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Trabajadora de DIA: “la empresa nos exprime hasta la última gota”… mientras hace campaña contra la precariedad laboral juvenil

Entrevistamos a una trabajadora de DIA acerca de la campaña y las prácticas de la empresa.

Aníbal Maza

Zaragoza

Viernes 20 de enero de 2017 | 18:42

¿Qué opinas de la campaña que está promocionando DIA sobre la ayuda contra los jóvenes desempleados?

Me parece una broma de mal gusto y una falta de respeto a los trabajadores y trabajadoras. Más en mi caso que además soy joven, ya que en todo momento estamos sometidos a la presión y al acoso y abuso laboral por parte de la empresa en nuestro día a día. Esta campaña demuestra la hipocresía y la bajeza moral de la empresa que nos machaca continuamente en nuestro trabajo.

¿Cómo trabajadora, que abusos son los que observas a diario en tu centro de trabajo?

Hay tanto que no sabría ni por dónde empezar. Principalmente se nos exigen unos objetivos de producción y rapidez inalcanzables tanto en las cajas, en la reposición de artículos y otras actividades, que repercuten en el deficiente servicio de atención al cliente como en la propia productividad. Todo ello bajo la continua amenaza por las faltas y sanciones que la empresa te pone si no los cumples.

En muchos casos te piden que realices tres o más trabajos a la vez: en caja, panadería, frutería y reposición, acabando la jornada con un agotamiento físico y mental machacante, incumpliendo los descansos de 20 min cada seis horas establecidos por el Estatuto del Trabajador.

La falta de personal en las tiendas es el principal problema. Sabemos que estamos realizando el trabajo que deberían hacer dos o más personas. Pese a reclamar más personal, la empresa rechaza nuestras demandas y nos exprime y explota hasta la última gota.

¿Se respetan los convenios laborales, las jornadas de trabajo y los derechos propios de los trabajadores?

Oficialmente los jefes te dirán que sí, pero la realidad es muy distinta: La formación para los puestos de trabajo es mínima y muchas de las actividades se aprenden sobre la práctica, lo que conlleva que habitualmente ocurran accidentes laborales, como los que he visto. Eso sí, si te dan la baja, la empresa te presionará para que no la cojas o vuelvas a tu trabajo cuanto antes, o si no te pondrán como sospechoso o te podrán despedir, dependiendo de si le sale muy caro tu despido o no.

Por otra parte, los jefes presionan a las trabajadoras y a las propias encargadas a realizar horas extras, muchas de ellas no son remuneradas y si te niegas a realizarlas date por sentenciado que no tardaran mucho en ir a por ti. Se respira un ambiente de miedo y de coacción si no cumples con lo que te mandan. Es bastante agotador.

La consecuencia de esto es que he visto a bastantes compañeras mías con problemas psicológicos y tratamientos psiquiátricos por stress y depresión debido al acoso laboral. Realmente es lo que más me asusta de todo, que por ir a ganarme la vida acabe cayendo en situaciones tan desesperadas como en las que he visto en mis compañeras.

Quitando el maquillaje: el negocio detrás de la campaña de DIA

Desde el pasado mes de diciembre DIA obliga a los empleados de sus supermercados a promocionar su campaña recaudatoria “un kilo de ayuda para el empleo joven”. Realiza esta campaña conjuntamente con la fundación Altius de la Universidad Francisco de Vitoria, controlada por los legionarios de Cristo.

Esta congregación es una de las agrupaciones más poderosas de la Iglesia Católica, según el investigador Raúl Olmos, autor de El Imperio Financiero de los Legionarios (2015). Sus activos en todo el mundo suman más de 43.600 millones de dólares. Este “holding multinacional” de ultraderecha católica fue introducido en España en 1946 por Íñigo de Oriol y Alberto Martín Artajo (ministro de Relaciones Exteriores en el gobierno franquista).

Vivirían su “época dorada” en España bajo el gobierno Aznar, destacando entre sus miembros Ana Botella (mujer del expresidente), Ángel Acebes (exministro de Interior), José María Michavila (ex ministro de justicia) y Gustavo Villapalos (ex-rector de la Universidad Complutense de Madrid y exconsejero de Educación de la Comunidad de Madrid), que fue el principal impulsor de la Universidad Francisco de Vitoria de la que depende la fundación Altius.

La fundación Altius, promotora de la campaña “un kilo de ayuda al empleo joven”, además de sus supuestos cursos de formación laboral y ayuda a la inserción laboral en España, publicita sus “labores de cooperación” en Iberoámerica. Esta fundación constituye uno de los pilares esenciales en el holding internacional de los legionarios de cristo.

En México los legionarios de Cristo utilizaron la marca “Un kilo de ayuda” (la misma que en España), para constituir en 1998 la asociación civil Compartamos, que comenzó a publicitarse como una sociedad que otorgaba microcréditos a los sectores más pobres de la población y promovió las tarjetas Un Kilo de Ayuda con el apoyo de Banamex y la cadena de tiendas Aurrerá.

En 15 años, Compartamos multiplicó su capital 342000 veces, a través multas a los prestatarios y tasas de interés del 70% anual. En 2006 el presidente de México Vicente Fox autorizó a Compartamos a convertirse en banco con un capital de 427 millones de pesos mexicanos (18.286116.63 euros).






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