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Vivir (y morir) a merced de las químicas

La explosión evitable de la planta química en Tarragona vuelve a traer el debate sobre la codicia empresarial y cómo ésta afecta a los trabajadores y los vecinos.

Guillermo Ferrari

Barcelona | @LLegui1968

Lunes 20 de enero | 18:50

La zona sur de Catalunya es una zona un tanto especial por la presencia de industrias de riesgos. Por un lado, está el gran complejo petroquímico de Repsol de Tarragona con una serie de empresas del sector por los alrededores. Por otro lado, a pocos quilómetros se encuentra la central atómica de Ascó. Y también por estas tierras se encuentra la Central atómica de Vandellòs II.

¿Tierra de accidentes?

Los trabajadores y los vecinos de las ciudades próximas conviven diariamente con un peligro inmenso como hemos podido comprobar en estos días. En 1989 sucedió el accidente nuclear más grave de la historia en el Estado español en la central de Vandellòs I. Se produjo un incendio que por poco no provocó el estallido y en 1990 se cerró esa central. En 2013 hubo una explosión en la planta de Repsol Química. El complejo químico, ha tenido diversos accidentes en la última década.

En el último año, también se han producido cuatro accidentes en los polígonos petroquímicos de Tarragona. El accidente más grave hasta ahora se produjo en mayo de 2019 en la empresa Carburos Metálicos donde murió un trabajador y otro resultó herido crítico por la fuga de un tanque de amoniaco. Los otros dos siniestros ocurrieron en julio en las empresas Miasa y Clariant.

Y, la semana pasada ha sucedido en La Canonja, uno de los accidentes empresariales más importantes. Al caer la tarde del martes pasado varias explosiones en la planta química de IQOXE han provocado escenas de pánico en los alrededores. Las proximidades del polígono industrial han sufrido una lluvia de proyectiles incluida la plancha que entró en el edifico del barrio de Torreforta matando a un vecino. El saldo en vidas humanas ha sido de 3 muertos y unos siete heridos.

Protestas vecinales

Son varios colectivos que denuncian la falta de seguridad en la acción de estas empresas. El Presidente de la Asociación de Vecinos de Tarragona ha reclamado transparencia para saber qué ha pasado en la explosión de IQOXE. Este fin de semana se ha organizado una manifestación con más de 1000 vecinos por las calles de Bonavista. Llevaban una pancarta pidiendo "Exigimos seguridad. Queremos respuestas".

El portavoz de la plataforma Cel Net, Josep Maria Torres, ha denunciado que "No existe ningún tipo de control ni de regulación por parte de la administración”. Desde la plataforma denuncian la inacción por parte de la Generalitat y los gobiernos locales a la hora de controlar. "Acudimos hace seis años al Parlament para reclamar un cambio de legislación en cuanto al riesgo petroquímico de Tarragona” porque el problema es que “no recoge el contexto específico de sustancias como el óxido de etileno, que es el que produjo la explosión, sobre el que no existe ningún tipo de regulación".

En 2014, Cel Net ha presentado un estudio en el cual se “muestran una presencia elevada de compuestos químicos nocivos y cancerígenos”. Un estudio que no contó con el apoyo de las empresas, ni tampoco de la Generalitat. En aquel momento ya reclamaban que el mismo estudio se haga en el Polígono sur, del complejo petroquímico de Tarragona. Aún se espera.

Tras la explosión de Iqoxe, la Universitat Rovira i Virgili se ha propuesto hacer un estudio "para tratar de evidenciar, con datos científicos, si existe una correlación entre determinadas enfermedades y el hecho de vivir en el entorno de las industrias petroquímicas de Tarragona". La URL ya tenía previsto hacerlo, pero lo ha adelantado debido al reciente accidente.

Protestas de los trabajadores

Inspección de trabajo ha sancionado en cuatro ocasiones a la empresa IQOXE por diversos motivos (3 de ellos fueron graves). Luego de la explosión han sido abiertos dos expedientes más. En estos momentos hay cuatro investigaciones en marcha: la de los Mossos d’Esquadra, la del Departament de Treball, la del Juzgado nº1 de Tarragona y la de la empresa. Son muchas investigaciones, pero falta la más importante la investigación de aquellos que tienen claramente interés en resolver el problema: los trabajadores y los vecinos de las empresas.

La planta de IQOXE, según CCOO, había sufrido una disminución de trabajadores como consecuencia de la compra realizada por el grupo industrial Christian Lay. De hecho, en el mes de diciembre, los trabajadores de la empresa habían protagonizado un paro para denunciar los problemas de seguridad existentes en la planta y el despido de tres trabajadores.

CCOO y UGT han denunciado que el plan de prevención de riesgos químicos no ha funcionado en el caso de la explosión de la IQOXE. Prueba de ello ha sido la discusión sobre por qué no se hicieron sonar las sirenas durante los primeros momentos cuando no se sabía qué era lo que pasaba. Y, en julio pasado, luego del accidente en Carburos Metálicos tuvieron una reunión con la Generalitat, aunque no ha sido fructífera puesto que también fallaron las alarmas.

Lo que queda claro es que la seguridad en manos de las empresas y las diferentes administraciones públicas es un desastre tras otro. Protocolos que no se cumplen, muchos accidentes con muertes de trabajadores y vecinos, condiciones de salubridad que parecen secretos del Vaticano, etc.

Es la hora de que la seguridad en las fábricas sea directamente tomada por los comités de empresa y asambleas de trabajadores que controlen directamente a sus representantes. Los Comités de empresa tienen que tener capacidad decisoria asesorados por expertos universitarios al servicio de los trabajadores y el pueblo. Los empresarios no pueden continuar lucrando con nuestras vidas.

Y, parte de la seguridad industrial en las fábricas también tienen que ser los vecinos. En la zona de La Canonja, Tarragona, Constantí, etc. todos desconfían de las químicas y de las administraciones que no las controlan. El control debe ser tomado desde los comités de empresas y asociaciones vecinales de manera directa. Al fin y al cabo, son ellos quienes padecen la inseguridad de las fábricas.

Hay que anteponer al lucro insaciable de unos pocos empresarios, la seguridad y la vida de los trabajadores y los vecinos de las barriadas populares. Seguro que si ese barrio fuese de millonarios, se llevarían el polígono para otro lado.






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