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Un gobierno a toda costa

El PP busca un gobierno a toda costa. Sin embargo, un gobierno débil no es funcional a los planes de la burguesía. El PSOE busca preservarse para servir a su clase y no morir en el intento.

Federico Grom

Barcelona | @fedegrom

Sábado 20 de agosto de 2016 | 21:02

El retraso entre el PP y ciudadanos para el acuerdo de investidura, a conciencia por el propio Rajoy con la excusa de que el PP debía reunir a su ejecutivo, era solo parte de una maniobra política para que en el caso de unas hipotéticas terceras elecciones, forzar que éstas sean en navidad. De esta manera busca multiplicar la presión sobre los socialistas y en el peor de los casos hacer pagar a éstos ese posible escenario.

Ayer mismo, en declaraciones desde Pontevedra, el presidente en funciones pidió al PSOE que actué “con sentido común”, “que esto ya no se aguanta más”, estar sin gobierno “es una situación absurda” y señaló que resolver esto es “la mayor prioridad” del PP. Aunque agregó “y luego ya, evidentemente, lo primero es tener unos presupuestos. Este año 2016 se ha mantenido bien la economía". Sin embargo ha reconocido, haciéndose eco del resentimiento de algunos indicadores como el PIB y muchos de los pronósticos, que "esto no tiene por qué ser siempre así".

Esta maniobra puso a la luz, por otro lado, la fantasiosa idea de la independencia política de las distintas instituciones que forman el Estado. En este caso de la figura de la presidencia del Congreso de los Diputados, cargo que ocupa la popular Ana Pastor. Prácticamente la única competencia exclusiva que tiene este cargo es la de establecer el día de la celebración de la sesión de investidura de un candidato a la presidencia del Gobierno. Sin embargo esta fecha fue dictada, como no podía ser de otra manera, por Rajoy, su jefe de partido.

También se puede especular con que el PP se juegue con esta decisión a que en el peor de los casos, pueda hacer pesar la firmeza de su electorado en unas fechas en las que es posible pensar en una menor participación de los votantes de otras fuerzas.

Sin embargo todas estas tácticas y estrategias para poder formar un gobierno, no hablan más que de intentos desesperados. Que aun logrando tener éxito, y cerrando una crisis política inédita en el régimen político español, no resuelven la cuestión de fondo. A saber, que la burguesía del Estado cuente con un gobierno fuerte y consolidado para poder llevar adelante la segunda gran tanda de ajustes y reformas, entre los que se cuentan 10.000 millones de euros y una nueva reforma del mercado de trabajo y de las pensiones, en un escenario político de tensiones en las autonomías y macroeconómico complejo.

Para esto, un gobierno que cuente con una raquítica y endeble mayoría, se verían con numerosos problemas para llevar adelante los planes que se reclaman desde el establishment.

Esto el PSOE lo sabe, y es una de las razones por las cuales sostiene su “no a Rajoy”, más que “por motivos ideológicos y morales” como declara su candidato, Pedro Sánchez. Así busca, no solo evitar su muerte política, sino preservarse como un partido clave para un posible recambio, que se postule como ese gobierno fuerte que la burguesía necesita.

Mientras el PP juega con Ciudadanos y pone fecha a la investidura, Iglesias- después de haber estado en segundo plano después de la pérdida de un millón de votos de su formación- hace un nuevo guiño al PSOE proponiéndole un gobierno progresista si Rajoy fracasa. Esta estrategia de Podemos sólo puede generar la ilusión de que esto es posible, dándole aire a largo plazo a los planes del PSOE.






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