Internacional

VIOLENCIA MACHISTA

Un brutal femicidio pone de pie a Turquía contra la violencia machista

El brutal femicidio de Emine Bulut de 38 años frente a su hija de 10, en una cafetería de Turquía, puso en alerta al movimiento de mujeres contra la violencia machista. "No quiero morir", gritan en las calles.

Lunes 2 de septiembre | 15:18

"No quiero morir", le dice Emine Bulut a su hija de diez años mientras se cubre una herida en el cuello que no para de sangrar. Las imágenes de su llanto, grabado por un cliente del café en el que la mujer fue apuñalada por su exmarido, han indignado a todo Turquía.

Emine Bulut -asesinada el pasado 18 de agosto aunque el vídeo salió a la luz el 23- engrosó la lista de feminicidios de los últimos días junto a Zümrü Er, lanzada escaleras abajo por su exmarido; Merve Kotan, muerta por disparos de su exnovio; Gülsüm Karusu, estrangulada por su marido, y Tuba Erkol, apuñalada por su esposo.

Tras la noticia, la plataforma feminista Kadin Cinayetlerini Durduracağız (Acabaremos con los Feminicidios) anunció la convocatoria de manifestaciones en ciudades de todo el país entre el 23 y el 30 de agosto.

Bajo el lema "no queremos morir" y "prevengan los asesinatos, no los divorcios", miles de mujeres han salido a la calle en casi todo el país para que el Gobierno tome más medidas contra los feminicidios.

El grito ahogado de Bulut en el video "no quiero morir", fue el que se transformó en bandera de las movilizaciones de la última semana.

Según señaló Melek Önder, miembro de la plataforma feminista desde 2015, a eldiario.es: “El asesinato de Emine Bulut ha revelado la verdad sobre los feminicidios en nuestro país. Los feminicidios son una de las formas de violencia contra las mujeres más brutales y graves. Pero el modo en que las mujeres son asesinadas puede generar más reacciones”, y agregó que “el presidente y los líderes de los partidos políticos deberían condenar la violencia contra las mujeres”.

La brutalidad del femicidio fue tal que los principales políticos del país tuvieron que salir a repudiarlos, aunque siempre han minimizado la violencia machista en Turquía.

El partido gubernamental islamista AKP tuvo que calificar el asesinato de Emine Bulut de "herida social" y anunció que llevará al Parlamento un nuevo proyecto de ley para luchar contra la violencia machista.

La nueva legislación evitaría las reducciones de sentencia por buena conducta en los casos de feminicidios y los acusados podrían pasar parte de su pena en confinamiento solitario.

Sin embargo, abogadas y asociaciones feministas se oponen a la iniciativa del Gobierno y piden que se aplique la legislación actual y se cumpla con el Convenio de Estambul, la normativa internacional sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres.

"No hay necesidad de cambiar las leyes, solo hay que implementar las que ya tenemos", dijo a la agencia Efe la abogada Selin Nakipoglu.

El Convenio contempla medidas como facilitar refugio a las víctimas de violencia de género, que la policía pueda sacarlas del domicilio en caso de peligro inminente o programas para informar a la opinión pública sobre prevención y derechos de las víctimas.

Un grupo de expertos del Consejo de Europa ha desnudado la hipocresía del Gobierno y los principales partidos políticos turcos. En un informe el año pasado señaló que, en el caso de Turquía, "no hay suficientes datos o pruebas que demuestren que los casos de violencia se investigan, procesan y sancionan de manera efectiva".

"Las autoridades hacen la vista gorda en muchos aspectos. Por ejemplo se debe aplicar una multa cuando se viola la orden de alejamiento, pero en la mayoría de casos no se hace. También conocemos muchos casos de policías que presionan a las mujeres para que no denuncien", le dijo a la agencia Efe Gülsüm Kav, directora de la asociación "Kadin cinayetlerini durduracagiz".

El presidente turco y líder del islamista AKP, Recep Tayyip Erdogan, declaró recientemente que el Convenio "pone en peligro la integridad familiar".

En la misma línea, los sectores más conservadores del estáblishment político y económico se oponen al Convenio argumentando que puede causar "la desintegración de la familia y favorecer la homosexualidad", aunque no especifican qué medidas exactamente la causarían. Estos sectores son los mismos que incentivan el machismo y la lbgtfobia entre los sectores más conservadores de la sociedad.

A raíz del asesinato de Bulut, medios progubernamentales han señalado que el Convenio es un "asesinato de la familia", un "producto occidental" que "favorece al colectivo LGBT" y que ha provocado la "expulsión de miles de hombres de sus hogares".

Sobre estas tendencias, la abogada Nakipoglu señaló: "Hay sectores que ejercen presión para no implementarla porque dicen que va contra nuestra tradición familiar. Es absurdo. Los derechos de las mujeres no tiene nada que ver con una cuestión de tradición o cultura".

Según la asociación "Kadin cinayetlerini durduracagiz", al menos 245 mujeres han sido asesinadas en Turquía en los primeros siete meses del año.

En noviembre pasado, el Ministerio de Interior ofreció por primera vez una cifra de feminicidios, cerca de unos 20 asesinatos al mes, una cifra que coincide con el rotativo Bianet, que hace un seguimiento mensual de la violencia contra las mujeres.

Según Bianet, 255 mujeres fueron asesinadas en 2018, mientras que "Kadin cinayetlerini durduracagiz" asciende la cifra a 440.

La irrupción del movimiento de mujeres es tomada como una amenaza por los sectores más conservadores y el propio Gobierno de Erdogan. Así lo demostró este último 8 de marzo, en el que la Policía lanzó gases lacrimógenos sobre miles de mujeres que marcharon en Estambul. Las recientes movilizaciones tras el asesinato de Emine Bulut vuelven a poner a la violencia machista en el centro del debate, y muestra que el movimiento de mujeres empieza a ser un actor cada vez más activo en el país, siguiendo una tendencia que ha venido creciendo en todo el mundo durante los últimos años.






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