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Claudia Sheinbaum: del CEU y la academia a los altos círculos de poder

Si se habla de sucesión presidencial, uno de los nombres que resaltan es el de Claudia Sheimbaun, cercana a López Obrador desde la primera vez que se postuló como presidente. La Jefa de Gobierno ascendió a saltos los peldaños del poder.

Oscar Castillo

Martes 5 de abril
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¿Cuál es el origen de esta funcionaria que tiene a cuestas una importante trayectoria académica con posgrados, publicaciones y reconocimientos? Claudia no fue sacada de los cubículos para entrar a la función pública; desde joven, como estudiante participó de forma activa en la vida política de la UNAM. Esto le abrió las puertas para acceder a las alturas de la academia y del poder.

CEU 86-87

Todo comenzó en abril de 1986, cuando el rector de la UNAM, Jorge Carpizo, publicó un documento en el cual anunciaba una reforma universitaria que modificaba los criterios de ingreso y permanencia a la “máxima casa de estudios” y pretendía imponer un esquema de cuotas semestrales que liquidaba la gratuidad de la institución.

Como respuesta a esto surgió un descontento de la comunidad universitaria que rápidamente fue controlado por una pequeña dirección que terminó sesionando a puerta cerrada para imponer el rumbo que tomaría el movimiento. La organización de los estudiantes se aglutinó en lo que se llamó el Consejo Estudiantil Universitario (CEU), el cual fue dirigido y controlado por una élite integrada por tres Consejeros Universitarios y su círculo cercano, en el cual se encontraba Claudia Sheinbaum.

Los consejeros eran Imanol Ordorika, Antonio Santos y Carlos Imaz. Este grupo controló el curso del movimiento, se atribuía la interlocución directa al ser los representantes únicos, ya que no había rotatividad de los delegados en las asambleas, lo cual permitió que la rectoría tuviera línea directa con este grupo y negociara de forma directa con ellos.

El control que tenía esta élite sobre el movimiento era tal que el 16 de febrero, la rectoría entregó en una cita privada la respuesta a sus demandas. A media noche, en una hoja mecanografiada sin membrete ni firma, Antonio Santos recibió en la oscuridad de la explanada de rectoría el papel que determinó el fin de la huelga.

Los representantes del CEU sesionaron a puerta cerrada esa madrugada y con base en el documento enviado por las autoridades decidieron levantar la huelga a espaldas de las asambleas. Al medio día del 17 de febrero de 1987, la dirección del CEU entregó la mayoría de los planteles. La entonces ENEP Zaragoza desconoció los acuerdos de los consejeros y mantuvo el paro unos días más.

El Congreso Universitario que se pactó entre el CEU y las autoridades universitarias se realizó tres años después de la huelga, en 1990. En ese periodo de tiempo muchos de los estudiantes que habían participado de forma activa en el movimiento ya habían salido de la escuela y muchos otros más habían regresado a la cotidianeidad olvidándose del “cochupo“ entre el CEU y la rectoría, lo que permitió que el CEU ocupara los espacios de representación estudiantil en dicho congreso.

Una camada reformista

El CEU fue dirigido por una camada de jóvenes reformistas que no perdieron la oportunidad de acercarse a los grupos del poder académico y político, utilizaron las demandas de la comunidad como trampolín, saltaron a los posgrados, a los curules, a las campañas políticas, a la fundación del PRD; se convirtieron en autoridades académicas y en funcionarios públicos, cobraron cientos de miles de pesos por medio de las becas o por medio de la dieta. Siempre con el discurso de la apertura democrática.

El CEU permaneció como grupo político en la UNAM y se convirtió en el bastión de las juventudes del PRD, atribuyéndose el papel de interlocutor de los estudiantes con las autoridades universitarias, hasta que, diez años después, el democrático y radical movimiento del CGH logró sacudirse el lastre del CEU e impuso la organización para luchar por la gratuidad de la educación por medio de asambleas con delegados rotativos y revocables, sin interlocutores únicos.

Claudia en el gobierno

Claudia Sheinbaum, después de la huelga del 87, se dedicó a la academia, especializándose en medio ambiente. Se integró en el año 2000 al gobierno de López Obrador al frente de la Secretaría del Medio Ambiente del Distrito Federal.

En el 2006 es nombrada vocera de la campaña presidencial de López Obrador, en el 2015 es electa delegada de Tlalpan representando a MORENA, 11 años después de que su exesposo renunció a dicho cargo debido al escándalo que desató la publicación del video en donde se ve a Carlos Imaz recibiendo más de cien mil pesos en efectivo de manos de Carlos Ahumada.

Durante su gestión, Sheinbaum tuvo que lidiar con las consecuencias del devastador sismo de 2017 y estuvo al centro de los reflectores, ya que en particular una de las zonas de desastre fue el Colegio Enrique Rébsamen, el cual, como ya hemos explicado desde este diario, tuvo detrás una red de corrupción en la cual la entonces alcaldesa tlalpeña fue cómplice al avalar inspecciones anuales de protección civil que aseguraban que el colegio estaba en perfectas condiciones estructurales para operar. Una negligencia que le costó la vida a varias maestras, intendentes y, por supuesto, niños, quienes quedaron sepultados bajo los escombros.

Jefa de gobierno

Con una imagen política muy cuidada, alejada de los escándalos, Sheinbaum aprovechó la marea guinda y se convirtió en la primer mujer electa Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, generando una expectativa que gradualmente se convertiría en desilusión para muchos.

Como lo aprendió en la juventud, intentó gobernar desde arriba, en las cúpulas, con los programas de asistencia por delante, pero sin escuchar las necesidades de los sectores más vulnerables, sólo con oídos para los allegados, para las élites. De esa forma perdió en las elecciones del año pasado la mitad de las alcaldías ante la oposición.

Del mismo modo ha hecho oídos sordos ante las demandas de los trabajadores de cultura que han exigido y se han movilizado por mejores condiciones laborales. Claudia lanzó el programa Pilares como una de las grandes apuestas de su gobierno para el fomento a la cultura y al deporte, un programa ambicioso que reclutó a miles de jóvenes como profesores, instructores o difusores culturales sin reconocerlos como sus trabajadores; la trampa está en llamarlos becarios cuando claramente hay una relación laboral de por medio.

Estas personas que no tienen vacaciones pagadas, contrato colectivo, ni seguridad de su permanencia, son utilizadas como instrumentos de difusión de los programas gubernamentales y descartadas a capricho del presupuesto; este año hubo una oleada de despidos debido al recorte presupuestal a la cultura. La Jefa de Gobierno no tiene interés en voltear a ver y escuchar a la gente que se manifiesta y organiza con la intención de mantener su trabajo y que este sea reconocido y retribuido con un salario que le permita pagar las cuentas del día a día.

Sheinbaum anunció como una de las primeras medidas de su gobierno la desaparición del cuerpo de granaderos, pero una persona intolerante a la oposición no puede prescindir de los toletes y los escudos para aparentar estabilidad. Ya sea el movimiento de mujeres, las familias de los desaparecidos, organizaciones de campesinos o trabajadores de cultura han tenido que enfrentar el acoso de la policía en su esfuerzo por hacer que sus demandas se escuchen.


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