Política

Argentina

EDITORIAL

Seis tesis sobre el Frente Ciudadano y el nuevo escenario político

La vuelta de Cristina Fernández y la nueva situación política. El Frente Ciudadano, una mediación preventiva y un desafío para la izquierda.

Fernando Rosso

@RossoFer

Lunes 18 de abril de 2016

1. La propuesta de Frente Ciudadano que lanzó la expresidenta Cristina Fernández (CFK) desde las puertas de Comodoro Py no vino a patear el tablero de la política nacional, sino a intentar reorganizarlo. Hay que reconocerle el estatus de una proposición de carácter estratégico: quiere situar al kirchnerismo y al peronismo nuevamente como postulante a “partido de la contención”. El tortuoso y casi imposible tránsito de partido de la contención a “partido del orden” le costó a la coalición kirchnerista-peronista la derrota en las elecciones realizadas el año pasado. La crisis que expresaron los episodios de pequeña política como el carnaval de precandidatos a la presidencia por el Frente para la Victoria (Taiana, Rossi, Urribarri y hasta Aníbal Fernández), para luego pasar a la disputa de la dupla Randazzo-Scioli, y finalmente terminar encumbrando a dedazo limpio y desganadamente al exgobernador de la provincia de Buenos Aires; fueron la manifestación de la dificultad para llevar adelante esa transición con éxito. Los errores fortuitos o forzados por esta encrucijada terminaron con Aníbal Fernández encabezando el desastre de la provincia de Buenos Aires, que abrió el camino a la derrota nacional. El mérito de María Eugenia Vidal fue simplemente ubicarse como “lo otro” de Aníbal Fernández. La virtud de Mauricio Macri fue nacionalizar ese monumental triunfo (o error) táctico.

2. Dos cálculos políticos están en el horizonte de CFK: uno se basa en que el gobierno de Macri y el ajuste están provocando un acelerado deterioro general de las condiciones de vida de la población y no puede descartarse la deriva hacia una crisis catastrófica. Todos los indicadores sociales muestran un pronunciado declive y (con más o menos operaciones) la imagen del Gobierno que asumió apenas hace cuatro meses, acompaña esta caída. En ese caso, hay que tener preparada una alternativa que evite “el caos y la anarquía”. La grave crisis que atraviesa Brasil, con el trasfondo de una difícil situación económica y un futuro incierto tras la aprobación del impeachment en Diputados, es un espejo cercano y latente. El otro cálculo complementario se basa en que por las posibilidades de un nuevo endeudamiento, la economía logre levantar (o por lo menos no caer de manera estrepitosa). Ante esta segunda hipótesis, el Frente Ciudadano le permitiría estructurar una oposición “cívica”, incorporando a su leguaje político conceptos amables a los oídos de los sectores sociales que apoyaron a Sergio Massa (al mismo Scioli y hasta a Macri) que con su Frente Renovador quiso dar nacimiento a la “avenida del medio” de un peronismo republicanizado. En ese caso, CFK se prepara para una eventual disputa “gradual”, es decir, meramente electoralista. Haría su aporte al objetivo de la reconstrucción de un régimen político que cumpla el sueño surgido de las conversaciones tempranas de Torcuato Di Tella y Néstor Kirchner: “articular un nuevo espacio político en el que confluyan la ‘izquierda racional’ y el ‘peronismo decente’, para dar vida a un ‘animal’ con cuerpo peronista y patas extrapartidarias” (Kirchner/Di Tella, “Después del derrumbe”. Galerna. 2003). Este “animal” complementado con la “nueva derecha” del PRO-Cambiemos, conformarían el ideal y utópico sistema constituido por una centroderecha y una centroizquierda que decreten el fin a la historia de la indomable Argentina contenciosa.

3. El empate peronista le permite a CFK competir con el PJ institucional por el liderazgo y la hegemonía de ese espacio político. Cristina es la madre de todas las derrotas, pero es a la vez la representante de un periodo de gobiernos de contención. Es decir, administraciones bajo las cuales hubo crecimiento económico (por el “trabajo sucio” de la crisis, la devaluación y el viento de cola), combinado con un obligado cambio de paradigma político que implicó incorporar demandas y realizar concesiones para la “normalización” del país que estalló en 2001. La “sobrevida” del esquema económico habilitó, además, llegar “con lo justo” para que no termine en catástrofe, pateando la pelota de los marcados desequilibrios al campo del siguiente gobierno. Todo eso le permite mantener un capital político y el apoyo de una minoría intensa que puede desarrollar su influencia de manera inversamente proporcional a la pérdida de “hegemonía” de Macri y Cambiemos.

4. El consultor kirchnerista Artemio López compara al Frente Ciudadano con el FRECILINA (Frente Cívico de Liberación Nacional) impulsado por Juan Domingo Perón para enfrentar a la dictadura del general Alejandro Agustín Lanusse y conducir al peronismo institucional y sindical desde afuera. La lógica general puede tener similitudes, la fisonomía concreta es muy diferente. La propuesta y la ubicación política del viejo líder contenían la posibilidad de cierto aliento a la lucha e incluso a las “formaciones especiales” que encararon la vía de la lucha armada. La propuesta de CFK excluyó toda referencia al conflicto, a la confrontación o a la movilización. Las diferencias tienen sus causas: el proyecto de Perón fue una ex post facto en un marco signado por la irrupción de la lucha de clases violenta que se radicalizó desde el mayo cordobés. El Frente Ciudadano de CFK es preventivo ante la posible degradación de la situación social y política que tiene entre sus perspectivas la de una crisis aguda y una incontenible radicalización callejera.

5. La propuesta política del Frente Ciudadano (más allá de sus posibilidades de concreción o éxito) vino a modificar el escenario político y tiene especiales consecuencias para la izquierda. El kirchnerismo puro y sus “áreas de influencia” -disputada en varios terrenos con la izquierda-, estaban huérfanos de conducción y observaban impotentes la multiplicación de “traidores” como los panes y los peces en el brumoso mar del peronismo. CFK viene a proponer una reconducción a la derecha con la indulgencia y el encubrimiento para los “traidores” y colaboradores del macrismo, para una ubicación de oposición “domesticada”. La propuesta de Frente Ciudadano es con el PJ, que acaba de armar su lista de unidad en la que no falta nadie del “tren fantasma”: desde Juan Manuel Urtubey hasta Andrés Rodríguez, el entregador serial de UPCN; desde la represora Rosana Bertone al “buitre friendly” número uno, Miguel Pichetto y siguen las firmas. El Frente Ciudadano también convoca a la dirigencia sindical burocrática (el SMATA fue base de operaciones para la ruptura del peronismo pro-buitre) y una nueva convocatoria a la “burguesía nacional”, esa entelequia que dentro del peronismo opera con la potencia de un mito eterno. CFK excluyó de su discurso la cuestión de la entrega a los buitres y no hizo referencia a temas sentidos por el “kirchnerismo emocional” como la “Ley de Medios”, desmantelada sin pena ni gloria, sin resistencia y sin aguante, por el radical amigo de Luciano Benjamín Menéndez (Oscar Aguad). No hizo referencia, como se dijo, a nada que se le parezca a la lucha para enfrentar los despidos, la pérdida del poder adquisitivo del salario o el ataque a las libertades democráticas. El Frente Ciudadano se propone una pasivización preventiva desde el llano para contener a lo que pueda deslizarse hacia la izquierda, hacia la calle o la radicalización provocada por el embate macrista. En este sentido, es una nueva mediación contra la que hay que pelear y a la que hay que dejar en evidencia para aportar a la clarificación política de los sectores avanzados de los trabajadores o la juventud que hoy quieren enfrentar consecuentemente a la derecha.

6. El “mérito” indeseado de la propuesta política es que fija al blanco móvil del kirchnerismo y sus objetivos (siempre con elementos de “ambigüedad” que son la marca de fábrica del peronismo), y permite transparentar las distintas estrategias: si a la derecha se la enfrenta con una orientación política pasiva que vuelva a unificar a “traidores y traicionados” en pos de moderados objetivos que incluso se enmarcan en el campo político-discursivo del enemigo que dicen enfrentar, mientras el ajuste hace estragos en la Argentina trabajadora y popular. O si se le presenta batalla desarrollando la lucha actual para frenar el ajuste, que proponga un programa para derrotar a la CEOcracia, al gobierno de los ricos, atacando sus intereses, única manera realista de que la crisis no la paguen nuevamente las mayorías populares. Una resistencia que está en curso y que se manifiesta todos los días. Dicho de un tirón: permitir una nueva ruina sobre las espaldas de la mayoría nacional y preparar una moderada vuelta para una lenta “reconstrucción”; o enfrentar a la minoría de parásitos y sus gerentes directos que ocupan el gobierno y que la crisis la paguen ellos. O un pasivo y electoralista Frente Ciudadano o un Frente de los trabajadores, las mujeres y la juventud, para la lucha en las calles, para la organización y la disputa política estratégica.






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