompañara”.

Esta historia refleja la esperpéntica situación que viven decenas de miles de trabajadores al sufrir un accidente laboral y la desfachatez con la que actúan los empresarios, pero también refleja la realidad de millones de trabajadores que tienen que sufrir condiciones laborales miserables y cada día se juegan la vida en sus puestos de trabajo.

2015 ha sido un año negro. Más de 500 personas perdieron la vida en su puesto de trabajo y más de medio millón estuvieron de baja debido a accidentes en su puesto de trabajo. Las estadísticas son claras. En los últimos años se registran cada vez más accidentes laborales debido a la precarización de las condiciones de trabajo.

Cabe destacar que del medio millón de bajas por accidente laboral más del 96% fueron durante la jornada laboral, menos del 4% fueron ’in itinere’ (tendencia cada vez más habitual). A parte, se registraron más de 600.000 accidentes sin baja.

La precariedad es la principal causa de estos accidentes. Catalunya, es una de las comunidades autónomas donde más han crecido los accidentes laborales. En el año pasado se registraron cerca de 76.000 accidentes laborales y 64 muertes. Tres de cada diez catalanes accidentados tenían un contrato temporal. Los contratos temporales, en Catalunya, representan dos de cada diez. Comparando las proporciones está claro que la temporalidad aumenta el riesgo de sufrir un accidente laboral. Tras el dato, se esconde una realidad mucho más cruda. No sabemos la cantidad de accidentes que no se denuncian (ya sea porque se trabaja en negro o porque el empresario presiona para que no salga a la luz dicho).

Todo esto refleja la impunidad con la que actúan los empresarios, ayudados por el gobierno. Lamentablemente la actitud de la burocracia sindical se limita a criticar que la precariedad es la causa del aumento de los accidentes laborales a la vez que impone paz social y se niega a organizar a los sectores precarios. La “casta sindical” se erige como uno de los pilares del Régimen del 78.
Los precarios, al igual que toda la clase obrera, necesitamos organizarnos para luchar contra las condiciones a las que el gobierno y la patronal nos están llevando. No nos podemos seguir jugando la vida en el trabajo. Para ello es necesario construir organizaciones combativas que respondan ante los trabajadores para poder pelear contra los abusos y la explotación patronal y poder dejar la precariedad atrás.






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