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Conferencia política de la CUP: olvidar el pasado para un futuro con ERC y Junts

La formación anticapitalista realizó este miércoles su conferencia política donde los oradores Dolors Sabater, Carles Riera y Laia Estrada hicieron públicas las líneas centrales de su negociación con Esquerra y Junts y los objetivos para la próxima legislatura. Todo esto frente Pere Aragonès y Marta Vilalta (ERC) y Josep Rius (Junts).

Ivan Vela

@Ivan_Borvba

Verónica Landa

Barcelona | @lierolaliero

Domingo 21 de marzo | 09:04

Cuarenta y seis minutos y cuatro segundos es lo que duró la conferencia política de las CUP y lo que necesitó la candidatura de la izquierda independentista para dejar nuevamente claro que, en palabras del diputado Carles Riera, el objetivo para los próximos cuatro años es trabajar en un “consenso amplio” y un “acuerdo estratégico” con Esquerra y Junts.

Pasan los días, las entrevistas, las tertulias televisivas y los actos políticos y todos ellos solo sirven para certificar el giro a la moderación de la CUP que su programa político definió en verano del 2020.

Durante esta conferencia política tomaron la palabra Dolors Sabater, Carles Riera y Laia Estrada y lo hicieron delante de un público especial y que deja un mensaje político claro. En la sala se encontraba Pere Aragonès, que sigue trabajando para alcanzar acuerdos para ser investido, además de Marta Vilalta (Esquerra) y Josep Rius (JuntsxCat) como parte de la mesa negociadora.

Desde un primer momento se escenificó el tono conciliador que la CUP quieren mantener con los que aspiran a construir alianzas nada más y nada menos que estratégicas. La propia Sabaterr aseguraba en su primera intervención que si bien hay “varios aspectos que nos incomodan como Ferrovial, el BCN World, la Llei Aragonès, la actuación de los mossos” para proseguir con la afirmación “pero nosotros queremos salir de aquí, no queremos mirar al pasado”.

Un mensaje al que cuesta encontrar calificativo, que blanquea ya no solo años y décadas de recortes y privatizaciones del sector público que ambas formaciones llevan a sus espaldas, si no la reciente gestión criminal de la pandemia que nada en absoluto tiene que envidiar a la realizada en Madrid por Ayuso. Si no que cuenten los pagos de Torra realizados a la sanidad privada por cada paciente en UCI mientras la sanidad pública se ahoga en cada ola de contagios producto de los recortes.

La formación anticapitalista viene definiendo tres grandes ejes en la negociación y que volvieron a estar sobre la mesa: “derechos sociales, amnistía e independencia”. Pero la verdad, si no fuera por el ejercicio de amnesia política que lleva adelante las CUP, resultaría a todas luces imposible avanzar lo más mínimo en ninguno de esos tres objetivos con los socios propuestos.

No hay derechos sociales que valgan con el neoliberal Pere Aragonès que año y medio atrás intentó dar la penúltima estocada a los servicios públicos y que paradójicamente la CUP denunció en las calles. No hay tampoco un punto de encuentro posible con el heredero de CiU y principal ejecutor de los recortes en sanidad y de construir un sistema educativo al servicio del sector privado y concertado, mayoritariamente bajo gestión religiosa.

Laia Estrada apuntaba en su intervención que esos avances sociales tenían como objetivo que esta crisis no la pagaran los más desfavorecidos, como sucedió en 2008. ¿Pero cómo se materializa esto? Habla de “desposeer” a los más ricos, a quienes durante la crisis pandémica “acumularon”. ¿Pero qué quiere decir? Entendemos que una forma sería establecer un mayor peso impositivo a las altas rentas, pero claro, se encontraría con el ‘no’ de Junts, que ya en 2019 se opuso al pacto de ERC y Comuns para un aumento de los impuestos para las rentas superiores de 90.000 euros aunque acabara apoyando “por responsabilidad”.

Es difícil pensar en medidas en defensa de los derechos sociales y laborales de la mano de ERC y Junts. De hecho la formación de Laura Borràs se refiere a los cambios que pueda sufrir la Reforma Laboral como “modificaciones”, entendiendo que en 2012 la apoyaron con todas las de la Ley y también a sus socios de la patronal catalana les ha ido genial para precarizar cada vez más los puestos de trabajo.

Pero nada de esto pudo decir y poner sobre la mesa Estrada delante de sus interlocutores, porque se buscan “amplios consensos”, como bien definió posteriormente Carles Riera. Y es que precisamente fue el diputado del Parlament durante la última legislatura quién definió mejor el proyecto político de su candidatura. “Es una propuesta de sentido común, de grandes consensos” dijo. Y es así, francamente: un programa político que encaje en el sentido común de ERC y Junts.

También en la política por el derecho a decidir y en la cuestión represiva se aprovechó la conferencia política para limpiar el currículum de ambas formaciones, o como mucho, lamentar la situación existente. Pero más bien como hechos desafortunados y no como decisiones políticas de ERC y Junts destinadas a agradar o calmar al Estado español.

Y es que si algo fue común durante todo el acto es que no hubo crítica directa al Govern y su gestión política, como si no hubieran tenido la máxima responsabilidad en los diferentes asuntos que se fueron tratando.

Sabater afirmó que no había “la más mínima” posibilidad de entendimiento con el Estado, mientras Estrada apuntaba a la necesidad de una “confrontación democrática” con el Régimen y Riera aseguraba que para los objetivos del pueblo catalán hay que ir más allá de “la constitución y del Estatut”.

Pero ¿qué tienen que decir sus interlocutores y cuál es su hoja de servicio? Lo cierto es que desde el 3 de octubre del 2017 solo se vienen acelerando los pasos para una vuelta al autonomismo lo menos dramática posible. Y esto no es por falta de “unidad” y “disputas partidistas”, como volvieron a recriminar los tres ponentes, sino que se enmarca en la estrategia de ERC y Junts. Ambas formaciones son sabedoras que para enfrentar un proceso de independencia contra un Estado imperialista como el español hay que poner en marcha fuerzas materiales, la de la clase trabajadora concretamente, que pelearían por muchas más demandas que su derecho democro de autodeterminación y que pondrían en serio peligro sus intereses, beneficios y patrimonios.

Riera aseguraba que la “mesa de negociación que importa no es la que está en Madrid, es la que tenemos aquí”. Y no se equivoca Riera en la primera parte de su afirmación. El PSOE no va a negociar lo más mínimo con ERC en lo que al derecho a decidir se refiere. Pero la misma conclusión podría aplicarse él y la CUP: ERC y Junts no van a negociar nada que suponga un enfrentamiento serio contra el Estado.

Y es que no solo no han activado ni llevado adelante ni una sola política, -¡ni una en los últimos 3 años!- en esa dirección, sino que además han ejecutado la represión contra el movimiento independentista.

Solo hace falta recordar la represión durante los juicios del procés o las más de cuarenta causas donde la Generalitat se persona como acusación particular contra los y las activistas. ¿Cómo se puede reclamar amnistía para los presos políticos a Moncloa mientras construyen alianzas contra los carceleros aquí de activistas y militantes?

En definitiva, durante esos más de cuarenta y cinco minutos de conferencia política se lanzaron infinidad de exigencias, ¿pero a quién? a los representantes de la burguesía y pequeña burguesía catalana.

Aunque se intentó hacer un esfuerzo colosal de olvido, ERC y Junts tienen bien clara su estrategia -y bien definido su ADN político-, tanto en derechos sociales, laborales, como respecto a la amnistía y la independencia. Y no es una estrategia que se modifique al calor de las circunstancias puntuales, sino que está marcada por su naturaleza y definida por los intereses de la clase a la que sirven.






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