Política Estado Español

OPINIÓN

¿Resignificar la bandera de España? ¿La izquierda? ¿En serio?

La última novedad en guerras culturales de la izquierda reformista es la resignificación de la bandera española. Esta “disputa por la hegemonía” de los símbolos reaccionarios no es nueva. Significantes vacíos, revivals patrióticos y “nada más que parlamentarismo”. Abrimos debate.

Lunes 25 de mayo | 17:58

Bandera de España en las manifestaciones de la extrema derecha, como envoltorio de impunidad ante la creciente represión en los barrios populares. Bandera de España en los balcones en 2017 para negar el derecho de autodeterminación. Bandera de España avalada en la Transición con el pack de la monarquía como parte del consenso con los franquistas reciclados. Bandera de España cuando el ejército español la lleva a su último atolladero imperialista. Y ahora, ¿bandera de España “de todos”?

La derecha toma la calle ¿quienes se la están regalando?

De un tiempo a esta parte se vienen escuchando voces que quieren “resignificar la bandera”, demostrando que el nacionalismo español no tiene porque ser únicamente patrimonio de una extrema derecha “que trata de aproapiarse de un símbolo que es de todos”. La patria y el patriotismo ya no se repiten solamente en boca de la derecha o el PSOE, sino que saltan a los discursos de Pablo Iglesias, Alberto Garzón o Íñigo Errejón. Pero, ¿el chovinismo ahora es de izquierdas?

Más allá de los usos abiertamente reaccionarios de la bandera española como símbolo anteriormente mencionados, entramos a pensar qué clase tiene interés en reconocer como suyo el emblema de un estado imperialista y cárcel de pueblos. ¿Recuerdan aquello de que“el Estado es el consejo de administración de las grandes empresas”? ¿”El órgano de violencia de la clase dominante”? ¿O aquella consigna internacionalista que decía: ni guerra entre pueblos ni paz entre clases?

Pablo Iglesias y la nostalgia de los grandes “médicos de cabecera” del capital del siglo XX

Pues a pesar de que el Estado pertenece a los capitalistas (aunque lo gestione “el gobierno más progresista de la historia”) y los símbolos de un estado-nación son parte del armazón ideológico de la burguesía, hay una parte de la izquierda que trata de evitar que esa bandera se la apropien los cayetanos del barrio de Salamanca y sus acólitos de brazo en alto. A la pelea ideológica por si apropiarse de la bandera o no trasciende el programa que puede incluir una postura así: “nada más que parlamentarismo”.

No es la primera vez que sectores clave de la izquierda tratan de sumarse a los que despliegan la bandera española, por muy manchada de sangre obrera que estuviera. La “nueva normalidad” que el PCE firmaría en los Pactos de la Moncloa incluía aceptar la bandera y la monarquía heredadas del franquismo como emblema del nuevo consenso que cerraba la Transición por arriba inaugurando una democracia para los ricos del régimen y sus descendientes. Tal y como apunta el columnista Juan Carlos Escuder en su artículo El robo de la bandera: “Desde Carrillo a Pedro Sánchez, que en su día protagonizó una perfomance muy yanki con la rojigualda a sus espaldas, todos los intentos de rehabilitar el paño han sido infructuosos”.

Dejando de lado todo internacionalismo en el camino a la gestión amable del Régimen del 78 de la mano del PSOE, hay una izquierda que se prepara para la “guerra cultural” presumiendo de patriotas más auténticos que la derecha que tiene el dinero en paraísos fiscales. Mientras tanto, el plan del gobierno en el que participan no es diferente al del 2008: ajustes, rescates y apuntalar los intereses de las grandes empresas. Y para la clase trabajadora, despidos, paro, más precariedad y más condiciones de miseria.

“Resignificar la bandera” se erige como la nueva batalla del reformismo que transformó la “nueva política” en una sucesión de “significantes vacíos” y “disputas culturales”. que ahora es parte de un gobierno que cumple de buen grado con la tarea material y nada vacía de descargar los costes de esta crisis sobre la mayoría trabajadora, rescatando a las grandes empresas de la Marca España. “Resignifiquemos”, pues, sus beneficios y fortunas, para que esta vez sea la patriótica patronal quien pague la crisis.

Avancemos en dar pasos hacia un partido unificado de la izquierda revolucionaria, la clase trabajadora, las mujeres y la juventud






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