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Un rebrote marcado por la precariedad laboral y los recortes

Casi 300.000 personas vuelven a estar confinadas en su comarca y otras 80.000 retroceden a Fase 2. Los hechos que han desencadenado este rebrote muestran un claro carácter de clase: la sumisión del Gobierno a la patronal y la inseguridad laboral de la clase obrera migrante.

Miércoles 8 de julio | 16:10

89 casos nuevos el lunes, 124 el martes y 257 el miércoles, con 9 fallecimientos. Estas son las cifras oficiales del rebrote de covid19 más alto desde que acabó el Estado de Alarma, que afecta a 15 comunidades y tiene dos comarcas confinadas, Segrià (Lleida, 210.000 habitantes) y A Mariña (Lugo, 77.000 habitantes). A pesar de que los contagios son de origen diverso, el mayor volumen tiene un origen marcado por el racismo institucional y la precariedad.

En el caso de los rebrotes de Huesca y Lleida detectado en empresas agrícolas o anteriormente en el matadero de Valencia o en los campos de Huelva, lo que subyace en estos rebrotes es la permisividad del Gobierno para que esta patronal pueda seguir imponiendo condiciones de precariedad y de nula seguridad.

Una parte importante de los casos proviene, especialmente en el foco Huesca-Lleida, de las condiciones laborales insalubres en la industria cárnica. Así, cuatro comarcas en esta zona, con 80.000 habitantes, tuvieron que retroceder a Fase 2.

Cuando a finales de junio se inició esta nueva ola de contagios, el 40% de los casos en temporeros estaban en mataderos de Aragón y Lleida, cuyos trabajadores, en su mayoría migrantes y temporales, han sufrido contagios masivos por falta de protección, como es el caso de los 1.000 contagios en Litera Meat en Binéfar o en casos como el de Fraga, durmieron semanas en la calle.

La Asociación Nacional de Industrias de la Carne de España (Anice) habla de “estricto cumplimiento” de seguridad e higiene de la industria. La realidad que no cuentan es que muchos de esos trabajadores viven en asentamientos de infraviviendas, o que no contaban con la protección necesaria en las empresas.

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Más de 80 asociaciones de las comarcas afectadas piden el "cierre temporal inmediato de los mataderos, convertidos en el principal foco de COVID-19 de la zona” y que se garanticen ayudas públicas para quienes trabajan allí, readmisión de las personas despedidas durante la pandemia y que “reparen todo el daño causado a las víctimas, sus familias y al conjunto de la población”.

En el último caso, el de A Mariña, el foco parece ser un espacio de ocio. Lo que nos lleva a mirar la hemeroteca y ver cómo Moncloa se desdijo una y otra vez para satisfacer al gran lobby turístico del Estado español. Primero con la fecha de aperturas de fronteras que fue adelantando cada vez más y segundo levantando prácticamente en la totalidad las medidas de control para los turistas extranjeros; pero sin medidas serias para resguardar la salud de los trabajadores y las trabajadoras de hostelería.

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En la misma tendencia que otros países, el Estado español se adentra en la “fase de los rebrotes” que ya salpican todo el mapa y que como en el caso de Francia y los temporeros rumanos o la citada Alemania y la empresa cárnica, también aquí tiene un marcado carácter de clase, definido por la precariedad y el racismo.

Si la primera ola del Covid golpeó especialmente a los barrios obreros y populares, a los trabajadores y trabajadoras más precarias de los sectores esenciales, a los migrantes sin derechos, el rebrote puede ser un segundo azote aún más duro ya que ahora se suma a los efectos de la crisis económica, la precariedad, el desempleo y la falta de recursos.

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Por otra parte, respecto al sistema sanitario, el Gobierno se niega a tomar medidas urgentes como nacionalizar sin pago las empresas de la sanidad privada que se han enriquecido a costa de la pública, contratar masivamente nuevo personal en los hospitales o reconvertir parte de la industria para la producción de respiradores y otros materiales.

Frente a los rebrotes que ya están y los que están por venir es urgente ir en otra dirección. Unir la lucha de los sanitarios con la organización de los trabajadores y trabajadoras esenciales mediante comités de seguridad e higiene en los lugares de trabajo, así como la lucha por imponer medidas de emergencia como las que señalamos, será clave para poder enfrentar una nueva ola del virus, que se combinará con la crisis social que ya se descarga sobre la clase obrera, las personas migrantes y la juventud precaria.

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