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Capturaron a El Chapo Guzmán: ¿la tercera es la vencida?

Peña Nieto afirmó que el líder del cártel de Sinaloa fue detenido nuevamente en territorio nacional. Después de casi seis meses de haber escapado de un penal de alta seguridad lo presenta como un logro del gobierno mexicano

Viernes 8 de enero de 2016 | 16:52

La mañana de este viernes 8 de enero el presidente Enrique Peña Nieto afirmó en su cuenta de twitter que el narcotraficante más poderoso del país fue detenido por tercera ocasión. Debido a las redes de corrupción que imperan en las altas esferas políticas y militares del país, el narcotraficante ha logrado escapar de penales de alta seguridad en dos ocasiones, durante la gestión de Vicente Fox y la última recién en julio del año pasado.

El escape del Chapo se sumó a los duros golpes que el gobierno de Peña Nieto ha vivido en los últimos dos años, dándose después de la crisis abierta por la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa donde participaron la policía y el ejército, sumándose a otros escándalos de corrupción como la Casa Blanca de la presidencia y los escándalos de OHL.

La noticia de la re-aprehensión de El Chapo es una importante bocanada de aire fresco al gobierno de Peña Nieto que desde la desaparición de los 43 normalistas y la subsecuente e “insólita” fuga del “Chapo”, surca una importante crisis. Ambos escándalos horadaron la legitimidad de las fuerzas represivas del Estado mexicano frente a millones y la recaptura ya está siendo utilizada por el gobierno como una operación política para relegitimarse.

Esta detención se da casi a 10 años de que haya comenzado la militarización del país con el pretexto de la “guerra contra el narco” que ha dejado saldos de más de 200 mil personas asesinadas, y decenas de miles desaparecidas y desplazadas.
Según fuentes extraoficiales, la detención se realizó en el estado de Sinaloa, en un operativo militar que dejó como saldo varios muertos y heridos. Hay versiones de que la detención se debió a una denuncia ciudadana o, algunas más plausibles, a operaciones de las fuerzas de inteligencia norteamericanas que, como es sabido, actúan con total impunidad en territorio mexicano.

Ante el desprestigio del gobierno de Enrique Peña Nieto por los escándalos de corrupción, el significativo enlentecimiento de la economía, la depreciación creciente del peso frente al dólar (que hoy amaneció en 18.02 por a la venta), el no esclarecimiento de los asesinatos, secuestro y desaparición de los normalistas de Ayotzinapa -y el castigo a los culpables-, así como la caída de los precios del petróleo que echó por tierra las expectativas oficiales de recaudación de divisas, o la cuestionada fuga del Chapo Guzmán; a lo que se suma la crítica evaluación de los tres años de este gobierno hecho por la editorial del The New York Times el 4 de enero criticando estas fallas que pegan fuertemente sobre la imagen y credibilidad del presidente, el anuncio de Peña Nieto sobre la captura del Chapo Guzmán por la Marina parece más una ayuda caída del cielo que desvíe la mirada sobre los grandes problemas nacionales que enfrenta el país, en un año marcado por varios procesos electorales.

Pese a la forma en que se anunció la aprehensión del famoso capo y frente al descrédito de Peña Nieto y las máximas autoridades policíacas y militares del país ante los Estados Unidos, queda la duda –por ahora- de una entrega pactada que ayudara al gobierno mexicano a recuperar credibilidad ante el imperialismo estadounidense.

Pero una cosa es segura, toda mejoría en la recuperación de imagen pasa por la extradición del Chapo a las autoridades de los E.UU. Pues ninguna cárcel de “máxima seguridad” es garantía para La Casa Blanca de que no podría darse otra “inesperada” fuga (o que suceda un incidente que atente contra la seguridad de Chapo y los informes sobre la complicidad de autoridades mexicanas de muy alto nivel.

Sin embargo, este anuncio sobre la captura de Guzmán Loera no le basta al gobierno para invisibilizar la desigualdad social y la carestía de la vida que los trabajadores resienten cada día; ni el descontento popular con las reformas “estructurales” del gobierno; ni el rechazo a la militarización y los feminicidios; ni el ataque a los y las trabajadoras de las maquiladoras en el norte del país.






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