Cultura

DOCUMENTOS DESCLASIFICADOS DE LA CIA

Santiago Carrillo temía la “Revolución de los Claveles” y defendió la permanencia de la OTAN en 1975

Esta semana, la CIA ha hecho pública la desclasificación de miles de informes secretos (un total de 12 millones de páginas), entre los cuales se revela información hasta ahora oculta acerca del Estado español durante los convulsos años de la década de 1970. En concreto, de algunos de sus principales protagonistas, como Santiago Carrillo y Felipe González. Los documentos desclasificados ponen en evidencia los roles que jugaron aquellos en uno de los procesos más importantes de la historia del Estado español.

Asier Ubico

Delegado de CGT Telepizza, Zaragoza

Viernes 20 de enero de 2017 | 18:42

Carrillo saluda al entonces vicepresidente Guerra, ante la mirada del presidente González, en noviembre de 1982. Foto: EFE/Archivo

Uno de los documentos que han sido publicados en la web norteamericana de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), recoge e informa sobre una conversación que tuvo en 1975 el entonces Secretario General del PCE (Partido Comunista de España), Santiago Carrillo, con un responsable de la revista Time.

En esta conversación se muestra el interés de Carrillo por renunciar a la expulsión de las bases norteamericanas de la OTAN en España, una de las reivindicaciones que llevaron a Felipe González al gobierno en 1982. “Los americanos pueden estar en España mientras los rusos mantengan tropas en Checoslovaquia”, decía el entonces principal líder del PCE.

Carrillo se había opuesto públicamente a la presencia de las bases de la OTAN y, presuntamente, también a la intervención armada de la URSS en Checoslovaquia en el ’68. En ese contexto, según cita el documento, la administración norteamericana tenía claro en 1975 que “este cambio de actitud puede ser un esfuerzo de ablandar” a EEUU y hacer creíble públicamente que Carrillo buscaba una salida “pactada” con el régimen franquista y la posibilidad de la entrada del PCE en un futuro gobierno de reconciliación nacional.

Pero lo más llamativo de esta conversación era el temor del líder comunista al ascenso obrero y popular de tomas de fábricas, de comités de obreros e inquilinos y nacionalizaciones forzosas que estaba desencadenando la llamada “Revolución de los Claveles” en Portugal. Según Carrillo un “gobierno radical” en Portugal podría “dañar” las posibilidades del PCE de “jugar un papel en la España postfranquista” que, según la CIA, podría llevar a Carrillo a formar parte de un gobierno de coalición.

Según afirman los documentos de la CIA, en la conversación con el responsable de la revista Time, Carrillo declaró que sus intenciones no eran “instaurar el socialismo”, sino simplemente “restaurar las libertades civiles y las instituciones democráticas”, ideas básicas de su giro eurocomunista. En ese sentido, Carrillo declaraba que esto era contrario al rol que el PC de Portugal y su secretario general, Álvaro Cunhal, estaban jugando en la Revolución de los Claveles.

El temor de Santiago Carrillo por la existencia de un supuesto “gobierno radical” en Portugal, entraban dentro de la lógica del PC español, que renunció incluso a la demanda mínima de un “gobierno democrático” nacido de la movilización obrera para abrigar, por el contrario, la idea de la “reconciliación nacional” a través de un gobierno coaligado con postfranquistas reciclados como aliados. Es decir, pasar de la llamada “ruptura democrática” a una “ruptura pactada”, que dio origen a la actual Transición española, hoy puesta en cuestión como producto de la crisis social y política actual.

En los años ‘30, el PCE estalinizado, renunciaría a la revolución socialista y siguiendo los lineamientos de la Comintern, llamaría a formar los llamados “Frentes populares” con la burguesía como vía para promover un cambio democrático burgués en el régimen político. Pero ya en los años ’70, renunciaría incluso a la vía “democrática”. Como explica Santiago Lupe en el artículo “De vuelta con la “ruptura democrática”: del eurocomunismo a Podemos”, el temor de Carrillo se basaba en que “desatar las fuerzas sociales para derrumbar la dictadura y llevar adelante un programa de demandas democráticas, aún limitado, abría la puerta a un proceso revolucionario que se escapara de las manos a la misma dirección de Carrillo. Como estaba pasando en el vecino Portugal, los obreros en huelga y sus organismos de lucha podrían querer llevar los “cambios” hasta más allá de la línea roja de la propiedad capitalista y la reconciliación con sus verdugos”.

Para el PCE de Carrillo, eso significaba no solo frenar y utilizar como moneda de cambio cualquier movilización potencial o huelgas generales nacidas de cada conflicto fabril o territorial, o apoyar indirectamente la represión violenta de sus aliados políticos contra sectores obreros combativos como hiciera Fraga en la histórica huelga de Vitoria del ‘76, lugar donde los procesos de auto organización obrera eran más fuertes. También significaba renunciar a terminar definitivamente con la Corona, a los derechos democráticos de autodeterminación y al programa anti-militarista de expulsar las bases militares de la OTAN del territorio español.

Sin perder de vista que la fuente de publicación de estos documentos es nada menos que la inteligencia imperialista norteamericana, los mismos se ajustan a lo que en los hechos fue la política y la estrategia de Carrillo y el PCE durante la salida del franquismo y la Transición española.






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