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NEGOCIACIONES GOBIERNO
Con o sin gobierno, el régimen saldrá tocado de estos dos meses
Santiago Lupe | @SantiagoLupeBCN

La legitimidad del nuevo gobierno, del PSOE o de la Corona será el precio a pagar por un gobierno débil y ajustador. La izquierda y los trabajadores debemos prepararnos para enfrentarlos.

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Foto: Fernando Alvarado / EFE

La votación de investidura del pasado miércoles, y la repetición que tendrá lugar este viernes, ponen de manifiesto que a día de hoy la opción de celebrar nuevas elecciones es la más viable. Sin embargo, aún quedan dos meses de “prórroga” para que se intente lograr un acuerdo in extremis que permita evitar las temidas “terceras”. Conseguirlo, o no, no es secundario para el régimen político y el capitalismo español.

De no lograrlo, la aguda crisis política por arriba no sólo no encuentra vía de salida sino que puede seguir ensanchándose. La deslegitimación de la casta política tiende a aumentar y se podría reabrir la crisis de representación abierta en 2011 y que generó nuevos fenómenos políticos a derecha -Ciudadanos- e izquierda -Podemos-. Una reapertura que golpearía de lleno al partido de Rivera, que se ha demostrado como una herramienta de auxilio del viejo bipartidismo, e incluso podría cuestionar los aspectos más moderados y de adaptación al régimen -en especial a la pata izquierda del bipartidismo, el PSOE- de la formación que lidera Pablo Iglesias.

Pero además, si no hay nuevo ejecutivo, y sobre todo nuevos presupuestos para 2017, la UE podría sancionar al Estado español con una multa de entre 2.000 y 5.000 millones, a lo que habría que sumar más de 1.000 en ayudas que se dejarían de percibir. Hasta 6.000 millones que habría que sumar al tijeretazo que se exige desde hace meses de 10.000 millones en los dos próximos ejercicios. La inestabilidad política puede ser una piedra en el zapato a una recuperación económica estructuralmente débil -con un gran peso del aumento del turismo y con una creación de empleo precario, temporal y a tiempo parcial- y además reavivar el fantasma de la contestación social, capeado desde 2013 con la ayuda de la burocracia sindical y los efectos de desvío que generó la ilusión en la propuesta de cambio electoral y gradual del nuevo reformismo.

Estas dos son razones de peso para que en los 60 días que quedan se intenten buscar salidas “excepcionales” a la crisis de gobernabilidad. Alternativas a las terceras elecciones que necesariamente tendrán un coste político para el mismo Régimen del 78 que en su intento de sobrevivirse irá haciendo uso de mecanismos más antidemocráticos y bonapartistas. Repasemos algunas posibles vías de solución al embrollo.

La primera de todas es la operación en curso en las semanas posteriores al 26J y que podemos denominar como #PressingSánchez. El clamor del establishment para lograr una abstención del PSOE va desde el mismo Rajoy y Cs -el portavoz directo del IBEX35-, hasta la inmensa mayoría de los grandes medios de comunicación. Hasta el momento, Pedro Sánchez se mantiene en el “no” por dos importantes motivaciones. La primera, y más “prosaica”, su propia supervivencia al frente del PSOE. Tener que desdecirse de su “leiv motiv” en campaña y post campaña lo convertiría en la presa fácil de los sectores “susanistas” en el sucesivamente postergado congreso del PSOE. La segunda, más “heróica”, preservar al PSOE del riesgo de una pasokización que privaría al mismo régimen de una alternativa propia ante la previsible impopularidad de un futuro gobierno débil de Rajoy.

Pero probablemente lo que hemos visto de esta campaña haya sido hasta ahora solamente los preliminares. En las próximas semanas, y sobre todo en el próximo Comité Federal del PSOE cuya fecha aún está por fijarse, los barones territoriales y el felipismo sacaran la artillería pesada. Si lograsen imponer un cambio de rumbo, el efecto “pasokizador” de la abstención podría ser aún mayor del que se ha tratado de evitar por Sánchez. El PSOE estaría facilitando un gobierno del PP y seguramente mucho más, pues su abstención seguiría siendo necesaria para toda la agenda “de Estado” del nuevo gobierno empezando por los presupuestos del nuevo ajuste de 2017. Y este apoyo sería gracias a nada menos que a un “golpe palaciego” encabezado por los sectores de los social-liberales ligados al ex consejero de Gas Natural, Felipe González.

Otra vía posible y a la que apelan algunos dirigentes del PP, como su portavoz en la Asamblea de Madrid en declaraciones en 13TV la noche del miércoles, es que surjan algunos diputados socialistas que rompan con la disciplina de voto de su grupo. Es decir, un “tamayazo” en toda regla pero de unas dimensiones y consecuencias mucho mayores que el que aupó a la presidencia de la Comunidad de Madrid a Esperanza Aguirre en 2003. Esta salida dejaría algo más a salvo la “honra” del PSOE, pero golpearía enormemente la legitimidad de un nuevo gobierno nacido con el apoyo de un puñado de tránsfugas.

Por último, existe una tercera vía, que no es incompatible con las dos anteriores y en especial la primera. Ésta pasa por Zarzuela. Hasta el momento la Corona viene jugando un papel discreto, sin hacer todo el uso que la Constitución y la tradición española le otorga a sus atribuciones arbitrales y bonapartistas.

Felipe VI parece haber optado por centrar esfuerzos en restaurar la legitimidad de la Monarquía manteniendo un perfil bajo y alejado de la resolución de las grandes fallas que agrietan el Régimen del 78. La Corona puede recuperarse de la crisis de legitimidad provocada por las cacerías de Juan Carlos y el caso Noos, pero su existencia se fundamenta en un régimen político concreto que hace aguas. ¿Hasta dónde podrá mantenerse aparentemente al margen? No faltan periodistas de cámara y tertulianos que ya exigen una mayor implicación del monarca, además del mismo Albert Rivera. Es posible que en las siguientes semanas, o meses si finalmente se va a terceras y no se “desempata”, veamos a Felipe VI en un rol más activo en facilitar el “consenso” entre los principales partidos. Una “carta” que puede jugar, pero que no está exenta de riesgos, pues ataría a la principal institución del régimen al éxito o fracaso del siguiente ejecutivo.

Estas pueden ser algunas de las posibles salidas a la actual crisis de gobernabilidad. Salidas bastante “caras” para el régimen, sobre todo si tenemos en cuenta que solamente servirían para comprar algo de tiempo. El resultado sería un nuevo gobierno del PP, con una legitimidad muy débil y una agenda muy ofensiva. Lo que son pésimas noticias para el Régimen del 78, pero son excelentes para los trabajadores y la juventud, siempre y cuando aprovechemos su “prórroga” para prepararnos para enfrentar con la movilización social el siguiente gobierno y su nueva tanda de ajustes.

Sin embargo, la estrategia de los dirigentes de Unidos Podemos, que vimos en los discursos del miércoles, de golpear al PP pero tender la mano a la otra pata del bipartidiso, el PSOE, no va en este sentido. “Blanquear” al partido de Pedro Sánchez, al que introdujo el neoliberalismo en el Estado español, la precariedad laboral, inició la tanda de ajustes, aprobó el 135 o se erige como parte del frente españolista y monárquico, no sirve para prepararnos para responder al resultado restaurador que termine dando estos dos meses o una terceras elecciones.

Es necesario exigir a quienes dicen responder a los problemas de “la gente”, que usen sus posiciones institucionales para desnudar todas las tretas y maniobras que se quieran cocinar en las siguientes semanas y se pongan al servicio de fortalecer la organización y movilización de los trabajadores, la juventud y los sectores populares.

 
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