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Una mujer duerme en la calle tras ser operada en Vigo

Cuando los recortes en Sanidad, la crisis económica y el problema de los desahucios se juntan vemos casos como este que insultan a la dignidad de las personas. Mientras tanto, el alcalde Abel Caballero se empeña en negar el problema de la vivienda.

Jacobo A. García

Vigo | @Jacobscarface

Miércoles 7 de diciembre de 2016 | 17:37

La viguesa Amalia Martínez, de 41 años, fue desahuciada hace un año de un piso de Sanjurjo Badía. Aún hoy sigue viviendo en la calle con su pareja. En el 2015 la atropelló un coche y le pusieron placas en brazos y piernas. La clavícula quedó rota. Aún no ha recibido indemnización.

Su mano se infectó y necesitó una segunda operación para retirarle la placa. Hace más de una semana fue operada para retirarle una placa de su muñeca lesionada pero, al salir del hospital, no halló camas libres en el albergue y durmieron bajo un abeto en el monte de O Castro. «Salí de Povisa con dolor, que luego fue más fuerte y hoy, en O Castro, me levanté fatal, con los ojos hinchados y mi pareja se asustó», relata. Cuenta que trabajó toda la vida como limpiadora de Linorsa e hizo un curso de cocinera.

Ser mujer en Vigo es una desventaja añadida por falta de sitios idóneos. Se ha cerrado el dormitorio femenino de la residencia de los Hermanos Misioneros de Teis por ejecución de obras. Otro problema es que un albergue de la calle Toledo tolera que hombres y mujeres duerman en colchones contiguos en el suelo. El refugio municipal no permite pernoctar más de diez días seguidos, en horario de 20.00 a 8.30 horas. El resto de la jornada está cerrado.

La problemática situación de los albergues en Vigo

Las restricciones de los albergues para personas que viven en la calle les obligan a rotar los servicios de Vigo con los de otras localidades. Cada vez son más los que caminan hasta Pontevedra para encontrar un cobijo decente. El albergue municipal de Marqués de Valterra solo permite pernoctar diez días seguidos. Lo mismo sucede en el de los Hermanos Misioneros de los Enfermos Pobres de Teis, donde posteriormente se ven obligados a permanecer fuera un mes. Otros optan por ocupar viviendas.

Colectivos sociales como Os Ninguéns han pedido en varias ocasiones que se amplíe la estancia en el albergue municipal, al menos a aquellas personas que tienen problemas de salud. De momento, la petición no se ha tenido en cuenta bajo la justificación de que es necesario rotar para dar la oportunidad al mayor número de personas posible.

Uno de ellos cuenta «Sé de algunos que suelen ir de una ciudad a otra, pero a muchos ya no los volví a ver. A veces se quedan más tiempo en otros sitios, igual aparecen después de un año, o puede ser que se hayan muerto», comenta.

¿Qué hacer?

Son cientos las personas que se encuentran viviendo en la calle en Vigo. Los albergues son escasos y no dan abasto. El ayuntamiento dispone de casas vacías que no usa con un fin social, si no que arrenda a particulares y empresas. Son varias las organizaciones como la PAH, Os Ninguéns y el centro social RSP las que se manifiestan con regularidad en la ciudad para denunciar esta situación.

Por otra parte, desde la construcción del hospital de gestión público-privada Álvaro Cunqueiro, que tuvo un presupuesto millonario, hay menos camas en la ciudad y son numerosos los problemas de asistencia sanitaria que sufren los vigueses, como ha denunciado la asociación SOS Meixoeiro y los sindicatos. Esto explica que ni siquiera en estas situaciones se prolonguen las estancias de los pacientes en las camas del hospital.

Por otra parte existe una gran desocupación en la ciudad, como ocurre en toda Galicia y en el conjunto del Estado español, algo que se ha agravado desde que comenzó la crisis económica, por lo que cada vez son más las personas que son obligadas a vivir en pésimas condiciones, que ven reducidas considerablemente su calidad de vida.

Por todo ello no basta con exigir migajas y pequeños cambios en el modelo de asistencia a personas con pocos recursos. Es necesario exigir que se expropien todas las casas vacías en manos de los bancos para que pasen a titularidad pública, así como que se usen todos los inmuebles disponibles del ayuntamiento y la Xunta para alojar a personas sin hogar. Es más, es necesario tender lazos entre las distintas luchas (vivienda, sanidad y servicios públicos, obreras…) para, mediante la movilización social tener más fuerza para alcanzar todas las demandas.

Más que nunca debemos cortar de raíz la idea clasista de que las personas sin hogar “se lo han buscado” por sus problemas de drogadicción u otros. Todos podemos ser víctimas de la exclusión social provocada por el capitalismo salvaje.

A todos nos pueden llegar a afectar las circunstancias de tal forma que perdamos nuestros sueños y esperanzas, hasta tal que la lucha por la supervivencia sea constante. Para evitarlo, debemos reforzar los lazos de solidaridad y apoyo, desarrollar la conciencia de clase, unificar las luchas, levantarnos cada día contra las injusticias para construir un mundo mejor.






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