Cultura

CRÍTICA DE CINE

“Sauvage”, la ópera prima del realizador francés Camille Vidal-Naquet

Un filme duro, descarnado, amargo, valiente y lleno de ramalazos de ternura por la inmediatez con la que el director se pega a la piel de su protagonista masculino, un inspirado Félix Maritaud, que ya se dio a conocer en la inmensa “120 pulsaciones por minuto”.

Eduardo Nabal

Burgos | @eduardonabal

Martes 3 de marzo | 13:32

“Sauvage” es la historia de un joven prostituto que busca placer y negocio en sus bien distintos encuentros y que se enamora inútilmente de un compañero de correrías.

El filme no escatima detalles en las escenas de sexo entre hombres de diferentes edades, razas y condiciones, y se aleja de cualquier corrección de cara a la galería, sin eludir escenas de sexo y desesperación. No obstante, acaba por ser un valiente testimonio de una vida difícil en el que el joven busca no perder su autenticidad a pesar de las muchas trabas que encuentra en su camino.

La fantasía, la cruda realidad, el sexo explícito y la violencia son algunos de los ingredientes de un filme que no abusa del tremendismo, pero que nos muestra la trayectoria de su protagonista como un extraño devenir por encima de la salud o la estabilidad, al tiempo que acepta, a trompicones, su verdadera identidad sexual.

De ritmo frenético y planos estudiados, “Sauvage” combina la corporalidad y la fisicidad con algunos ramalazos de poesía y lirismo que no dejan de tener su eco de la “nouvelle vague” francesa, sin excederse. Un filme sobre explotados que a la vez pueden convertirse en explotadores, dado a la paradoja y a un bizarro naturalismo en su aproximación a la psicología atormentada del protagonista masculino.

La película no rehúye los primeros planos ni los desnudos para aproximarse a temas como la soledad, el placer, la búsqueda del amor, el desamor o el acercamiento a la enfermedad. La fantasía y su representación, los cuerpos marcados y los cuerpos envejecidos, los que importan más y menos, una juventud maltratada por la falta de horizontes, la inmigración, el miedo y la avaricia.

Estamos ante un filme peculiar, sensible, envolvente e hiperrealista, que elude cualquier atisbo de moralina a cambio de ponerse cerca de un ser humano en circunstancias complejas, observando y sacando lo mejor de su trayectoria en un mundo mal conocido. Una vibrante bocanada de aire fresco dentro del mejor cine francés contemporáneo.






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