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La Izquierda Diario

Sábado 24 de Agosto de 2019

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CONTRAPUNTO
Chernóbil: una catástrofe ambiental provocada por el estalinismo
Óscar Fernández | @OscarFdz94
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La madrugada del 26 de abril de 1986, el reactor 4 de la planta nuclear de Prypiat, en Ucrania —entonces parte de la URSS—, explotó, dejando el núcleo expuesto y expulsando millones de partículas radiactivas por todo el mundo. Tras el final de Game of Thrones, la productora HBO estrenó una miniserie basada en los hechos que se ha ganado la aclamación de la crítica y el público por el retrato tan fidedigno que da al acontecimiento.

No es la primera vez que el desastre de Chernóbil es llevado a la pantalla chica. Además de varios documentales, ya desde 1991 con Chernobyl: The Final Warning, estrenada en medio de la disolución de la URSS, ofrecía un primer acercamiento de qué sucedió esa madrugada de abril de 1986 y los posteriores efectos, así como la respuesta del gobierno soviético.

Pero no podemos comprender el desastre en sí sin analizar el contexto previo en el que se encontraba la URSS. Hacia los años 70, la administración de Leonid Brezhnev se intentaba de distanciar de las políticas implementadas por Jrushchov, reinstaurando el ministerio de agricultura y poniendo un mayor énfasis en esa rama de la economía. Así, los precios de comida bajaron para alimentar artificialmente la demanda de estos bienes, ocasionando una escasez aguda debido a que la agricultura era incapaz de abastecer el alimento suficiente de la población producto de las políticas llevadas a cabo en el plan quinquenal anterior.

Siguiendo esa misma línea, se establecieron distintos complejos agro-industriales conocidos como RAPO, los cuales pretendían tener un entorno un tanto urbanizado pero que se mostraron impopulares al plantear que cientos de pueblos y asentamientos fueran declarados “sin futuro”, causando que los habitantes se rehusasen a ser relocalizados en los RAPO. [1] Paralelamente hubo una reforma industrial que reinstauraba también los ministerios industriales, pero la reforma de 1965 no trajo los resultados deseados según el plan quinquenal de la burocracia, por lo que hubo una segunda reforma en 1974.

Estas reformas inconsistentes y contradictorias, cuyos resultados seguían sin satisfacer las expectativas de la burocracia, se reflejaron en la vida cotidiana de la población, donde era cada vez más aparente cómo no había un correlato entre la producción y el nivel de vida. Así lo describe H. Ticktin:

¿Por qué, si los tractores y la maquinaria de agricultura son algo que se ve con cotidianidad en las granjas de la URSS, la carne, la lecha, frutas y vegetales son algo difícil de obtener en muchos pueblos del país? […] Cuando más gente está involucrada en reparar la maquinaria que en crearla o en la producción de bienes de consumo […] queda claro que la baja calidad está en el centro del sistema económico. […] Lo que empeora las cosas aún más es que las reparaciones mismas son de muy baja calidad. Se hacen de manera mecánica y sin investigación, y en consecuencia, para evadir acusaciones de mano de obra de mala calidad, el tractor entero es desmantelado y reconstruido cuando sólo se trata de una pequeña falla. [2]

Esta situación será, en general, lo que se pondrá de manifiesto en 1986. La discordancia entre la producción y el consumo en la URSS tenía además otro elemento que tenía peso dentro de la administración del estado obrero: el sector militar. La URSS pronto se vería enfrascada en enfrentar a los mujahideen en Afganistán, este sector absorbió gran parte de la industria eléctrica, de máquinas e ingeniería, provocando que, aunado a un bajo crecimiento de natalidades, el nivel de vida de la población se estancara.

Al llegar Gorbachov al poder, poco cambió realmente en el primer año. Sin embargo, el daño ya estaba hecho.

Chernóbil

Si bien el nombre de la planta nuclear proviene del cercano poblado de Chernóbil en Ucrania, la ciudad donde ésta operaba y donde habitaban sus ingenieros nucleares era Pripyat. Fundada en 1970 y otorgada el rango de ciudad en 1979, Pripyat, hacia 1986 tenía cerca de 50,000 habitantes.

La ya mencionada planta nuclear comenzó a ser construida dos años después de la fundación de la ciudad. El reactor N°1 se completó en 1977, el Reactor 2 en 1978, el Reactor 3 en 1981 y el Reactor 4 —el causante del desastre nuclear— recién en 1983. El modelo de todos ellos era el RBMK-1000, un reactor de segunda generación que —como su nombre lo indica en ruso y ucraniano— es un “reactor de condensador de alta potencia”. El modelo de estos reactores es altamente inestable debido a su forma: carentes de blindaje apropiado, ser modelos que databan de los años 50, tener un alto coeficiente de vacío positivo (es decir, el reactor tiene un lapso en el que no absorbe neutrones y que, por el contrario, éstos se incrementan de manera exponencial al perderse el balance de generación de los mismos, liberando enormes cantidades de energía) y con varillas de carburo de boro para balancear la generación de energía.

Como dijimos arriba, la construcción de la planta se llevó a cabo en los años de Brezhnev, y si a la situación antes descrita —de una fuerte tendencia a reparar de manera ineficiente los equipos dañados— se añade el factor de que los modelos RBMK-1000 eran considerados secreto de estado —su propósito además era generar plutonio para las armas nucleares— y cuyos límites no eran conocidos del todo por los propios ingenieros nucleares, tenemos el caldo de cultivo de una situación catastrófica.

La madrugada del 26 de abril de 1986, una prueba de seguridad se llevaba a cabo en el Reactor 4 para determinar cómo usar la energía excedente cuando casi todas las varillas de boro son retiradas del núcleo, esto con la intención de que las turbinas de reserva pudieran aprovecharla en caso de una emergencia. Sin embargo, esta prueba se llevaría a cabo eliminando todos los factores de contención, con el reactor casi apagado —generando cerca de 300 megawatts cuando la prueba debía hacerse con al menos 700 megawatts— y lleno de xenón, el cual retrasaría la reacción; el “error” de quienes crearon el modelo RBMK-1000 es que no contemplaron que en algún punto alguien pudiera hacer un experimento con un reactor nuclear de esas características con los mecanismos de seguridad apagados y casi sin energía.

Justamente porque los ingenieros no sabían de los límites del reactor es que tampoco contemplaron que las varillas de boro tienen grafito en la punta, lo que acelera muchísimo más la reacción del núcleo en lugar de que el boro lo estabilice. Al no haber blindaje en la tapa, los cubos que recubrían el núcleo comenzaron a brincar hasta que el reactor explotó, quedando expuesto a la intemperie y esparciendo su dosis letal de radiación.

El estalinismo vs la realidad

La miniserie retrata de manera fidedigna no sólo la reacción de los operadores, políticos y habitantes al momento del desastre. En ese aspecto, Craig Mazin, guionista y creador de la miniserie, hizo un trabajo exhaustivo de años investigando fuentes directas, testimonios, grabaciones, libros, visitando la Zona de Exclusión, etc. Todo para darle al espectador un retrato lo menos alejado de los hechos como ocurrieron —lo cual no quiere decir que la serie no tome libertades al momento de plasmar la catástrofe. Pero también la serie pone de manifiesto la mentalidad que el estalinismo había provocado en su población y el aparato de burócratas que había engendrado.

Desde el punto de vista militar, ya en otros artículos habíamos descrito cómo se expresaba esa miopía y las consecuencias que tuvo durante la Segunda Guerra Mundial. Ante la invasión Nazi:

El Estado Mayor soviético sufrió una virtual parálisis al no contar con claras órdenes políticas de parte de Stalin. […] Debido a esto, durante las primeras semanas de la invasión gran cantidad de unidades soviéticas fueron rápidamente cercadas y miles de soldados fueron tomados como prisioneros. […] Stalin era presa de su propio sistema de dominación que había consolidado un aparato obediente de sus dictados, con funcionarios temerosos, incapaces de alguna iniciativa independiente. [3]

La serie muestra el otro lado de la misma moneda: la sistemática negación de la burocracia estalinista de lidiar con un desastre de enormes proporciones y que excedía su falta de preparación. Cuando ocurrió la explosión del Reactor N°4, el jefe de supervisión de la prueba, Anatoly Dyatlov, insistió, contra los testimonios de sus propios ingenieros que habían presenciado las detonaciones, que lo que había estallado era uno de los tanques de agua; la serie incluso hace patente cómo se rehusó a reconocer que había grafito del núcleo en el techo de la planta.

Lo mismo ocurre cuando entran en escena Viktor Bryujanov, administrador de la planta, Nikolai Fomin, ingeniero en jefe, y el anciano Zharkov, miembro del comité ejecutivo del PCU en Prypiat. Ninguno admite que el núcleo del reactor esté expuesto, tomando como “prueba” que ninguno de los ingenieros puede explicar cómo puede estallar un reactor RBMK-1000, a pesar de que afuera ya hay bomberos y médicos sufriendo de los síntomas de exposición aguda a la radiación. Zharkov incluso dice que "es nuestro momento de brillar", ordenando censurar la cantidad de víctimas del accidente y decirle a los políticos del Kremlin que todo está bajo control.

Los burócratas estalinistas estaban dispuestos a renegar de la realidad, aunque ésta los envenenara literalmente en la cara, con tal de mantener su puesto y su entorno armado. Dyatlov le dice a Akimov que “no vio grafito”, Fomin de igual forma manda a Sitnikov a su muerte orndenándole que mire desde el techo el estado del reactor para reportar que no explotó, Bryujanov intenta engañar a Boris Shcherbina — Vicepresidente del Consejo de Ministros— diciendo que lo que él vio en el techo de la planta era concreto y no grafito, Valery Legasov —director del Instituto Kurchatov enviado a lidiar con el desastre— contradice a Shcherbina y a Gorbachov notando que el número de radiación medido (3.6 roentgen) no sólo es “equivalente a 400 rayos x haciéndole una tomografía a una persona” sino que es el máximo número que arroja un medidor convencional, por lo que la cifra real de radiación puede ser mucho más alta (medidores más especializados llegarían a medir 15,000 roentgen).

Vemos así que el desastre de Chernóbil ocurrió por una serie de políticas llevadas a cabo desde el aparato del estado: políticas que pretendían mejorar la industria resultaron insuficientes, falta de modernización y actualización de los reactores, de los protocolos de seguridad, falta de información —so pretexto de secreto de seguridad de estado— sobre la construcción de los reactores modelo RBMK-1000, obediencia ciega a lo que dictan los aparatchik del partido y no los especialistas científicos, seguido de una larga cadena de negligencia en informar a la población —y al mundo— sobre el accidente. La serie muestra cómo los propios ingenieros en el cuarto de control, a punto de morir y ya en estado avanzado de envenenamiento, con varias partes de su cuerpo presentando necrosis, preguntan al personaje de Emily Watson qué salió mal si ellos hicieron todo bien, tal como les dijeron.

Lo que retrata la miniserie de HBO solamente confirma lo que Trotsky ya describía desde 1936 al explicar el carácter degenerado del estado soviético, al cual, además, contrapone medidas que pretenden eliminar cualquier privilegio de la burocracia y que el estado esté puesto al servicio de las necesidades de la población.

La planificación administrativa ha demostrado suficientemente su fuerza y, al mismo tiempo, sus limitaciones. Un plan económico concebido a priori, sobre todo en un país de 170 millones de habitantes y atrasado, que sufre las contradicciones entre el campo y la ciudad, no es un dogma inmutable sino una hipótesis de trabajo que debe ser verificada y transformada durante su ejecución. […] [Es necesaria] una palanca política, creada por la participación real de las masas en la dirección, lo que no se concibe sin democracia soviética. […] En la URSS vemos un material humano atrasado, que es implacablemente forzado al uso de la técnica tomada del capitalismo. […] En todo caso, la propiedad estatal de los medios de producción no transforma el estiércol en oro y no rodea de una aureola de santidad al sistema de sudor que agota la principal fuerza productiva: el hombre. [4]

Efectivamente, con el desastre de Chernóbil quedó demostrado que “en la economía nacionalizada, la calidad supone la democracia de los productores y de los consumidores, la libertad de crítica y de iniciativa, cosas incompatibles con el régimen totalitario del miedo, de la mentira y de la adulación”. [5] Muy distinto hubiera sido si los propios ingenieros nucleares no sólo hubiesen tenido la preparación adecuada, sino que hubiesen sido educados con los conocimientos más avanzados en energía atómica, supieran en qué condiciones se encontraba su propia planta y supieran no sólo cuáles eran los procedimientos de prueba correctos, sino también los mecanismos de seguridad adecuados.

Lejos de ello, la incompetencia del estalinismo generó las condiciones del desastre, y una vez salido de control, los políticos no pudieron enfrentar la crisis. Tuvieron que ser los expertos en energía nuclear, los voluntarios, liquidadores, pilotos, soldados, etc., quienes tomarían en sus manos la titánica tarea de sellar el monstruo radiactivo que se había liberado. La arrogancia de los burócratas se retrata en la serie cuando se rehúsan a pedir robots especializados a EE.UU. para limpiar los escombros de grafito del techo denominado “Masha”.

La catástrofe nuclear de Chernóbil fue una de las razones que Gorbachov tuvo para justificar la posterior glasnost y perestroika, las infames reformas que llevaron a la restauración capitalista que había predicho Trotsky 53 años antes. Hoy, Pripyat está abandonada, la planta recubierta con un domo para evitar que un colapso del techo libere más polvo radiactivo, y varios pueblos siguen borrados del mapa. Una economía de comando que atente contra las condiciones de las masas, la caricatura que presenta el estalinismo, se ha demostrado ineficaz y la historia ya ha dado su veredicto. Pero ante la actual crisis ambiental y de cambio climático, quien nos ha llevado a esta situación ha sido el capitalismo. Ninguna reforma a este sistema puede garantizar la supervivencia de la vida en el planeta, pero sí una economía planificada democráticamente por las masas trabajadoras.

 
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