Sociedad

CORONAVIRUS Y CAPITALISMO

Test para pocos, virus para muchos: ¿cómo se decide quién vive o muere?

Los números de emergencia dejan en espera y los hospitales ya han advertido que no pueden abastecer de test a cualquiera que sospeche estar contagiado.

Domingo 15 de marzo | 19:16

Desde mediados de esta semana, hospitales y centros de salud están colapsados, fruto de una crisis sanitaria provocada por el coronavirus, pero esencialmente por los años de recortes en el sector, que han dejado el servicio público extenuado e incapaz de reaccionar a pesar del heroico esfuerzo de los equipos sanitarios, los médicos y enfermeros, que se juegan la vida día a día para frenar el brote.

El colapso ha sido tal que los números de emergencia dejan en espera y los hospitales ya han advertido que no pueden abastecer de test a cualquiera que sospeche estar contagiado. Se han visto obligados a asumir que no pueden dar la cobertura sanitaria necesaria para esclarecer algo tan simple como saber si se está infectado. El actual protocolo no permite hacer pruebas para verificar el contagio salvo que tenga síntomas evidentes o se encuentre en estado grave. Esto significa que en caso de creer estar contagiado lo que debe hacerse es permanecer aislado y esperar que afloren los síntomas evidentes del coronavirus, para entonces llamar por teléfono o acudir a los hospitales para recibir la atención necesaria. En otras palabras, para las personas de riesgo, la única forma de asegurarte estar contagiado es esperar en su casa hasta que sea demasiado tarde.

El protocolo antes explicado, que se estableció el 12 de Marzo, es válido para todos, menos para unos pocos privilegiados. Si esta voraz política liberal nos ha dejado a los trabajadores más expuestos al contagio, ya que muchos deben continuar asistiendo a sus centros de trabajo para garantizar su subsistencia, no podemos decir lo mismo de quienes han aplicado o, en el mejor de los casos, han promovido con su apoyo o su pasividad, tales medidas. Mientras que unos debemos esperar acumulando ansiedad y malestar en nuestros hogares, con el riesgo de contagiar a nuestros seres queridos, aquellos con mayor capacidad adquisitiva o en una posición de poder tienen todo más resuelto.

Tras el positivo en Covid-19 de Ortega Smith (VOX) e Irene Montero (UP), toda la casta política ha recibido una atención inmediata. Pronto se realizaron los test a los miembros del gobierno y el Congreso y comenzaron su tratamiento contra la enfermedad en caso de positivo. De igual modo, el acceso a la sanidad privada es un privilegio de las élites políticas y económicas. Abascal, Casado o los reyes y su progenie han podido costearse los exorbitantes precios de la privada para realizarse las pruebas pertinentes, a las cuales no tenemos acceso la inmensa mayoría de la población. Naturalmente, no han tenido que esperar a los síntomas; les basta pagar la sanidad de la que han privado a otros o, simplemente, estar entre los “imprescindibles”.

Frente a este panorama, para ellos hay test y la tranquilidad de saber que están afectados. Para los demás, exposición, espera y, en el peor caso, muerte. No podemos naturalizar la situación y echar la culpa a un virus que, de haber recibido la sanidad pública los recursos debidos, habría podido ser erradicado sin detrimento de las condiciones laborales del personal sanitario y de otros sectores básicos y fundamentales, los cuales se han visto obligados a trabajar horas excesivas y suspender permisos y vacaciones. Tan siquiera ellos han tenido acceso a las pruebas para comprobar, al menos cada cierto tiempo, su posible contagio. Donde se está viendo la gestión política es en la toma de decisiones, que determina qué vidas son prescindibles y cuales valen la pena salvar. ¿El criterio? Lo sabemos todos: en cuantos euros está valorada tu existencia.

Desde el gobierno se hacen llamados a la calma y se alaba de forma hipócrita la labor de los sanitarios, pero los discursos y las buenas intenciones no curan y que mientras los ricos y la casta de políticos del régimen pueden vivir tranquilos, el resto nos jugamos el pescuezo simplemente saliendo a la calle. Los recursos de la pública deben ser para todos, y los test se deberían realizar sin más criterio de segregación que la manifestación de síntomas o posibilidades de exposición; y si la sanidad privada tiene medios para hacer test a los pudientes y a los privilegiados, que esos medios se pongan al servicio de las clases trabajadoras. Nuestra salud no es moneda de cambio para sus beneficios millonarios.






Temas relacionados

Coronavirus   /   Sociedad

Comentarios

DEJAR COMENTARIO