Cultura

ENTREVISTA A EDUARDO FUEMBUENA

Sobre “Lejos de aquí”, ensayo sobre Eloy de la Iglesia y José Luis Manzano en su época

“Me gusta decir que 'Lejos de aquí' es un libro total. Es cierto que utilizo algunas herramientas propias de la narrativa de ficción, con la finalidad de implicar al lector medio, pero no esquivo el ensayo sociológico ni el análisis del texto fílmico. En realidad, siempre me he podido permitir hacer lo que me ha parecido para contar esta historia”

Eduardo Nabal

Burgos | @eduardonabal

Jueves 20 de julio de 2017 | 19:53

Eduardo Fuembuena nace en Zaragoza, en cuya Universidad (Facultad de Filosofía y Letras) se licencia en Historia del Arte. Continúa su formación en Barcelona (Máster de Escritura de Guion para cine y TV en la UAB) y en Madrid (diplomado por la ECAM, estudios de posgrado en la Universidad Carlos III de Madrid). Publica artículos cinematográficos en portales digitales, blogs y revistas, a la par que desarrolla una labor profesional como decorador en cine, televisión y publicidad. En 2010 dirige el cortometraje de ficción Voces y en 2011 el poema audiovisual Chico y barco. Lejos de aquí es el primer libro que publica. En la actualidad desarrolla su profesión de guionista en una película biográfica sobre Manzano y De la Iglesia.

“Lejos de aquí” es algo más que un libro de cine, es una biografía ambiciosa pero también el retrato de una época a partir de dos personajes: Eloy de la Iglesia y José Luis Manzano. Sé que es difícil resumir, pero cuéntanos algo de la aventura de gestación de este libro.

Comencé a interesarme en el cine de Eloy de la Iglesia a partir de un encuentro con el escritor Gonzalo Goicoechea, guionista de ocho películas del director vasco y de muchos proyectos no realizados, pocas semanas antes de su fallecimiento, en 2009. Recuerdo que por entonces vi por primera vez un film al que siempre hay que volver como es El diputado. En nuestro siguiente y, por desgracia, último encuentro personal, Gonzalo me refirió muchas historias cuya trama no pude entender a fondo hasta pasados unos años. Yo siempre veo mucho cine. Buen cine. Retomé la filmografía de Eloy De la Iglesia por El pico, que visionaba por segunda vez, entonces con mente crítica y afán analítico. No me fue del todo posible. Aún antes de terminar la cinta comencé a preguntarme quién era actor vulnerable que caminaba como James Dean y tenía la mirada triste de un Brad Davis. Y me dejé fascinar. Por entonces, de José Luis Manzano solo había mentiras en la red y prácticamente nada reseñable publicado o lo suficientemente extenso. Apenas unas entrevistas a De la Iglesia y al mismo Manzano y el artículo de investigación de Javier Maqua titulado "El pico 3". Tuvo que partir casi de cero, visitando a la madre de este chico en su casa de Vallecas y mis visitas pasaron a ser semanales. También visité a la familia De la Iglesia y comencé a entrevistar a todo el mundo que me pareció: Por una parte, a compañeros de Eloy de la Iglesia. Por la otra, a amigos y valedores de Manzano, aunque a veces las fronteras entre los unos y los otros eran difusas. Creo que para casi todos mis interlocutores y, desde luego, para mí fue fácil y muy natural hablar de Eloy de la Iglesia y de José Luis Manzano. He de añadir que sin la disponibilidad y la ayuda continua y constante de las familias y también de Pedro Cid, vicario parroquial de Nuestra Señora de Fátima de La Alhóndiga de Getafe, de cuyo tránsito se van a cumplir en breve dos años, hubiese sido imposible reconstruir la historia real de Eloy y de José. Paralelamente he desarrollado una pormenorizada labor de investigación en archivos públicos y privados y en hemerotecas. En definitiva, he dedicado siete años a investigar sobre unos hechos y unas vidas en un contexto espacio-tiempo determinado con fuerte pervivencia en el aquí y el ahora por voluntad propia, sin mentores y sin ningún tipo de patrocinio y, por lo tanto, me puedo permitir decirlo, casi sin ensuciarme ni corromperme.

Hay momentos muy curiosos como cuando la policía u otros camellos reconocen a José Luís como actor. Algo de la vida imita al arte. Parece ser que la relación fue tormentosa entre estos dos hombres. ¿Crees que fue una relación desigual o se deterioró en su transcurso?

Sin duda fue desigual de partida, obviando los vínculos establecidos entre Eloy y Jose y los sentimientos más o menos elevados que alguna vez pudieron tener el uno por el otro, en particular hasta la época de Colegas. Manzano alcanza la entidad de actor de manera muy inadvertida en lo personal, casual, por un capricho o una corazonada de De la Iglesia. El joven, se dejó conducir u obedeció como hizo siempre. Funcionó y José Luis Manzano encarnó en cinco películas de Eloy de la Iglesia algunos prototipos que él conocía bien o le había tocado padecer en los que se reconoce la evolución de la juventud española durante un lustro de democracia.

La relación entre aquel Pigmalión y el ángel del arroyo estuvo marcada por tintes de toxicidad y por el consumismo casi desde el momento 0. A partir de unas circunstancias cambiantes, de las que el joven desinformado partía por lo general con desventaja, se llega fácilmente a la exposición a unos factores externos establecidos en el contexto sociopolítico de una determinada fase de nuestra historia reciente y del momento vigente, el posfranquismo, y finalmente a las dependencias a una sustancia, la heroína, cuya finalidad principal es la propia destrucción y suele conllevar bien otras dependencias personales generadas por la propia supervivencia de uno como drogodependiente. Pero tampoco se puede omitir la fuerza invisible del destino —para un cristiano, las formas de la dialéctica de predestinación agustiniana— inevitable, sin distinción de los pasos a seguir o tal vez conducido por estos y que se revela como verdad terrible al final de nuestros días.

¿Has novelado, en el mejor sentido de la palabra, algún episodio determinado para hacerlo más atractivo al lector o te has decantado por una escrupulosa fidelidad a los hechos o no has conseguido un equilibrio entre el rigor histórico y la forma amena de contar una historia que son muchas historias?

Me gusta decir que Lejos de aquí es un libro total. Es cierto que utilizo algunas herramientas propias de la narrativa de ficción, con la finalidad de implicar al lector medio, pero no esquivo el ensayo sociológico ni el análisis del texto fílmico. En realidad, siempre me he podido permitir hacer lo que me ha parecido para contar esta historia. Principalmente porque rechazo en bloque el sistema capitalista que lleva al ser humano a conseguir a cualquier precio el producto que debe de ser consumido a cada momento, a vaciarse por este, a no plantearse el análisis de su realidad, a evitar pensar de forma individual, por él mismo, porque ciertas ideas no dirigidas pueden resultar peligrosas para las élites que rigen nuestras vidas y buscan nuestra sumisión y nuestro sacrificio. Por supuesto, mi decisión conlleva una serie de renuncias al mayor grado, como haber tenido que auto-editarme y ser virtualmente ignorado por la crítica y la academia, por otra parte, algo de lo que estoy encantado.

Escribiendo mi libro, he procurado referirme a la realidad de forma científica siempre que ha sido posible. A veces me he visto obligado a reconstruir alguna parte de este monumental frasco multigeneracional, pero respetando el conjunto y tal vez guiado por los fantasmas de la mente que vagan este mundo y que nuestro cerebro percibe, que decía Henri Bresson en el texto de una de sus conferencias.

Otro objetivo que me propuse fue la de tratar de entender la naturaleza 30% de bondad 70% de maldad del hombre, este mundo en el que estamos atrapados y la historia reciente de mí país. Creo que lo he logrado plenamente y Lejos de aquí será también mi primer y último libro publicado porque no tengo nada más que decir sobre la existencia humana.

El trasfondo sociopolítico es crucial en el libro. Parece como si la evolución del estado español, incluso de determinadas ciudades como Madrid fuera ligada a la evolución de los personajes. Supongo que esto es intencionado.

Sí. Por supuesto que lo es. He desarrollado este trabajo también valiéndome de mi formación de historiador y con la certeza de que la historia no se apoya en leyes sino en hechos concretos y particulares. Sobre circunstancias y experiencias personales. La etapa de la vida de Eloy de la Iglesia en la que convivió con Manzano es posterior a la reforma política del país, años en los que se estableció una impresión bastante engañosa de cambio. Asimismo lo son sus películas, que están en la retina de todos. La propia evolución del pensamiento de Eloy de la Iglesia, su análisis científico y marxista de la realidad está implícito en aquellas películas de la década de los ochenta producidas siempre desde unos planteamientos industriales, pero ya liberadas del lastre de las Juntas de Censura del Movimiento Franquista. Esos años de aparente libertad y de vacío legal coinciden con una catarsis personal de Eloy que cristaliza en la necesidad del director de atacar en sus películas a las instituciones sacralizadas, desde dentro del sistema ya que estas recibían todas las ayudas públicas y subvenciones. A partir de 1986, año de producción de La estanquera de Vallecas y cuando más fácil hubiese resultado darles salida, sus nuevos proyectos fueron bloqueados administrativamente. Por su parte, José Luis Manzano vivió esos pocos años en los que parece que se alcanzó la libertad de expresión casi total de forma mucho más inadvertida. Luego, con el poder absoluto del PSOE, Manzano quedó como un icono de una España que se quería tapar pero que siempre se desvela. En definitiva, fue desechado como actor y como modelo para una juventud porque su dimensión, de delincuente, de lumpen, marginal, en cualquier caso, dejó de ser un arma útil para el sistema capitalista y asesino. En cambio, él trató de recuperar un estatus perdido hasta el último día de su vida, casi siempre en películas o series de televisión proyectadas por Eloy de la Iglesia, pero está claro que no lo logró.






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