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CATALUNYA ELECCIONES 26J

Tras las generales el derecho a decidir tendrá que esperar

El referéndum catalán no será una “línea roja” para Podemos en las negociaciones con el PSOE. La hoja de ruta de JxSí se encalla y abre la puerta a un retorno autonomista del pujolismo. La CUP dividida afronta el reto de romper o no con la “mano extendida”.

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Jueves 16 de junio de 2016 | 15:54

Foto: ID / Antonio Litov

El debate a cuatro del pasado lunes ha tenido en Catalunya una particular repercusión. Hasta ese día una de las principales banderas de En Comú Podem había sido la de asegurar que su formación impondría al buscado “gobierno del cambio” con el PSOE la realización de un referéndum en Catalunya.

Es cierto que sin aclarar qué se preguntaría. También que la votación la enmarcaban en el articulo 92 de la Constitución, con lo que su carácter sería meramente consultivo. Y siempre sin renunciar a que la decisión final, si Catalunya debía ser independiente o no, debería ser refrendada por las Cortes Generales. Es decir, atendiendo a la “letra pequeña” de la promesa, de derecho a decidir entre poco y nada.

Pero aún así, entre los muchos fuegos de artificio de toda campaña electoral, éste era uno de los más brillantes y coloristas. Sin embargo, el lunes Pablo Iglesias mojó la pólvora. A la pregunta del moderador, Pedro Piqueras, de si la consulta en Catalunya sería una condición imprescindible para llegar a un acuerdo con el PSOE, Pablo Iglesias dejó claro que en ningún caso eso sería una “línea roja” para conformar el “gobierno del cambio”.

Esta posición oficial del candidato a la presidencia del gobierno de Unidos Podemos, llevó a que el propio cabeza de lista por Barcelona, Xavier Domènech, tuviera que aceptar públicamente que así era. La única licencia que se permitió para tratar de adornar esta nueva entrega de un punto clave del programa, de capital importancia en Catalunya, es que por el momento “no conocemos una propuesta mejor al referéndum”.

Sin embargo no es nada extraño prever que si finalmente hay pacto a la “barcelonina” en Madrid, rápidamente las conversaciones iniciadas entre el mismo Domènech y Miquel Iceta en la ronda de negociaciones post20D, rápidamente encontrarán esa otra “propuesta mejor” que hoy todavía no conocen.

Si a esto le sumamos que la crisis del govern Puigdemont ha quedado aplazada a septiembre, cuando se someterá a una moción de confianza de incierto resultado, es posible que si las negociaciones entre el PSOE y Podemos avanzan en Madrid, en Barcelona CDC encuentre nuevos socios para mantenerse, en los escaños del PSC y Catalunya Sí Que És Pot, y consume de una vez la operación de contención y desvío del movimiento democrático catalán que viene pilotando desde 2012.

Cuando se nos habla de “segunda Transición”, y se viene haciendo desde muy diferentes actores, son a este tipo de maniobras y giros a las que debemos prepararnos. Nuevos acuerdos por arriba entre las élites tradicionales del Régimen en crisis -y tanto el bipartidismo como el pujolismo son parte de ellas- y otros que aspiran a representar y canalizar el descontento por abajo como garantía de una nueva legitimidad. Un nuevo “compromiso histórico” que permita cambiar algo para dejar lo fundamental igual. Y entre lo fundamental del régimen político, junto a la Corona y el resto de sus instituciones, está sin duda la negación al ejercicio del derecho de autodeterminación de las nacionalidades.

Que Unidos Podemos quiere ubicarse en el extremo izquierdo de este proceso no lo niegan ni ellos mismos. Esta penúltima entrega programática es sólo una prueba de que está fuera de sus planes cualquier propuesta no ya que rompa con el Régimen del 78, sino siquiera que le resulte incómoda.

En el caso de CDC se encuentra más bien en una situación de espera del relevo. Hasta ahora, y con un gobierno del PP en frente cerrado a cualquier negociación, al pujolismo reciclado no le quedaba más opción que ponerse al frente del movimiento democrático catalán para evitar que su dirección recayera en ERC y adoptara un curso menos controlado. Si el tablero cambia después del 26J, el principal partido de la burguesía catalana tendrá una vía abierta para retornar a su histórica posición de garante del régimen en Catalunya, como le demandas las grandes empresas y familias catalanas.

La crisis que atraviesa el bloque soberanista es manifiesta. La política de mano extendida de la CUP ha llegado tan lejos que amenaza con partirla. Su Secretariado Nacional acaba de ser disuelto para volverse a elegir y, aunque ninguna de las corrientes reniega de lo fundamental de la alianza política con CDC y ERC desde 2012, no está descartado que termine retirándole el apoyo parlamentario. La ANC y ERC por su parte presionan para ir a un referéndum unilateral y vinculante, una propuesta sonora pero que si no viene acompañada de una movilización social que lo haga efectivo será otro gesto simbólico más como los que han constituido el “proceso” hasta ahora.

Por lo tanto si un acuerdo entre el PSOE y Podemos avanzara, sería una buena ocasión para que CDC presentara una situación límite, de fracaso del “proceso” por motivos ajenos a su voluntad, para encontrar junto a En Comú Podem y PSC esa “propuesta mejor” que hoy Domènech todavía no ve, y que tendrá contornos muy similares a los grandes acuerdos del pujolismo con el PSOE y el PP (financiación, competencias, infraestructuras...) adornados con alguna votación en la que el derecho a independizarse quede ausente.

Así pues, la lucha por el derecho a decidir no tiene este 26J ninguna opción electoral que represente una hoja de ruta consecuente para su consecución. Detrás de las declaraciones que la defienden hay “letras pequeñas”, proyectos de desvío y estrategias impotentes, que pueden conducir a un callejón sin salida la lucha que emergió en la Diada de 2012 y que 4 años más tarde se encuentra en el impasse buscado por aquel defensor del “pacto fiscal” que se transformó en independentista de la noche a la mañana, Artur Mas.

Esta difícil situación obliga a que la izquierda independentista y las organizaciones de la izquierda anticapitalista abramos un debate profundo sobre el balance de estos 4 años de “proceso” y a donde ha llevado la política de “mano extendida” con CDC y ERC. Los grandísimos límites de las únicas opciones que se presentarán el 26J hablando del “derecho a decidir” ponen en evidencia la necesidad de plantear una estrategia independiente de los partidos del establisment catalán, que ponga eje en el desarrollo de la lucha de clases e impulse una gran movilización social con la clase trabajadora al frente que pueda abrir un proceso constituyente realmente libre y soberano.






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