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2 de diciembre de 2020 Twitter Faceboock

CINE
John Garfield, víctima de la caza de brujas
Eduardo Nabal | Burgos | @eduardonabal

El actor John Garfield es un icono de encanto, compromiso y aplomo del cine de los años cuarenta, particularmente del cine negro.

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Se enroló en diversas causas sociales, aunque sus problemas coronarios le impidieron ser boxeador y soldado fuera de la pantalla. Luchó contra el fascismo en Europa, creando diferentes frentes en EEUU y realizó películas negras de gran contenido social como “Cuerpo y alma” o “Yo amé a un asesino”.

Aunque su fama se la debe a la primera versión de “El cartero siempre llama dos veces” de Tay Garnett junto a Lana Turner, transitó por el cine negro con tintes sociopolíticos y donde encarnaba casi siempre a personajes de origen humilde y destino difícil, pero también a gánsteres que ponían de relieve la corrupción de la época en las altas esferas.

Su primera interpretación fue para el teatro en la obra “Golden Boy” del también blacklisted Clifford Oddets, una obra donde encarnaba a un joven boxeador que se debatía entre diferentes aspiraciones vitales.

En los años treinta obtuvo pequeños papeles en películas como “Juárez” de Willian Dieterle, pero enseguida obtuvo el protagonismo en películas negras donde solía encarnar a tipos duros con buen corazón.

El sueño americano no queda muy bien parado en los dramas criminales en los que Garfield se fue convirtiendo en una estrella del cine. En “Perseguido” encarnó a un excombatiente republicano en lucha contra el nazismo en EEUU.

Su colaboración con directores y guionistas de izquierdas como Robert Rossen (“Cuerpo y alma”), Abraham Polonsky (“Force of evil”) o John Berry (“Yo amé a un asesino) y su apoyo a los antifascismos antes de la caza de brujas, le llevó a ser citado por el Comité de Actividades Antiamericanas al que se negó a dar nombres.

También su mujer fue acusada de pertenecer al Partido Comunista. Todo esto repercutió en su fértil carrera y en su vida, ya que el actor murió a los 49 años debido a su delicado estado de salud y a la atroz persecución fascista de que fue objeto.

Fue compañero de estrellas como Joan Crawford, Patricia Neal o Mauren O’ Hara y también actrices perseguidas por el Comité de Actividades Antiamericanas como la veterana Anne Reevere.

Sus problemas del corazón se agravaron en sus diferentes citaciones a declarar ante el famoso comité muriendo muy joven y de un ataque. Su breve pero significativa trayectoria sirvió para convertirlo en un icono y un ejemplo mítico de las vidas y estrellas truncadas ya en el Hollywood de principios de finales de los cuarenta y principios de los cincuenta.

 
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