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Trabajadores de la salud de EE. UU. llaman a los sindicatos a tomar medidas contra la violencia policial y racista

Un grupo de trabajadores socialistas de la salud presentaron una declaración en solidaridad con las protestas contra la policía y la violencia racista, exigiendo justicia por George Floyd, Breonna Taylor, Tony McDade, Ahmaud Arbery y Sean Reed

Lunes 1ro de junio | 12:52

Un grupo de trabajadores socialistas de la salud presentaron una declaración en solidaridad con las protestas contra la policía y la violencia racista, exigiendo justicia por George Floyd, Breonna Taylor, Tony McDade, Ahmaud Arbery y Sean Reed. Hacen un llamado a los sindicatos y organizaciones de la salud para que se unan a esta lucha. Reproducimos una traducción del original publicado en Left Voice, sitio estadounidense de la Red Internacional La Izquierda Diario

Declaración:

Condenamos el asesinato racista de George Floyd en manos de la policía y creemos que la violencia policial es una crisis de salud pública.

Como trabajadores de la salud, condenamos el asesinato de George Floyd por parte de la policía de Minneapolis como un acto de violencia racista. Condenamos el asesinato de Breonna Taylor por parte de la policía de Louisville como un acto de violencia racista. Condenamos el asesinato de Tony McDade por parte de la policía de Tallahasse como un acto de violencia racista.

Sus muertes son sólo algunas de los innumerables ejemplos de brutalidad policial responsable de la muerte prematura de muchas personas negras en los Estados Unidos, cuyas posibilidades de morir por la violencia policial son tres veces más altas que las de personas blancas.

Como trabajadores de la salud, somos testigos directos de cómo la brutalidad policial perjudica a negros e inmigrantes. También comprendemos los orígenes racistas y anti-negros de la policía, institución que fue creada para controlar y capturar a las personas que escapaban de la esclavitud, y cómo esto es lo que moldeó a la policía de hoy. Por esto, reconocemos la violencia policial como una amenaza a la salud pública y al racismo como crisis de la salud pública.

Condenamos el racismo con que se controlan las medidas de distanciamiento social en las comunidades negras e inmigrantes.

En la ciudad de Nueva York, 40 personas fueron detenidas por “romper” las medidas de distanciamiento social durante la pandemia, 35 de las cuales eran negras. Mientras tanto, aparecieron múltiples pruebas fotográficas y de video mostrando grupos de personas blancas en parques y lugares públicos sin intervención alguna por parte de la policía.

Estas formas de control policial invasivo y selectivo, la vigilancia y castigo a las comunidades negras e inmigrantes, son reflejo de las prácticas racistas en nombre de la sanidad pública, y nosotros las condenamos en todas sus expresiones. Por lo tanto sostenemos que no debería ser la policía quien controle el cumplimiento del distanciamiento social en estas comunidades y que, en última instancia, no es necesaria para el cuidado de la salud en la pandemia. De hecho marcamos la importancia de que sean las mismas comunidades las que lleven a cabo estas funciones de cuidado y apoyo.

Creemos que las y los trabajadores de la salud somos parte de la clase trabajadora y por lo tanto deberíamos solidarizarnos con los movimientos negros e indígenas, sobre todo durante la pandemia.

Las y los trabajadores de la salud somos parte de una clase trabajadora multiracial y multiétnica que es constantemente sometida a la intolerancia y la violencia racistas. Dentro del sistema privatizado de la salud en EE.UU, somos reducidos a simples engranajes para la generación de ganancias de grandes clínicas y hospitales que priorizan sus intereses económicos por encima de la salud y seguridad de pacientes y trabajadores.

El trabajo en salud es explotado de forma similar a otros trabajos no relacionados a la salud, pero en tiempos de pandemia es el único que recibe los aplausos de la sociedad por ser la primera línea ante una pandemia global. Por el contrario, las y los trabajadores negros o inmigrantes que hacen funcionar a nuestras ciudades, lo hacen por un salario bajo y sin ninguna protección; además de padecer un racismo sistémico que se ve en los llamados desesperados al 911 por miedo a personas negras, la escalada en la violencia policial, y, en útima instancia, la muerte prematura.

Como trabajadoras y trabajadores de la salud, nos oponemos al racismo que permea nuestras instituciones, así como a la estructura económica que pone las ganancias por encima de las personas. Nos comprometemos a levantar los reclamos de las y los negros, inmigrantes e indigenas, y apoyamos conscientemene su liderazgo del movimiento. También nos solidarizamos con las y los trabajadores médicos y no-médicos empleados por el sistema de salud.

Denunciamos la extorsión ejercida por las patronales sobre los profesionales de la salud

Como trabajadores de la salud a menudo nos exigen permanecer neutrales al interactuar con representantes de instituciones que dañan a nuestros pacientes. Esto muchas veces significa guardar silencio ante las injusticias perpetradas sobre pacientes negros, inmigrantes, indígenas y sus comunidades. Como resultado, las exigencias de neutralidad refuerza el status quo de la supremacía blanca al legitimar instituciones como la policía racista y al no permitir que las instituciones destructivas sean desafiadas. Trabajadores de la salud negros o inmigrantes seguramente comprenden mejor que nadie lo aterrador de la llamada doble lealtad (a sus respectivos grupos étnicos por un lado y a sus empleadores por el otro, NdelT) que los trabajadores de la salud pueden exhibir para con instituciones de poder que materializan la supremacía blanca y la opresión de clase.

Como trabajadores de salud, no perpetuaremos ni normalizaremos más la supremacía blanca ni el poder de clase al sostener las prácticas de neutralidad mientras a nuestros pacientes los matan en la calle.

Denunciamos que bajo el capitalismo racial las y los trabajadores sean descartables, especialmente en tiempos de Covid-19

Denunciamos la subyugación de las y los trabajadores por el capitalismo y su dependencia para con el racismo y la institución racista de la policía. Todos los días vemos los efectos de esta dinámica en nuestros pacientes. La división y el control que el capitalismo racial ejerce sobre los trabajadores, nos obliga a trabajar en condiciones de inseguridad durante la pandemia.

Creemos que no es coincidencia que en esta sociedad profundamente racista, la gran mayoría los trabajadores esenciales sean los mismos negros, inmigrantes e indígenas que se ven desproporcionadamente más afectadas por el Covid-19.

Acompañamos y nos solidarizamos con las protestas contra la violencia racista

Vemos que el racismo y la violencia de supremacistas blancos han aumentado con la retórica racista y xenófoba de Trump. El pueblo de Minnesota, junto a otras ciudades a lo largo y ancho del país, se comienzan a levantar contra el racismo y la opresión capitalista, utilizando diversas estrategias y métodos de acción directa. Reconocemos estos métodos como la expresión legítima y necesaria de la ira de un pueblo empujado al límite por un orden social que los priva de sus derechos, y creemos en su potencial revolucionario.

Como trabajadores de la salud acompañamos a quienes oponen resistencia al racismo que existe en los Estados Unidos, un país fundado sobre el genocidio y la esclavitud, concebido sobre tierra robada de los pueblos indígenas.

Condenamos que la policía aterrorice a las comunidades que nosotros atendemos y no guardaremos silencio mientras esto continúe. Creemos en la erradicación del virus de la violencia policial, de la supremacía blanca que subyace a la estructura capitalista y de cualquier otro sistema que se beneficie por aterrorizar comunidades en EEUU y en todo el mundo.

Exigimos que nuestros sindicatos y respectivas organizaciones de la salud tomen ya los reclamos en sus manos y acompañen esta pelea. Exigimos justicia por George Floyd, Breonna Taylor, Tony McDade, Ahmaud Arbery, Sean Reed y por todas las víctimas de la violencia policial. El despido de los oficiales no es suficiente. Deben ser detenidos y procesados todos los policías involucrados en estos asesinatos.

Tomando las palabras de los protestantes de Minneapolis:

“Juicio a los policías! Sin justicia no habrá paz!”

Nos unimos a esta lucha.






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