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IGLESIA Y PEDERASTIA
Cardenal Pell: “Abusos sexuales eran una historia triste que no era de gran interés para mí”
Bárbara Funes | México D.F |

Ésta es una de las declaraciones del cardenal George Pell, prefecto de la Secretaría de Economía del Vaticano, en casos de pederastia acaecidos en Australia.

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El cardenal George Pell declaró entre el 28 de febrero y el 1 de marzo en la sala de prensa de un hotel de Roma. Respondió una indagatoria a través de una videoconferencia con la Comisión Real de Australia en presencia de sus acusadores. Pell se excusó de viajar a Australia por razones médicas.

Hasta ahora, el cardenal testificó dos veces ante la Comisión Real sobre Respuestas Institucionales a los Abusos Sexuales de Menores.

Esta comisión es el máximo organismo investigador en Australia. Su función es investigar cómo la Iglesia católica y otras instituciones respondieron ante los abusos perpetrados por sacerdotes durante décadas. No tiene la atribución de presentar cargos penales: sólo puede emitir recomendaciones que deriven los casos individuales a la policía y a los fiscales.

Gerald Ridsdale, cura abusador

George Pell es originario de Ballarat, un importante baluarte católico australiano. En 2003 fue acusado de abusar de un niño de 12 años, pero el caso fue desestimado. Antes de eso, Pell fue Arzobispo de Melbourne y luego de Sydney. Durante su pontificado en Ballarat y Melbourne se registraron decenas de casos de pederastia entre 1960 y 1980, por los cuales está detenido el sacerdote Gerald Ridsdale, amigo personal de Pell.

Este clérigo -condenado por la justicia civil a prisión hasta 2019- abusó de decenas de niños, a mediados de la década de 1970. Para entonces, ya se sabía que este clérigo había cometido abusos contra menores en al menos dos parroquias. Algunas de sus víctimas se suicidaron.

Ridsdale contó con la protección del entonces obispo Ronald Mulkearns, quien estaba al tanto de los abusos cometidos. Para esa época, George Pell era asesor del obispo. El cardenal aseguró no estar al tanto del encubrimiento de Mulkearns.

Numerosos sobrevivientes de los abusos acusan a Pell de haber participado activamente de los encubrimientos y de no haber tomado medidas para separar a los curas pederastas de la Iglesia.

Gail Furness, la abogada que lo interrogó, le preguntó cuáles eran las obligaciones de un sacerdote ante casos de abuso sexual de un menor bajo la ley canónica. Y señaló que las respuestas de Pell parecían preparadas para separar su responsabilidad en denunciar las actividades pederastas de los miembros de la Iglesia católica.

El cinismo del cardenal no tuvo límites. Respondió: “No estoy seguro de que moralmente escapara de esta obligación, pero no estoy seguro que en ese momento fuera incluso una obligación cívica informar de este delito”.

Protección del Vaticano

La negativa a viajar a Australia encendió las luces sobre este caso e hizo patente de nueva cuenta la responsabilidad de la Santa Sede en la protección a los curas abusadores de niñas y niños.

Aun así, Pell anunció a la prensa que cuenta con el apoyo del Papa Francisco tras salir de una reunión con el sumo pontífice, posterior a sus declaraciones en los casos de pederastia. Fue el Papa quien lo nombró como titular de la Secretaría de Economía del Vaticano. ¿No conocía los escándalos de abuso de la diócesis de Ballarat? ¿Cuánto tardará en soltar el brazo de Pell, su mano derecha en el gobierno del Vaticano?

El Papa Francisco se pronuncia en contra de los abusos. Ordenó la creación de un tribunal especial para juzgar obispos encubridores de los casos de abuso. Sin embargo, es un tribunal amañado. Como explicamos acá, los curas juzgarán a los curas y los procesos se llevarán a cabo en el Vaticano. La conclusión: los casos se mantendrán en la impunidad.

En su reciente visita a México, no recibió a los sobrevivientes de abusos, como lo denunció Alberto Athié Gallo, activista defensor de los derechos de las víctimas de abusos por parte de religiosos. A esto se suma el otorgamiento del perdón a la Legión de Cristo, orden católica famosa por los más de 100 casos de abusos perpetrados por el fallecido Marcial Maciel.

Mientras tanto, en su gira de 2015 por Estados Unidos, donde se estima hay alrededor de 100,000 niñas y niños abusados por eclesiásticos, declaró ante víctimas de pedofilia en una reunión privada convenientemente dada a conocer a la prensa: “Lamento profundamente que algunos obispos no cumplieran con su responsabilidad de proteger a los menores. Es muy inquietante saber que en algunos casos incluso los obispos eran ellos mismos los abusadores. Tendrán que rendir cuentas”, como señalamos en esta nota.

La doble moral de la Iglesia católica

Mientras sostiene el celibato obligatorio para curas y monjas, protege a quienes, apoyados en su investidura eclesiástica, abusan de niñas y niños, a quienes utilizan como objetos y descartan.

Mientras se pronuncia en contra del matrimonio igualitario y compara a las personas trans con bombas atómicas, como parte de su apología de la práctica de la sexualidad restringida a la reproducción, permite que haya sacerdotes que continúen violentando los cuerpos de menores de edad.

La Iglesia católica, al proteger a los sacerdotes abusadores, es una institución que ejerce la cosificación de infantes y adolescentes, quienes no pueden defenderse. Así también convierte en objetos a las mujeres, a quienes restringe al rol de esposa -empleada doméstica sin goce de sueldo- y madre -incubadoras quieran o no de las futuras generaciones de oprimidos y explotados.

 
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