Cultura

EDUCACIÓN

¿Qué es la educación Intercultural?

La interculturalidad en educación se compone de diversos enfoques, que no permiten articular una respuesta única. A continuación voy a tratar de desgranar este cajón de sastre.

Juan Romero

Madrid | @jromelasco

Viernes 28 de octubre de 2016 | 18:01

Desde una perspectiva academicista, podemos retrotraernos a las palabras de Foucault, para poder explicar en qué consiste la interculturalidad:

“Los animales del reino se dividen en: a) pertenecientes al emperador, b) embalsamados, c) amaestrados, d) lechones, e) sirenas, f) fabulosos, g) perros sueltos, h) incluidos en esta clasificación, i) que se agitan como locos, j) innumerables, k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l) etcétera, m) que acaban de romper el jarrón, n) que de lejos parecen moscas. En el asombro de esta taxonomía, lo que se ve de golpe, lo que, por medio del apólogo, se nos muestra como encanto exótico de otro pensamiento, es el límite del nuestro: la imposibilidad de pensar esto.” (1)

La parte importante de este fragmento se puede sintetizar en que el encanto exótico de otro pensamiento, es el límite de nuestro pensamiento. La Educación intercultural, se propone que “el otro”, es decir, el diferente a nosotros, deje de ser algo “exótico” y pasemos a reconocerle como igual a nosotros, por encima de lengua, costumbres, pigmentación, físico, psique, etc. Es decir, cambiar nuestro pensamiento, lo cual en si mismo significa una revolución, porque pasamos de segregar a la sociedad a verla como un conjunto diverso que no juzgamos, sino que aceptamos como normalidad. Es revolucionario, porque a diario segregamos y juzgamos: bueno-malo, feo-bonito, gordo-flaco, alto-bajo, nacional-extranjero o gitano, etc.

Este planteamiento, de entrada para cualquier marxista, seria fácilmente asimilable, puesto que “el otro”, es un trabajador/a como nosotros, carne de cañón de la patronal y sus poderes coercitivos.

El primer problema, surge aquí. La mayoría de las teorías educativas, se distancian de una postura marxista al poner el acento en el reconocimiento de las “otras culturas”, y su empoderamiento, para situarse a la misma altura del país receptor. Esta cuestión implica que se termina esencializando las culturas nacionales y foráneas, orquestadas por los Estados decimonónicos. Es decir, se termina reduciendo a concepciones monolíticas e inmóviles las culturas nacionales conformadas como tales en el siglo XIX.

Esto es, que la cultura española tiene unos rasgos característicos inamovibles, al igual que la cultura argentina o mexicana o de donde sea. Que a su vez consta de un himno nacional, la bandera, la comida nacional, la fiesta nacional, etc. En resumen, se termina legitimando una concepción anticuada de la cultura de cada país, que tiene su origen en elaboraciones de los Gobiernos burgueses del s. XIX que pretendían diferenciarse del vecino. A esto se reduce la famosa frase “Spain is different”, queriendo recalcar que somos distintos a otros países y evidentemente, mejores. Aunque el espíritu revanchista no es apoyado por estas teorías, termina auspiciando una folclorización de las raíces.

La educación intercultural, no es la bucólica y romántica imagen de niños pequeños de diversos colores, bailando en corro en mitad de una jungla exuberante y magnifica, donde todos son felices. Por desgracia, muchos estudiantes y profesores tienen esta visión en su imaginario.

Teóricamente dicha educación el objetivo que tiene es desterrar el racismo de las aulas y formar personas con una mirada tolerante y conciliadora. El problema que surge aquí para un marxista, es que dicha mirada pasa por encima de las clases sociales y por lo tanto desdibuja a la realidad de la lucha de clases en la que vivimos. Es decir, puede que nos aporte una educación más tolerante, pero no camina hacia una toma de conciencia internacionalista, que aspire a terminar con las clases.

Luego nos quedaría analizar los distintos enfoques que se manejan dentro de este cajón de sastre, llamado interculturalidad. Habitualmente los proyectos financiados por los Estados, conciben esta educación, como la destinada única y exclusivamente a extranjeros o a foráneos que no se adaptan al modelo educativo y por lo tanto hay que articular una educación paralela que permita asimilarlos y homogeneizarlos.

Por otro lado, estarían las teorías que sitúan la interculturalidad, como un pilar importante y faltante en los actuales modelos educativos, donde la interculturalidad debería ser el centro de la estructura y estaría enfocada a todo el alumnado extranjero y nacional indistintamente, para caminar hacia un crisol de culturas complementarias. El factor faltante estas teorías es la práctica. Disponen de un marco teórico bastante elaborado, pero ninguna practica y lo peor de todo, es que muchos pedagogos se conforman solo con el trabajo teórico.

Releyendo los artículos de Ana Belinco y Hernán Cortiñas sobre la posibilidad o no de una educación liberadora antes de un proceso revolucionario, estoy de acuerdo con los autores en que en el “mientras tanto” se puede avanzar tratando de preparar el camino. Pero es una cuestión que me parece evidente para cualquier docente, con vocación por su profesión, no se debería dudar ni un instante ante la posibilidad que su pequeño aporte, en su pequeña aula, pueda suponer un avance en la lucha de clases. A nuestros alumnos mañana los explotara la patronal y más les vale que les aportemos herramientas para luchar contra la explotación.

Actualmente la educación intercultural, es un conjunto de diversas teorías y en la mayoría de los casos, desastrosas experiencias, que terminan cayendo en la reedificación de culturas prototípicas decimonónicas, mezcladas con una visión “new age”, en que a veces a la población indígena y extranjera, se la considera menor de edad. Evidentemente, aquellas escuelas o modelos educativos, creados por sus propios interesados, suelen ser bastante exitosos, como por ejemplo las escuelas zapatistas (2) , que son articuladas y gestionadas por ellos mismos.
Salvando casos excepcionales como este, el resto suelen ser más bien negocios llevados a cabo por ONGs y/o particulares, en el mejor de los casos, donde el interés pasa por ganar dinero.

En el peor de los casos, son llevados a cabo por los Estados, con la firme intención de asimilar y homogeneizar a la población. Además suele conjugarse con una represión ideológica, atacando a la parte más débil de la familia, los niños pequeños. Un ejemplo muy interesante, sería el de la educación indígena en Chile, que básicamente se reduce a una serie de clases de lengua indígena (rara vez se especifica si es mapudungun o aymara) en educación infantil y primaria, que no tienen ninguna continuación en la enseñanza media y que trata la lengua de una forma folclorizada. Reconvirtiendo el acervo cultural, en una curiosidad y tratando de homogeneizar al grupo con una metodología supuestamente “amable”. De esa manera el Estado guiña el ojo al sector mapuche que aspira ser reconocido como indígena, dentro de la legalidad del país, a pesar de ser reprimido por está de forma sistemática.

La diferencia entre intercultural y multicultural, se debe a que el termino intercultural se acuñó en Europa y se basa en teóricos europeos principalmente, mientras que multicultural, fue acuñada por teóricos anglosajones. En resumen, son bastante parecidos y actualmente todos beben de todos. La utilización del término suele depender del lugar.

La principal falta que tienen muchos modelos de escuela actuales desarrollados o en proceso de desarrollo, es su falta de ideología. Vivimos en un mundo subsumido por la ideología capitalista y parece que proponer una escuela ideológica es proponer adoctrinamiento. Entonces, pregunto ¿Acaso no es adoctrinamiento el cine estadounidense? ¿No es adoctrinamiento la televisión, dirigida por el Estado y sobre todo por la patronal? ¿El Estado no nos adoctrina en la escuela?

A lo largo de la historia ha habido grandes pedagogos que no se han quedado en la teoría y han trabajado por una educación distinta, como Makarenko, Freinet, Vigotsky, Luria, Montessori, Summerhill, Freire, Dewey, entre otros. Cada uno con sus diferencias, todos tienen aportaciones validas, pero ninguno sitúa en el centro de su educación la ideología, solo la tocan sobre el papel. Esto ha desembocado en que la mayoría de las escuelas “progresistas y liberadoras” actualmente mantienen las técnicas, pero han desterrado la intencionalidad ideológica.

Mi propuesta es una escuela que recoja aquellos elementos validos, para crear la sociedad crítica con la que soñamos, pero que en su pilar central, se encuentre la ideología. No presentada como un titulo subliminal, sino como una formación necesaria para el estudiantado, para así poder organizarse y luchar.

1) FOUCAULT, M. (1968): “Las palabras y las cosas” Editorial Siglo XXI, Buenos Aires. Prefacio pp. 1

2) BARONNET, B. (2009): (Tesis) Autonomías y Educación indígena: Las escuelas zapatistas de las cañadas de la selva Lacandona de Chiapas, México. http://www.cedoz.org/site/pdf/cedoz_886.pdf






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