Sociedad

LEY MORDAZA

#4AñosAmordazadas por el Régimen del 78

La Ley De Seguridad Ciudadana, conocida como Ley Mordaza, cumple 4 años con un destacado lugar en el terreno de la criminalización de la protesta social por un Régimen del 78 que trata de cerrar su crisis con la porra y la toga en la mano.

Lunes 1ro de julio | 19:00

Foto: EFE

Tal y como denuncian las redes sociales, la aprobación de la Ley Mordaza, aprobada hace 4 años, supuso una nueva arma del Estado para la regulación y oficialización de procedimientos represivos habituales y cuyo aumento va parejo al de diversas luchas en los meses y años posteriores al 15M, así como el endurecimiento de un Código Legal reformado bajo el mismo propósito.

Esta ofensiva liberticida no es otra cosa que la respuesta dada por el Régimen del 78 al aumento de la contestación y movilización social desde el 2011 en adelante. Decimos el régimen porque como respuesta ha sido aplicada por la Judicatura con el pleno respaldo de todos sus partidos. Valga de ejemplo el bloque del 155 contra el derecho a decidir del pueblo catalán, pero no hay que olvidar que el terreno privilegiado de la cara más dura de la “democracia” del 78, Euskadi, sigue acumulando casos de escándalo como el de Altsasu o los cerca de 300 presos políticos vascos que siguen bajo la política penitenciaria de la dispersión.

Activistas, periodistas, cantantes, tuiteros, artistas. Todos ellos están el punto de mira de la “justicia” del Régimen. Jueces, fiscales y gobierno tratan de callar la boca a todos y todas aquellas que cuestionan algún aspecto de este régimen político y el sistema voraz al que sostiene. También uno de los objetivo más castigados de la represión del Estado son las personas migrantes, quienes sufren de forma diaria la represión y la arbitrariedad racista de los cuerpos policiales, ya sea en recurrentes redadas racistas, persecuciones, acoso y detenciones a vendedores ambulantes, en la terrible situación de concentración y tortura impune en los CIEs, o la brutal represión a quienes tratan de cruzar las fronteras en Ceuta y Melilla.

Para hacernos una idea de su aplicación, la Ley Mordaza se ha usado en más de 60.000 sanciones únicamente en aplicación del artículo 37.4 —faltas de respeto y debida consideración a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado—. Sin embargo, para ser justos, el Régimen ya tenía un arsenal muy potente para este giro liberticida. Leyes como la Antiterrorista y unas fuerzas policiales y una Judicatura formada en décadas de lucha contra el terrorismo -que sirvió para justificar el cuerpo legal y las prácticas que hoy se aplica a infinidad de luchadores o sujetos disidentes- daban ya el marco suficiente para la escalada en curso.

La configuración de la lucha antirrepresiva como una denuncia desde el punto de vista de vulneraciones a derechos humanos es insuficiente desde el punto de vista que no supone un cuestionamiento de fondo al sistema que precisa de la represión para mantenerse. La represión, en tanto que estrategia estatal a través del aparato judicial y policial para acallar el descontento social se acrecienta de forma paralela al auge de la protesta, entre otros factores, para criminalizarla.

Los y las jóvenes podemos y debemos jugar un papel protagonista en la recomposición de una fuerza social combativa, tomando las mejores experiencias que dieron el 15M, las huelgas generales de 2012, la lucha contra Bolonia y la privatización de las universidades, las huelgas de los sectores precarizados…

Orientando esas luchas hacia una enmienda a la totalidad a este régimen monárquico, corrupto y antidemocrático del que surge la extrema derecha. De la misma manera que tenemos la oportunidad de construir un gran 8M que enfrente a la extrema derecha, que con la enorme fuerza del movimiento de mujeres diga alto y claro que no estamos dispuestas a seguir siendo súbditas ni del rey, ni del régimen, ni del patrón.

Al mismo tiempo es necesario empezar a construir una alternativa política que pueda resolver los problemas del pueblo trabajador, de cuya desesperación y miseria se alimenta la extrema derecha que solo pretende perpetuarlas.






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